autorespeto
Hace unas semanas que en diferentes situaciones y ante gente distinta se plantea el tema de soltar a aquellas personas que no nos dejan ir para adelante o que nos dificultan ese fluir diario. El tema, sobre todo se me ha planteado en aquellos casos en que esas personas, “supuestamente” deberían sí o sí permanecer siempre en nuestras vidas y además hacerlo siempre sumando, ¿Qué casos son esos? Aquellos en los que se trata de familiares o personas que durante mucho tiempo fueron muy significativas en nuestra vida, bien por la relación que mantuvimos con ellas o por el rol que desempeñan, por su posición.
Sobre todo en los casos de familiares, soltar resulta muy complicado para aquellas personas que se hacen conscientes de que esa compañía no les hace bien en su vida. Todos pensamos que alejarnos de una madre, un padre, unos hermanos, unos tíos o cualquier otro familiar es casi como anti natural, y sí, parece que en principio con esas personas deberíamos no sólo estar manteniendo una buena relación sino además poder mantenerla siempre.
Sí, eso en principio debería ser lo que ocurriese, o al menos eso nos han contado o hecho creer, pero lo cierto es que: “Bienvenido a la vida adulta, las cosas no siempre son como te gustaría que fuesen”, hay personas que por muy padres, madres, hermanos, hijos, tíos, primos, amigos o lo que sea que sean, no son ni buenas personas ni mucho menos buenas compañías. Cuesta soltar aquello que nos dicen que no debemos soltar o aquello que de alguna forma sentimos que está unido a nosotros, pero ¿Quién decide eso en nuestra vida? ¿Quién decide de quién nos rodeamos y con quién queremos dedicar nuestro escaso tiempo en este viaje?
Hace no mucho fui a la boda de una de mis mejores amigas y allí, sólo habían seres queridos, nadie invitado por compromiso, la anterior a la que había ido estaba llena de personas que no sabían qué hacían allí, yo era una de ellas, después de aquel día, decidí que nunca más iré a un evento así al que no quiera ir y no solamente eso, sino que a mis eventos, no vendría nadie que yo no quisiese que viniese de verdad. ¿Por qué digo esto? Porque forma parte de una de las conversaciones que me ha hecho plantearme este artículo, si mañana te casases ¿querrías verdaderamente invitar a todos tus familiares o a todos tus supuestos amigos? Si la respuesta es no, pregúntate por qué no lo harías, qué hace que no sientas ese vínculo, quién es el responsable de que no exista o de que no se mantenga, quién es el responsable de que no cambie, si verdaderamente te importa que ese vínculo exista y qué has hecho tú por hacer que aporte y sume. Si crees que no te nace, que no te suman, que no te aportan nada bueno ¿Deberías invitarles? ¿Por qué? ¿Para qué?
Hay veces en las que uno trata de mantener un vínculo, muestra interés sano, trata de cuidar y mejorar una relación, se interesa por ella y por hacer que prospere, pero que uno se esfuerce mucho en que eso ocurra no garantiza nada. En ocasiones la otra parte no comparte en ningún caso ese interés contigo y por lo tanto esa relación al final sólo se mantiene por compromiso, porque se da por hecho que así debe ser aunque la realidad es que a ninguno de los dos les proporciona ninguna satisfacción dedicar ese tiempo al otro, cuando en verdad ambos se sentirían más aliviados deshaciéndose de esa carga que implica el mantener de algún modo ese vínculo.
Si somos conscientes de que nuestra vida es finita, que es nuestra y que podemos elegir con quién compartirla ¿por qué malgastamos tiempo con personas que no nos aportan nada y que no muestran ningún interés real por nosotros? ¿Para qué?
Una cosa muy triste en la vida es esperar eternamente esos gestos de amor de quién crees que debería sentirlos por ti y mostrártelos. La realidad es que en ocasiones esa persona no los siente por ti, porque no quiere, porque no tiene interés o porque no sabe, no me importa, al final es lo mismo, tú esperas y esperas y nada cambia ni llega nunca. Esa sensación de no entender por qué no nos quieren más o mejor cuando así “entendemos” que debería ser, esa sensación de estar eternamente a la espera nos posiciona en un lugar nada agradable que nos va minando y entristeciendo, que nos hace víctimas y nos invita a creer que tenemos que resignarnos y aceptar que esa debe ser la relación ¿Quién dice eso? ¿Por qué no podemos elegir decirle: ¡Adiós! No me haces bien, no vas a hacerlo porque ni sabes ni quieres y yo a mí mismo me quiero regalar lo mejor ¿Por qué tenemos que mantener relaciones que nos hacen entristecer porque supuestamente deberían sumarnos? ¿Por qué tenemos que compartir tiempo con personas que no nos quieren y a las que en realidad nosotros tampoco queremos o sí, las queremos, pero a costa de querernos mal a nosotros mismos?
¿Es difícil soltar? Bueno, la respuesta depende de cada uno, piensa: ¿cuánto de difícil te resulta mantener esa relación y estar siempre a la espera o en discusiones y decepciones constantes? ¿Para ti tiene más sentido soltar la relación y liberarte de esa carga sobrante o mantener la relación aceptando esos pesos? En base a hacia dónde se decline más la respuesta a tu pregunta costará más o menos entender por qué difícil o no, tenemos que tomar una decisión y llevarla a cabo.
Yo lo tengo claro y creerme si digo que sé de lo que hablo, en la vida, en este corto viaje, lo más importante somos uno mismo, nuestra paz y felicidad y poder compartir nuestra vida con esas personas a las que queremos, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Elígete a ti por encima de cualquier “supuesto compromiso”, no le des el poder a nadie de amargar tus días, y mucho menos a alguien a quién en realidad no le importas o no te importa a ti, con el tiempo te lamentarás de ello, no vale la pena.
La vida es nuestra, es vivirla, sentirla, reírla, amarla, compartirla, disfrutarla, aceptarla con lo bueno y lo mano, lo duro y lo fácil, no seamos los encargados de complicarla de más. Quiérete y quiérela, si te cuidas estarás cuidando todo lo que de verdad te importa. Suelta todo aquello que te impide fluir, toma sabias decisiones escuchando tu corazón y no las voces de los “debería”.
Una de las áreas que más nos cuesta gestionar en la comunicación interpersonal, es la de expresar emociones negativas, comunicar aquello que nos desagrada con respeto, a menudo se convierte en una gran dificultad que conlleva muchos problemas en la relación, y también con uno mismo.
Aunque todos creemos saber comunicar, expresar sentimientos negativos es una difícil habilidad de comunicación. Los sentimientos negativos incluyen: enfado, decepción, irritación, rabia, tristeza, ansiedad, malestar, o frustración. Los psicólogos, los llamamos sentimientos negativos no porque intrínsecamente sean perjudiciales, sino por su asociación coloquial de emociones desagradables.
Hay que recalcar, que los sentimientos negativas son tan importantes y naturales en una pareja como los sentimientos positivos, forman parte de la vida, y por lo tanto no están excluíos en la pareja, cuando surjan, hay que darles el valor que tienen, ni más ni menos, el suyo, pero claro, todo lo mejor posible.
Ya sea en pareja, en amigos, en familia o en cualquier otro contexto social, nos encontramos ante grandes dificultades para hacer llegar el mensaje sin convertirlo en un reproche o en una culpa, a menudo nos dejamos llevar por la emoción y actuamos de forma impulsiva, lo que nos lleva posteriormente, a nuevas emociones negativas, algunas de ellas son: vergüenza, arrepentimiento o tristeza.
Lo cierto es que como decía un profesor mío: «la discusión crea la comunicación«, es necesario expresar aquello que nos desagrada, sobre todo si el hecho de no hacerlo, conllevará un problema en la relación.
¿Qué vemos a menudo en consulta?
Vemos parejas, que o no comunican lo que les molesta a la otra parte, o bien lo expresan mediante constantes acusaciones buscando un culpable desde la posición de víctima, o bien lo dicen atacando. Sin duda, a ésto no se refería mi profesor, eso no es comunicación, son más bien monólogos agresivos que en algunos momentos respetan el turno de palabra. Cuando expresamos esos menajes, ¿cuál es nuestro propósito? ¿qué queremos conseguir?, imagino que hacérselo saber al otro y mejorar o cambiar la situación ¿verdad? Bien, para poder lograr un cambio, siempre es mejor expresar esos sentimientos negativos por vías que provoquen cambios constructivos en la relación de pareja.
No saber comunicarnos con nuestra pareja, suele llevarnos a mayores discusiones, a eternas peleas y a nuevos problemas, multiplicamos las acusaciones y al final el resultado es que no resolvemos nada, y empeoramos la calidad de la relación llegando incluso a propiciar una posible ruptura. Comunicar sentimientos negativos no es comenzar una batalla por desprenderse de la culpa, al contrario, se trata de resolver.
Como ya he dicho, nos cuesta expresar lo que no nos gusta, y aunque en consulta lo vemos en todos los contextos, en el que más se repite es en el de la pareja, encontramos muchas parejas que gestionan mal la comunicación negativa, y que debido a ello acuden a consulta desbordados y con un estado de ánimo muy negativo.
La distinción entre una expresión directa y constructiva de emociones negativas y una expresión perjudicial y dañina es la siguiente:
Adecuada
De forma directa
Confesando los sentimientos propios
Aplazando el mensaje hasta que estemos más tranquilos
Expresándolos en el momento que ocurre el problema
Expresándolos de forma asertiva
Describiendo la conducta del otro
Inadecuada
De forma indirecta
Acusando a la otra persona de algo
De forma espontánea, impulsiva
Guardándolos, acumulando carga
Expresándolos de malas formas o agresivamente
Interpretando las motivaciones del otro para hacer determinada conducta
Ejemplos:
– La música tan alta me molesta en los oídos, por favor, bájala.
¿No crees que la música está muy alta?
– Me da miedo cuando conduces tan deprisa. ¿podrías ir más despacio?
¿Por qué corres tanto?
– Levantarme la voz y amenazarme sólo hace que enfurezca y entristezca. No puedo decir nada cuando me siento así.
¡Eres un violento, cascarrabias y quejica, te pareces a tu padre!
Tomémonos 10 minutos para calmarnos y luego hablamos.
-Cuando llevas esa ropa tan vieja con amigos, hace que yo mismo me sienta mal. me sentiría mejor si comprases ropa nueva.
¿Por qué siempre te vistes como un pordiosero?
La fórmula para expresar sentimientos negativos incluye tres pasos:
- Expresar la conducta del otro que ha causado sentimientos negativos.
- Describir y confesar los sentimientos negativos.
- Hacer una petición que pueda mejorar la situación y tus sentimientos pidiéndole al otro:
- cambiar palabras o conductas en el presente o en el futuro.
- ayuda para resolver el problema.
- tiempo para llegar a un consenso, compromiso o clarificación.
Cuando uno de los miembros de la pareja tiene un tema que es importante para él/ella pero que no se resuelve en la comunicación, reaparecerá una y otra vez, y cada vez generará mayor hostilidad, malestar y desunión en la pareja.
Vuelvo a recordar que una pareja es una elección personal, nadie nos obliga a tenerla, pero si la tenemos, hemos de ser conscientes del compromiso que hemos adquirido y trabajar porque prospere y que nos compense estar en ella. ¿Empezamos por aprender a comunicar y resolver problemas? ¡Ánimo! ¡Se puede!
En el mundo moderno, la calidad de vida es la calidad de la comunicación. Tonny Robins
La comunicación funciona para los que trabajan en ella. John Powell
La autoestima es la visión íntima que tenemos de nosotros mismos es una experiencia íntima que compone lo que yo pienso y siento de mí mismo, no lo que otros piensen y sientan sobre mí. La autoestima es la evaluación que hago yo de mí mismo, en qué grado estoy de acuerdo con respecto a mi autoconcepto.
La autoestima está formada por dos piezas:
– Un sentimiento de capacidad personal y
– un sentimiento de valía personal.
La autoestima es la suma de la confianza y el respeto por uno mismo. Para que tenga lugar, lo esencial son las acciones que realizamos en el día a día, tanto las mentales como las físicas, en función de ellas, promovemos o deterioramos nuestra autoestima.
Lo cierto es, que lo que hacemos o pensamos ente los acontecimientos que vivimos depende en gran medida de quién y qué pensamos que somos. Nuestras elecciones y decisiones desempeñan un papel crucial en el nivel de autoestima que a la larga desarrollaremos.
La autoestima es siempre una cuestión de grado, nadie carece por completo de autoestima positiva, ni nadie es incapaz de desarrollar su autoestima. Ahora bien, todos entendemos que lo interesante es contar con una autoestima positiva, puesto que disponer de ella, es un requisito esencial para poder gozar de una vida plena.
En la autoestima evaluamos dos aspectos:
– La habilidad que tenemos para enfrentarnos a los desafíos de la vida (para comprender y superar los problemas) y
– El grado de derecho que tenemos para ser felices (para respetar y defender nuestros intereses y necesidades).
Tener un término medio de autoestima es fluctuar entre sentirse apto y no apto para la vida, acertado y equivocado como persona. Cuando soy incoherente en cuanto a mi conducta, y a veces me cuido y me valoro y otras veces no, a lo que contribuyo es a reforzar mi inseguridad.
Cuanta más alta sea nuestra estima, más alegría experimentaremos por el solo hecho de ser, de despertarnos por la mañana, de vivir…
Cualquiera que haya sido nuestra educación, ya de adultos la cuestión de la autoestima está en nuestras manos. Nadie puede respirar por nosotros, pensar por nosotros, decidir por nosotros, sentir por nosotros, ni imponernos el amor por nosotros. Uno mismo es el responsable de cuidar y fomentar su autoestima positiva independientemente de lo que ocurra a su alrededor.
Puedo ser amado por todos menos por mí mismo. Puedo dar a entender seguridad en mí mismo a los otros y no sentirla cuando estoy en soledad. Puedo satisfacer las expectativas de los demás y no las mías, por poder puedo muchas cosas, ahora bien, lo interesante sería plantearse: ¿con qué fin no me cuido?, ¿con qué fin hago caso a las demandas y a las necesidades de los demás y no a las mías?
Una pareja, un reconocimiento laboral, o de nuestros amigos, un estatus económico, un buen aspecto físico, etc., no generará nuestra autoestima, sí que es cierto que pueden hacernos sentir mejor con respecto a nosotros mismos durante un tiempo, o más cómodos en determinadas situaciones, pero la realidad es que la comodidad no es la autoestima, son cosas distintas.
La mayoría de las personas buscan la autoconfianza y el autorespeto en todas partes menos en sí mismas, y de este modo, fracasan en su búsqueda. Si tenemos en cuenta que la búsqueda es irracional, el anhelo “por algo más” existirá siempre, y por lo tanto: ¿si jamás cubrimos nuestras necesidades cuándo nos sentiremos realmente felices y plenos?
Hay que tener en cuenta que la verdadera naturaleza de la autoestima no es competitiva ni comparativa, no se trata de lo que yo tengo en mayor o menor medida en comparación con los otros, se trata de cómo me siento yo conmigo mismo, independientemente de los otros.

Una de las características más significativas de una autoestima sana es disponer de un estado en el que no sienta que estoy en guerra ni conmigo mismo ni con los demás, sentirme en paz con lo que pienso y hago.
Idealmente, todo el mundo debería disfrutar de un alto nivel de autoestima que le permitiese disfrutar de la vida y sentirse feliz, pero por desgracia esa no es la realidad, existen muchas personas que cuentan con sentimientos de inutilidad, inseguridad, dudas sobre ellas mismas, culpa y miedo a participar activamente en la vida, no siempre esos sentimientos se reconocen y admiten fácilmente, pero en muchos casos están presentes y causan en las personas un sentimiento de malestar, insatisfacción y tristeza que les condiciona en su día a día.
Todos hemos pasado por momentos en los que nos hemos sentido mejor y/o peor con respecto a nosotros mismos y nos hemos dejado llevar por el malestar o la inercia que de él se deriva, hemos sido más o menos conscientes de que con las conductas que escogíamos no nos estábamos ayudando, pero, lo cierto es que la autoestima va construyéndose con el tiempo, y hemos de tratar de cultivarla para garantizarnos una autoestima positiva, si lo hacemos, nos estaremos responsabilizando de nosotros mismos, y eso hará que la aumentemos.
Todos nos merecemos tener una autoestima sana y una vida plena, todos, pero hemos de ser conscientes de que es un trabajo, a veces no tenemos ganas de luchar contra las adversidades y nos dejamos llevar, pero hemos de recordar que nadie puede salvarnos, nosotros somos los responsables de nuestra vida y de nuestro bienestar.
¡A por ella!
(Este es el primero de los artículos de autoestima para el blog, empecemos por definirla, otro día más aspectos relacionados con ella)
Cuánto de importante es cuidarse a uno mismo, y cuántas veces lo descuidamos.
Cuidarse a uno mismo no tiene por qué ser muy difícil, puede ser mimarse, tener en cuenta nuestros deseos y nuestros sueños, hacer cosas para lograr que nuestros objetivos se cumplan, automotivarnos, tener una buena mente interna (hablarnos bien), pensar en las consecuencias de nuestros actos antes de emprenderlos, pasear y llenarnos de aire y sol, escuchar música que nos guste y quizás bailarla, estar con amigos, cocinar y comer sano, abrazar, besar y acariciar a quienes queremos, compartir tiempo en familia, darnos un baño o una buena ducha, escuchar a los demás, pedir consejo si lo necesitamos, estar en silencio y disfrutar, dormir, cantar, caminar, ir en bici, ver el mar, ver una buena película, leer un buen libro, reír, etc.
Existen infinidad de cosas para hacer por nosotros mismos que nos ayudarán a sentirnos mejor, éstas son algunas de ellas para mí.
¿Para tí cuáles son, te lo has planteado?
¿Cuántas veces al día o a la semana las practicas? ¿cuánto tiempo les dedicas?
Cuidarnos a nosotros mismos es una prioridad, no lo olvidemos.






