Mireia Montaña Queralt

Psicóloga clínica e integradora social · Fundadora de Queralt Psicología

Mireia Montaña Queralt, psicóloga del centro Queralt en Valencia

«A veces, en la vida hay que tener la calma del mar pero la fuerza de sus olas»

Mi historia

Soy psicóloga clínica e integradora social y, desde 2014, tengo la suerte de dedicarme a aquello que descubrí que quería ser desde muy joven: acompañar a las personas cuando, por diferentes circunstancias, han perdido un poco la calma y necesitan encontrar de nuevo su camino.

Descubrí mi vocación durante la adolescencia, cuando yo misma necesité acudir a una psicóloga. Aquella experiencia me enseñó algo que, con los años, se ha convertido en una de las ideas que más me acompañan en consulta: incluso cuando no vemos la salida, siempre puede existir un punto desde el que empezar a cambiar las cosas.

Desde pequeña me han interesado profundamente las personas: sus historias, sus vínculos, sus emociones y la manera en que afrontamos lo que nos sucede. Mi abuela Carmen tuvo mucho que ver en ello. Ella me enseñó, sobre todo con su manera de estar en el mundo, la importancia de mirar al otro, de escuchar y de estar presente cuando alguien lo necesita.

La psicología reunía muchas de las cosas que me apasionaban, así que decidí estudiarla en profundidad, primero con la licenciatura y posteriormente con el máster en Psicología Clínica. Elegí este camino porque descubrí que no podía imaginarme haciendo otra cosa que acompañar a las personas a comprender lo que les ocurre y encontrar herramientas para volver a sentirse en paz.

Antes de dedicarme exclusivamente a la atención de adultos, trabajé durante muchos años con niños y adolescentes, de 0 a 16 años, como integradora social y psicóloga, especialmente con niños y niñas refugiados. Fue una etapa que me enseñó muchísimo sobre la capacidad de las personas para adaptarse, sobre la importancia de los vínculos y sobre algo que sigo viendo cada día en consulta: la posibilidad de encontrar luz incluso en momentos muy difíciles.

En 2014 decidí emprender y crear Queralt Psicología, un proyecto que con el tiempo se ha convertido en mucho más que un lugar de trabajo. Es el espacio desde el que acompaño actualmente a adultos que atraviesan diferentes momentos de dificultad: ansiedad, problemas en sus relaciones, procesos de cambio, pérdidas, inseguridades o simplemente etapas en las que sienten que han dejado de reconocerse.

Cuando una persona llega a consulta, para mí es importante que pueda sentirse cómoda, escuchada y tratada de igual a igual. No creo que la terapia tenga que ser un espacio frío ni distante. En Queralt intento que encuentres un lugar en el que puedas hablar con naturalidad, incluso de aquello que nunca antes te has atrevido a contar.

Mi manera de trabajar parte de la cercanía y la empatía, pero también del rigor y de la psicología basada en la evidencia. No se trata únicamente de sentirse escuchado, sino de comprender qué está ocurriendo y aprender, poco a poco, a afrontarlo de una manera diferente.

Si has perdido la paz, si sientes que llevas demasiado tiempo intentando resolver algo por tu cuenta o simplemente no sabes por dónde empezar, pedir ayuda puede ser precisamente ese primer paso.

Diría que he sido y hoy soy la misma persona en dos momentos de una historia: la adolescente que descubrió que las cosas podían cambiar y la psicóloga que hoy acompaña a otras personas a descubrirlo también.

Y esa sigue siendo, probablemente, una de las razones por las que me gusta tanto mi profesión.

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