Abre las ventanas, que salga el miedo

El ser humano tiene y construye miedos constantemente, desde pequeños nos enseñan que ésto o aquello da miedo, que ésto o aquello lo debes evitar, que es peligroso. Nos enseñan a evitar lo que puede dar miedo, y de mayores, ese aprendizaje nos acompaña en nuestro día a día.

Como hemos dicho, evitar sería nuestra primera respuesta, la innato, lo que se ha aprendido, lo que se nos ha transmitido, lo que se ha hecho para para garantizar la supervivencia de la especie desde tiempo remotos.

El problema, está en que en la actualidad las personas tienden a evitar muchas situaciones que etiquetan como peligrosas, cuando realmente éstas no lo son. En un primer momento esa evitación les calma, pero a largo plazo, el no enfrentarnos a nuestros miedos, sólo contribuye a que éstos aumenten, a que cada vez nos sintamos más asfixiados, como si estuviésemos cada vez más encerrarnos en una habitación sin ventanas, sin aire.

El miedo cada vez que lo evitamos aumenta, y cuanto más miedo tenemos, más incapaces nos sentimos de ponerle solución.

Cuando uno convive con un problema que no logra solucionar y que cada vez le encierra más en sí mismo, empieza a notar afectado su estado de ánimo, cada vez  se siente más triste, ahogado, indefenso.

En esos casos, los psicólogos recomendamos acudir a un especialista de la psicología, para que nos ayude a saber cómo empezar a enfrentarnos y cómo aprender a desmentir nuestras creencias irracionales de miedo.

El miedo es natural, pero hemos de reaprender a ser realistas, a darle a cada situación la gravedad o normalidad que tiene. Hemos de ser nosotros los que elijamos, no por miedo sino por gusto, lo que queremos o no hacer en la vida.

La vida es nuestra, ayudémonos a vivirla bien y enfrentémonos a lo que nos impide vivirla a nuestro antojo.

¡Ánimo, se puede!

 

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