¿Enfadarse con cualquiera y por cualquier cosa? ¿Para qué?

By | Inteligencia emocional | No Comments

Este fin de semana tuve un encontronazo con un taxista, (quede claro que mi opinión de los taxistas es buena, como la de los demás seres humanos). Bien, yo iba conduciendo con mi moto cuando él decidió cambiar de carril hacia el mío sin más, sí, puso el intermitente, pero eso no hace que pudieses cambiar de carril sin valorar al resto de conductores, la velocidad de ellos, que si cambiaba de carril yo concretamente podía tener un accidente con él…
En el semáforo bajó la ventanilla y enfadado me empezó a culpar, “¿No has visto el intermitente? yo voy por delante de ti…. Bien, la cosa es que él estaba en su enfado y yo en mi calma de sábado por la mañana, ni por asomo le iba a permitir alterar mi calma, eso seguro. Al fin y al cabo, no sé ni su nombre, ¿para qué le voy a dar a un desconocido total el poder de alterar mi estado emocional y mi día? ¿Qué sentido tiene eso?
Le contesté automáticamente que lo sentía mucho, (vi claramente que mi intención no era tener un sábado por la mañana de discusión con un desconocido y que esa discusión con él no me iba a llevar a ningún sitio que no fuese la discusión absurda y el enfado, él quería tener la razón). 


Todo y pedirle disculpas me dijo: ¡No! Disculpas no! Es que tienes que fijarte…. Y dije: Perdóneme pero no puedo hacer más que lo que he hecho que es pedirle disculpas. La verdad es que ahí se calmó y me hizo un gesto con la mano en son de paz, el semáforo se puso en verde y yo seguí con mi sábado de relax contenta de mi respuesta y de haber priorizado mi meta por encima de la meta de un desconocido.
¿Para qué enfadarme con él? ¿Para qué alterar mi sábado?
¿Para qué enfadarme en general?
¿Qué es lo que logras después de cargar la culpa a otro?
Pocas veces nos enfadamos en el momento adecuado, con la persona adecuada y en la intensidad adecuada, en general si nos enfadamos a menudo es porque algo tenemos que resolver en nuestro interior que otros por desgracia pagan de más, (y nosotros mismos también, sin duda).
Hay que empezar a trabajar esto del enfado, el cómo gestionarlo y sobre todo es útil empezar por entender que el mayor afectado es uno mismo y que para estar contentos con nosotros mismos deberemos empezar por estar contentos también con lo que hacemos.

Si te dice que te quiere, que te diga para qué.

By | Terapia de pareja | No Comments

Siempre digo que el “para qué” es de las preguntas más importantes de la vida. En el caso de las relaciones también lo es.
En consulta insisto mucho en esto de los para qués en general y en pareja aún más. Por ejemplo, de cara a hacer una terapia de pareja es bueno saber para qué esas personas quieren estar juntas, para qué les vale la pena hacer el esfuerzo que implica trabajar en la relación. 
Esa pregunta tiene que tener una buena respuesta, de no ser así, vemos que quién no encuentra qué decir a día de hoy acerca de sus motivos, no encuentra el sentido de la permanencia de esa relación y muy probablemente su esfuerzo será en vano.


Cuando estamos en un lugar se presupone que es porque así lo elegimos, cuando escogemos compartir la vida con alguien en particular es porque nos reporta bienestar y porque nos suma. Si los motivos por los que estamos al lado de alguien en un determinado lugar no se encuentran, es mucho más probable que se abandone el esfuerzo porque no se encuentra el sentido de llevarlo a cabo.
Es buenísimo saber que nos quieren, pero es vital saber qué es lo que les merece la pena, qué es lo que les aportamos, y qué es lo que pretenden (a día de hoy), que ocurra de nosotros y con nosotros en ese viaje. Es bueno saberlo de los otros y de nosotros mismos. qué buscamos nosotros, qué encontramos ahí, por qué nos merece la pena esa compañía…
Esos motivos son lo que llenan de sentido las cosas. Así que busca tus para qués en general y también puedes pedir que te compartan los suyos.

Por no parecer desagradables se nos va llenando la vida de personas que nos sobran

By | Inteligencia emocional | No Comments

A veces nos pasa, suena un poco brusco, lo sé, pero la realidad es que ocurre más veces de las que nos gustaría.
“Es que me sabe mal”, “Es que, ¿cómo voy a decírselo?”, “Es que, ¿y si le sienta mal?”, “Es que no puedo no ir”, “Es que no puedo decir que no”, “Es que…”

Es verdad que hay veces que no nos queda más que adaptarnos a personas que no nos gustan demasiado, es verdad que a veces no podemos elegir del todo quién sí y quién no está en nuestro día a día, casos como: el jefe, el/la suegro/a, el/la cuñado/a, el/la mejor amigo/a de la pareja, el/la vecino/a, algún/a compañero/a de trabajo…, de un modo u otro, nos guste más o menos, con estas personas tendremos que aprender a convivir. (Cogido con pinzas esto que acabo de decir, porque si realmente las conductas de esas personas son terribles, no sólo visto por mi sino que es verdaderamente objetivo que su conducta es negativa, entonces quizás no hace falta en absoluto plantearse esa obligatoriedad de convivencia). 


Bien, decía… Hay personas con las que por placer o no, aprenderemos a convivir por nuestra salud mental, pero en cambio hay otras que a día de hoy su presencia en nuestra vida ha perdido todo el sentido posible para nosotros, y que a demás no sólo no nos suman sino que además nos restan totalmente. No importa cuánto de importantes fueron en el pasado, (antes, cuando eramos súper parecidos, antes, cuando no había un abismo entre ella y yo…), la cuestión es que si a día de hoy nada me uno y todo me separa, ¿por qué sigo queriendo mantenerme ahí?, ¿por qué sigo manteniendo ese contacto si cada vez que lo tengo la resaca es mayor? La pregunta del millón evidentemente es: ¿PARA QUÉ?, ¿para qué seguir priorizando a personas que hoy en día no sólo no me aportan sino que además me chupan energía o me la contaminan? ¿Para qué regalar parte de mi escaso tiempo a alguien con quien ya no me aporta compartir?
¿PARA QUÉ?

Evidentemente a nadie nos gusta que nos aparten, del mismo modo que a nadie nos gusta apartar a personas y saber que les haremos sentir mal. Pero entonces, ¿cuál es el plan? ¿las cambiamos para que nos gusten mínimamente? ¿cambiamos nosotros, nos adaptamos a ellas?

Hay que aceptar que en la vida unos te amarán por unas cosas y otros te rechazarán justo por lo mismo, no podemos gustar a todos del mismo modo que no puede gustarnos todo el mundo, y no parece tener demasiado sentido que teniendo en cuenta que la vida es limitada, prioricemos a las personas que hoy no nos aportan y vayamos por la vida como regalando tiempo porque nos sobra, lo cierto es que no vamos muy sobrados ahí, hay que ser consciente de ello.

Lo que nos hace sufrir son nuestras resistencias a la realidad

By | Aceptación | No Comments

Sufrimos cuando no aceptamos las cosas tal y como son. Sufrimos cuando nos negamos a aceptar que aunque algo no nos agrade puede ocurrir. Sufrimos cuando nos empeñamos en centrar toda nuestra atención en rechazar lo que está pasando y en dedcartar el poder entenderlo.
Sufrimos cuando nos decimos que si yo no lo entiendo entonces es que no puede ser verdad.

Sufrimos cuando entendemos que como yo no lo habría hecho así no puedo aceptarlo, cuando nos decimos que como yo lo habría querido de otro modo o lo habría gestionado completamente distinto entonces no lo acepto porque no lo entiendo.
Sufrimos cuando nos decimos y nos creemos que si algo de lo que ha ocurrido en nuestra vida no lo compartimos, entonces no lo podemos aceptar, que necesitamos pensarlo y pensarlo hasta poder llegar a entenderlo, que si no es así no podemos pasar página.
En la vida las cosas no siempre son como nos gustaría que fuesen, ni tampoco las personas, es más muchas veces las cosas que pasan a nuestro alredrdor no encajan en absoluto con nuestro ideal. Pero en cualquiera de los casos, la verdad es que siempre necesitamos lo mismo, aceptar y seguir con nuestro compromiso, seguir cuidando nos, haciendo lo que esté en nuestras manos por mejorar nuestras realidades y las de los que nos rodean y nos dan sentido; necesitamos sentir, vivir, pero en ningún caso pasar el día pensando y rechazando las cosas, culpando a los otros a nosotros mismos y/o viviendo con rencores y enfados.
La vida es vivirla y no de cualquier manera, es aceptarla y surfearla. 

Consecuencias del perfeccionismo

By | Aceptación | No Comments

El perfeccionismo en sí puede ser dos cosas: una trola que jamás alcanzaremos o la realidad que ahora mismo vivimos, de cada uno depende qué se quiere entender por perfección.
En cualquier caso, la mayoría de personas que se definen como perfeccionistas o que tienen problemas para aceptar la realidad como perfecta, son aquellas que generalmente tienen un ideal claro de cómo deberían ser las cosas, (al menos en ese momento), y si la realidad no encaja con esa pureza, entonces necesitan trabajar en ello, o hacer que otros trabajen en ello para que al final todo sea como les gustaría que fuese, o como muchos sienten o se dicen, “como necesitan que sea para poder sentirse bien”.


Las consecuencias de ese perfeccionismo no son muy buenas para las personas, normalmente lo sufren más que otra cosa.
El perfeccionismo suele funcionar como un círculo vicioso del que las personas que lo practican no saben cómo salir de él.
El proceso es el siguiente:
1- Insatisfacción con la realidad + deseo de perfección, (esto así no me gusta y por lo tanto “debería” ser de otro modo, ¿qué puedo hacer para que esto cambie?).
2-Miedo al fracaso o a fallar (¿y si no funciona?, ¿Y si no es suficiente? ¿Y si defraudo? ¿Y si se ríen de mi? ¿Y si me juzgan?…).
3- Postergación. Al final las cosas se van dejando para otro momento o incluso no se hacen. (No sé por dónde empezar, ¡qué dificil! y si…, y si… Bueno, mañana lo pienso o mañana empiezo).
4- Culpabilidad y críticas hacia uno mismo o hacia los demás (Debería haber dicho, hecho, reaccionado…).
5- Ansiedad, enfado, tristeza, desánimo. (El que la realidad no coincida con lo que yo querría y el no encontrar el modo para lograrlo genera emoción negativa en uno).
6- Disminuyen nuestros niveles de autoestima. (No nos sentimos tan capaces de lograr nuestras metas).
7- Aumenta nuestro miedo a equivocarnos. (Como no lo resuelva otro problema más que tendré, pero ¿Cómo lo hago?, no sé hacerlo…).
8- Volvemos a culparnos, ahora más duramente.(Si es que… ya debería, pero soy lo peor, no soy capaz, no soy constante, no tengo personalidad…).
1, 2, 3, 4…. En círculo.
Cuando hacemos esto lo que está claro es que perdemos tiempo, nos enfadamos y entristecemos porque somos muchas veces conscientes de que esa perfección no es necesaria, somos poco efectivos y cada vez toleramos menos el malestar, las diferencias y los fallos, tanto los nuestros como los de los otros. No logramos nuestras metas del día a día y por lo tanto aumentan nuestros sentimientos de frustración.
Cuando nos definimos como perfeccionistas normalmente nos marcamos muy a menudo metas inalcanzables, no nos planteamos si podremos o no lograrlas, si son o no realistas, sólo nos las planteamos y luego al ver que no podemos cumplirlas nos afecta y nos sentimos poco capaces.
¿Qué debería verdaderamente cambiar en tu vida para que ya fuese perfecta?
Hay que tener en cuenta que una vida puede ser perfecta teniendo cosas que no nos agradan, del mismo modo que una persona puede ser perfecta teniendo defectos. La ausencia de malestar no es igual a perfección.

Consecuencias de no saber decir “no”

By | Autoestima, Inteligencia emocional | No Comments

Es verdad que cuando no decimos que no, cuando no decimos que no estamos de acuerdo o cuando no hacemos algo distinto de lo que se espera de nosotros y todo nuestro entorno está en calma, para nosotros eso supone un alivio.
Es cierto que a corto plazo ese callar o ceder nos resulta beneficioso, ahora bien, ¿Qué pasa a largo plazo cuando no somos asertivos? ¿Qué pasa cuando no ejercemos nuestro derecho a decir no?


– La primera y más importante de las consecuencias de no expresar lo que sentimos, pensamos o deseamos es que afecta a nuestra autoestima, se resiente. De primeras no nos tenemos en cuenta, no nos priorizamos y lo sabemos. Además de afectar a nuestra autoestima también sufrimos otras consecuencias:
Aumenta nuestro sentimiento de inferioridad, nos creemos cosas como que somos menos capaces.
Aumenta la probabilidad de que de pronto estallemos por acumulación y tengamos una reacción desmesurada ante una situación “normal”.
– Lleguemos a ser más duros con las personas a las que no queremos ni queríamos herir.
Más problemas interpersonales al no ser del todo sincero con las personas y éstas en realidad andar perdidas y no disponer de toda la información.
Ira o rencor “interior o exterior” hacia aquellas personas que “desde nuestro punto de vista” no nos permiten ser nosotros mismos, (aunque en verdad no sea así).
Sentimiento de insatisfacción. Al no expresar sus deseos y terminar haciendo sobre todo lo que otros desean o lo que se espera de ellos sienten que nunca hacen lo que en realidad querrían o les gustaría hacer.
Sentimiento de culpa (y como yo digo perlitas o incluso insultos potentes de nosotros mismos) que cargamos y que nos regalamos por no sentirnos capaces de hacer otra cosa. Fustigarse a base de bien.
Soledad emocional. Al final al no expresar la verdad nos sentimos mal pero nadie puede entendernos.
Malestar emocional: las personas que sienten que en general no se respetan, ni se priorizan, ni se garantizan cosas agradables suelen tener mayores niveles de irritabilidad, tristeza, desesperanza y/o ansiedad.

Por último, al estar siempre ahí muchas veces se tiende a abusar de esa situación y muchas personas nos exprimen demandando de nosotros el máximo sin ponerse en nuestro lugar.

Bien, parece que siempre decir que “no” agota, y tampoco es necesario, pero no decirlo nunca no parece tampoco que sea demasiado bueno. Habrá que plantearse hasta qué punto vivimos lo que queremos vivir o hasta qué punto dejamos que otros decidan nuestros pasos del día a día.

Centrifugar, el nuevo término para referirse a la rumiación

By | Inteligencia emocional | No Comments

Tengo una paciente muy maja de Madrid que llama a la rumiación centrifugar, me gusta la expresión porque lo cierto es que es un buen símil. Rumiar es como girar y girar en torno a unos mismos pensamientos, retorcer y retorcernos entre todo lo que hay en nuestro interior.
La verdad es que cualquier persona puede identificar algún momento de su vida en la que su conducta con respecto a sus pensamientos fuese la rumiación.

A menudo, cuando los pensamientos nos asaltan y nos avasallan nuestra conducta más habitual es la de “centrifugar”, lo que los psicólogos llamamos rumiar, obsesividad, mortificación, inquietud, taciturnidad, tener pensamientos circulares. Lo cierto es que esa es la conducta que nos han enseñado para gestionar nuestros pensamientos, pero no es demasiado adecuada porque no parece tener demasiados buenos resultados. En el lenguaje común rumiar muchas veces implica sopesar o reflexionar, lo que parece una buena forma de tener en cuenta aquello que nos preocupa. Para los psicólogos no es así.
La rumiación se refiere a la clase de pensamiento en la que uno se enfrasca en un pensamiento negativo, repetitivo, prolongado e inútil. Cuando no se piensa en el problema concreto o en las posibles soluciones existentes a nuestro alcance que podrían solucionarlo. Esta forma improductiva de rumiación no sirve de ayuda. Los pensamientos no paran de dar vueltas en nuestra cabeza, no resuelven nada y terminan haciéndonos sentir peor.
Podemos rumiar sobre muchas cosas: emociones negativas; problemas corrientes; acontecimientos estresantes del pasado; desastres futuros…los psicólogos identifican diversas clases de rumiación en las que los temas son diferentes, aunque el estilo de pensamiento siempre es el mismo en cada caso.

Las distintas clases de rumiación existentes son:
1- Rumiación sobre la tristeza y la depresión
– Pensamiento improductivo y repetitivo sobre los sentimientos de tristeza, melancolía y rechazo.
– Mortificarte por lo agotado y apático que te sientes y la causa de que te sientas mal.
– Ponerte nervioso por la terrible situación que sobrevendrá si sigues sintiéndote tan mal.
– Obsesionarte con preguntas sin una respuesta clara, como: “¿Qué he hecho para merecer esto?” o “¿Qué es lo que me pasa?”
2- Rumiación sobre la ira
– Darle vueltas a lo enfadado/a que estás y a la situación o acontecimiento que ha provocado tu enfado.
– Reproducir una y otra vez el incidente en tu cabeza.
– Obsesionarte por lo injusto de la situación y el mal comportamiento de los demás.
– Fantasear con la venganza.
– Tener repetidas discusiones mentales con personas.
3- Rumiación sobre desastres futuros
– Inquietarte por las desgracias que podrían ocurrisrte a ti o a tus seres queridos: enfermedades, accidentes, pérdida del trabajo, fracaso escolar, problemas económicos o de pareja u otras cosas.
– Preguntarte: “Y si…?” e imaginarte escenarios desastrosos a continuación (“Y si me despiden?”)
4- Rumiación sobre problemas actuales o acontecimientos pretéritos
– No parar de repetirte que el problema o suceso estresante fue completamente por tu culpa (aunque no lo fuera).
– Darle vueltas a la idea de que siempre te pasan este tipo de cosas, que eso va a arruinar tu vida y que no puedes afrontarlo.
5- Rumiación sobre las relaciones sociales
– Inquietarte u obsesionarte por tu conducta con los demás, no vayas a decir lo que no debes o parecer tonto u ofender a alguien.
– Reproducir la conversación o interacción en tu cabeza.
– Imaginar sin parar lo que deberías haber dicho o hecho.
– Ponerte nervioso/a por lo que los demás piensen de ti.

La rumiación es una trampa psicológica en la que podemos caer debido a los beneficios inmediatos y a la ilusión de que debería ser útil. Pero el precio es alto. Aunque sea muy perjudicial la ejercitamos. Existen diversos motivos para ello:

  • Creemos erróneamente que rumiar debería ayudarnos. Parece como si en realidad la rumiación nos invita a la resolución de problemas, pero no es así, empeora los estados de ánimo negativos, mina nuestra motivación para actuar de manera constructiva, aumenta la probabilidad de que hagamos cosas de las que luego nos arrepintamos, afecta a nuestra resolución de problemas y mantiene nuestro cuerpo en un malsano estado de tensión.
  • La rumiación proporciona una protección temporal frente a las emociones dolorosas. Cuando alguien ha hecho algo que hiere nuestros sentimientos, rumiar sobre lo mal que se ha comportado esa persona nos hace sentir furiosos, aunque la furia sea desagradable, nos distrae del dolor de nuestros sentimientos heridos.
  • La rumiación nos distrae de la conducta constructiva, aunque difícil. Imagina que eres responsable en parte del episodio en el que tus sentimientos fueron heridos. Quizá la otra parte no sea totalmente culpable. Para arreglar la relación, tal vez fuera necesario sacar el tema y hablar con la otra persona para disculparse o para cambiar de comportamiento. Esto puede resultar embarazoso y doloroso. Mientras permanezcas absorto en la rumiación, no tienes que afrontar la necesidad de hacer algo difícil.

Tenemos que escuchar a nuestra mente, sin duda, y muchas veces tendremos que detenernos a reflexionar y a ordenar nuestros pensamientos, pero es bueno no caer en la angustiosa e improductiva rumiación porque de ella sólo salimos más cansados, más liados aún que antes de empezar y con mayor sentimiento de malestar.
Si algo nos preocupa es bueno preguntarse cuál es el problema, si hoy existe, si hay algo más que nosotros podamos hacer y si es o no nuestro. Una vez identificado el problema ya podremos empezar a contemplar soluciones.

 

A. Baer. Ruth.(2014) Mindfulness para la felicidad. (pp.56-62) Barcelona. Ediciones Urano. 

¿Qué es fracasar?

By | Aceptación, Aceptar la realidad | No Comments

Últimamente no paro de escuchar la palabra “Fracaso” a la hora de referirse a rupturas de pareja.
En sí odio la palabra fracaso, sí, la odio, no me gusta nada. Denota negatividad por todas partes, es como muy indefinida, amplia, lo abarca todo y da a entender que hemos perdido lo miremos por donde lo miremos.
¿Qué quieren decir las palabras fracaso, fracasar o fracasado?
¿No es un auténtico disparate pensar que hemos fracasado si algo cambia con el tiempo?
Cuando las cosas cambian y hemos de tomar decisiones que no entraban en nuestros planes tiempo atrás, ¿entonces es que hemos fracasado?
¿No es una auténtica locura lamentarnos y culparnos porque algo no ha salido como habíamos planeado?
No me gustan nada estos términos, diría que podrían eliminarlos del diccionario y más aún “deberíamos”, (sabiendo que eso es irracional total), eliminarlos de nuestra mente a la hora de referirnos a nosotros mismos y a nuestra vida, sobre todo a la hora de referirnos a nuestras relaciones importantes.


Terminar una relación no es un fracaso, en todo caso lo sería el continuar en una relación insana, improductiva y carente de posibilidad de evolución. (Eso si contemplase la palabra en sí, que no lo hago). En mi opinión es sano aceptar que las expectativas ahí juegan un importante papel. Que yo tuviese en mente estar con alguien eternamente no implica que eso fuese un buen planteamiento, hay que aceptar que una cosa es que lo deseemos hoy y otra que podamos llegar a cumplirlo a lo largo del tiempo, y que cumplirlo sea una buena decisión para nuestro bienestar o para el de las personas que nos rodean. Que yo quisiese cumplir con ese deseo antes no implica que tenga que cumplirlo al precio que sea.
Se dicen frases como: “El fracaso no es una opción”, “El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”, “No puedes lograr el éxito si te vistes de fracaso”…
Hay 3000 frases que hablan del fracaso y no llego a entender ninguna de ellas.
¿Que las cosas salgan de un modo distinto al deseado tiempo atrás no es una opción? ¿por qué? ¿Tenemos que cumplir con las cosas que antes nos emocionaban aunque hoy ya no lo hagan, aunque hoy nos causen infelicidad? ¿Qué sentido tiene eso? ¿El hombre no está hecho para equivocarse? De verdad que no lo entiendo, ni lo comparto.
La vida implica cambio, siempre van de la mano. Si hoy nuestra realidad nos mueve hacia uno de ellos ¿por qué no deberíamos dejarnos llevar por ello? ¿por qué deberíamos culparnos o culpar a otros? ¿por qué evaluar lo vivido como un fracaso? ¿por que no valorar lo vivido y aceptar que las cosas cambian igual que lo hacemos nosotros? ¿por qué no aceptar que aunque sea duro eso no implica que nosotros hayamos fracasado?

¿Qué nos mantiene en relaciones que “no deberíamos” estar?

By | Autoestima | No Comments

Los tipos de apego que más se observan en la práctica clínica son:

1.La vulnerabilidad al daño y el apego a la seguridad/protección. 

Las  personas que funcionan en base a este apego “necesitan”obtener la cantidad esencial de seguridad/protección que entienden que necesitan para enfrentarse a una realidad que perciben como muy amenazante.  Es de los apegos más resistentes que hay porque la persona lo vive como una cuestión de vida o muerte. Lo que se busca aquí es supervivencia, no amor, ni afecto, ni atención, ni sexo, etc. La persona interpreta el mundo como una amenaza terrible que por si misma no será capaz de gestionar, se siente indefensa y desamparada. Las muestras de protección y de seguridad pueden ser sumamente sutiles e insignificantes pero la sola presencia de la fuente de seguridad es suficiente para la persona para sentirse protegida.

  • Déficit: Baja autoestima. “No soy capaz de valerme por mi mismo/a.
  • Miedo: Al desamparo y la desprotección.
  • Apego: a la fuente de seguridad interpersonal.

2. El miedo al abandono y el apego a la estabilidad/confiabilidad.

Evidentemente la mayoría de las personas esperamos tener una relación estable y fiel, y desearlo no implica apego, pero volverse obsesivo ante la posibilidad de que la relación pueda terminarse sí que lo es. Las personas que viven en base a este apego tienen una hipersensibilidad al rechazo, para que no se produzca, “necesitan” sentir confianza en todo y en todo momento, el hecho de no sentirlo podría implicar la tan temida ruptura. En este caso se buscan compañeros fieles, nos gusten o no, nos hagan felices o no, pero que tengamos la convicción de que no nos dejarán porque no sabrían qué hacer sin nosotros. A menudo, las personas que funcionan en base a este apego han tenido distintas experiencias de infidelidades, rechazos o pérdidas que no han gestionado bien y que por lo tanto no quieren revivir en absoluto.

  • Déficit: Vulnerabilidad a la ruptura afectiva.
  • Miedo: Al abandono.
  • Apego: A las señales de permanencia.

3. La baja autoestima y el apego a las manifestaciones de afecto. 

El objetivo en esta clase de apego es sentirse amado, no tanto la estabilidad o el abandono. La persona tiene una “necesidad” constante de ser amada, lo que le lleva a estar constantemente pendiente de las expresiones de amor que recibimos para evaluar cuánto nos quieren. En función de cuánto interpretamos que nos quieren, definimos cuánto de “queribles” somos. A mi mismo no me quiero y necesito que me quieran para quererme más a mi mismo, si no siento que me quieran entonces es que no valgo, (sentimiento del que evidentemente uno siempre quiere huir).  Cuando una persona se quiere poco, al acercarsele alguien interesado por ella se extrañan y piensan: ¡Uy! algo malo debe tener si se interesa por mi. A partir de ahí empieza el miedo a sufrir, esa persona podría tener algo malo y por lo tanto podría hacerme daño, y yo no quiero sufrir. Esto último nos lleva a otro problema, “necesito amor pero al mismo tiempo me da miedo”.

  • Déficit: Baja Autoestima.
  • Miedo: Al desamor.
  • Apego: A las manifestaciones de afecto/deseabilidad.

4. Los problemas de autoconcepto y el apego a la admiración. 

El autoconcepto hace referencia a cuánto nos aceptamos a nosotros mismos, es lo que pensamos de nosotros. En este caso, la carencia no es de amor sino de reconocimiento y adulación. cuando uno no se siente gran cosa, si alguien le hace saber que es lo más fácilmente aparece el apego. La admiración es la antesala del amor, de este modo, nos agradan las personas que nos aumentan el ego, incluso “enganchan”. Aquí, da igual si la persona me da o no lo que me gustaría obtener de una relación, lo importante es que me admira y me valora mucho.

  • Déficit: Bajo autoconcepto.
  • Miedo: A la desaprobación/desprecio.
  • Apego: A la admiración/reconocimiento.

5. El apego “normal” al bienestar de toda buena relación. 

En una buena relación pueden darse: sexo, mimos/contemplación, compañerismo/afinidad y/o  tranquilidad, estas formas de bienestar también pueden llevarnos al apego. Existen personas que no dejan ni piensan en dejar la relación por el sexo, otras por los mimos y las caricias, otras por la cantidad de cosas que hace con la pareja, porque no sabría con quién hacer esas actividades que tanto le gustan y otras porque el saber que existe esa persona y que no están solas les produce tranquilidad.

Muy probablemente algunos de vosotros os veis reflejados en alguno de estos apegos, si es así, sería bueno que lo trabajaseis para que vuestra vida y vuestro futuro lo escogieseis vosotros y no él. Cuando tenemos una necesidad, (que no elección consciente) no somos nosotros quiénes elegimos las cosas que nos ocurren, quién elige nuestra vida es nuestro impulso. Hay que vigilar con eso, la vida es y debería ser nuestra, fluyendo, sí, pero con algo de consciencia también, con elección personal real.

 

 

 

Walter Riso, (2015). ¿Amar o depender? cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Planeta/Zenith. 49-65.

¿Qué hace que nos apeguemos?

By | Autoestima | No Comments

El apego es algo de lo que se habla mucho pero que genera múltiples confusiones a la hora de entenderlo. Algo similar a lo que ocurre con el término de bipolaridad, del que también se abusa sin conocer exactamente lo que implica.

Para poder hablar de apego debe existir algo que lo evidencie: evitar el dolor o mantener la satisfacción. Nadie se aferre al sufrimiento por el sufrimiento en sí. Incluso en el caso de los masoquistas, estos mantienen la conducta por el disfrute del sufrimiento,  no por el sufrimiento en sí.

El apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona.

Se basa en cuatro creencias falsas:

  1. Que es permanente,
  2. que nos hará felices,
  3. que nos dará seguridad total
  4. que dará sentido a nuestra vida.

Cuando tenemos un vínculo de apego, no estamos preparados para la pérdida y no aceptamos la separación. Fruto de ese miedo y esa negación de la realidad, la persona invierte prácticamente la totalidad de sus energías en lograr que ese vínculo no se interrumpa, siente y cree firmemente que no podría soportarlo y que sería terrible que eso sucediese, por lo tanto “NECESITA EVITARLO A TODA COSTA”.El tema del apego es muy importante porque genera muchísimo malestar en las personas, además de que conlleva consecuencias muy negativas para estas. Les impide disfrutar de las cosas porque viven constantemente centradas en la evitación de miedos futuros y porque además no deciden sus conductas en base a la realidad objetiva, sino a sus miedos, (muy menudo catalogados todos ellos como terribles).

Siempre que los principios del placer y de la seguridad estén en juego, aunque sólo se trate de instantes, las personas pueden apegarse a lo que sea.

Existen diferentes tipos de apegos, y una misma persona puede apegarse a uno, varios o todos ellos.

El sentir esa adicción a lo apegado nos limita, nos invita a estar en lugares en los que en realidad no nos sentimos bien, nos hace creer que no seremos capaces de hacer otra cosa, nos invita a pensar que no seremos capaces de sobreponernos a las situaciones de cambio propias de una ruptura amorosa, aunque en nuestra historia personal podamos recordar otras ocasiones en las que sí que pudimos.

Es obvio que es buenísimo elegir a alguien y desear que las cosas funcionen con esa persona, (o con ese trabajo, o con lo que sea), pero si no es así, es bueno que podamos verlo, aceptarlo y permitir que no sea si no es. El apego hace que no nos demos la oportunidad de vivir lo mejor para nosotros, hace que nos conformemos con cualquier cosa, y ya sabéis qué opino yo de eso de conformarse con cualquier cosa…

 

 

Walter Riso, (2015). ¿Amar o depender? cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Planeta/Zenith. 49-65.