Consecuencias de no saber decir «no»

By | Autoestima, Inteligencia emocional | No Comments

Es verdad que cuando no decimos que no, cuando no decimos que no estamos de acuerdo o cuando no hacemos algo distinto de lo que se espera de nosotros y todo nuestro entorno está en calma, para nosotros eso supone un alivio.
Es cierto que a corto plazo ese callar o ceder nos resulta beneficioso, ahora bien, ¿Qué pasa a largo plazo cuando no somos asertivos? ¿Qué pasa cuando no ejercemos nuestro derecho a decir no?


– La primera y más importante de las consecuencias de no expresar lo que sentimos, pensamos o deseamos es que afecta a nuestra autoestima, se resiente. De primeras no nos tenemos en cuenta, no nos priorizamos y lo sabemos. Además de afectar a nuestra autoestima también sufrimos otras consecuencias:
Aumenta nuestro sentimiento de inferioridad, nos creemos cosas como que somos menos capaces.
Aumenta la probabilidad de que de pronto estallemos por acumulación y tengamos una reacción desmesurada ante una situación «normal».
– Lleguemos a ser más duros con las personas a las que no queremos ni queríamos herir.
Más problemas interpersonales al no ser del todo sincero con las personas y éstas en realidad andar perdidas y no disponer de toda la información.
Ira o rencor «interior o exterior» hacia aquellas personas que «desde nuestro punto de vista» no nos permiten ser nosotros mismos, (aunque en verdad no sea así).
Sentimiento de insatisfacción. Al no expresar sus deseos y terminar haciendo sobre todo lo que otros desean o lo que se espera de ellos sienten que nunca hacen lo que en realidad querrían o les gustaría hacer.
Sentimiento de culpa (y como yo digo perlitas o incluso insultos potentes de nosotros mismos) que cargamos y que nos regalamos por no sentirnos capaces de hacer otra cosa. Fustigarse a base de bien.
Soledad emocional. Al final al no expresar la verdad nos sentimos mal pero nadie puede entendernos.
Malestar emocional: las personas que sienten que en general no se respetan, ni se priorizan, ni se garantizan cosas agradables suelen tener mayores niveles de irritabilidad, tristeza, desesperanza y/o ansiedad.

Por último, al estar siempre ahí muchas veces se tiende a abusar de esa situación y muchas personas nos exprimen demandando de nosotros el máximo sin ponerse en nuestro lugar.

Bien, parece que siempre decir que «no» agota, y tampoco es necesario, pero no decirlo nunca no parece tampoco que sea demasiado bueno. Habrá que plantearse hasta qué punto vivimos lo que queremos vivir o hasta qué punto dejamos que otros decidan nuestros pasos del día a día.

Centrifugar, el nuevo término para referirse a la rumiación

By | Inteligencia emocional | No Comments

Tengo una paciente muy maja de Madrid que llama a la rumiación centrifugar, me gusta la expresión porque lo cierto es que es un buen símil. Rumiar es como girar y girar en torno a unos mismos pensamientos, retorcer y retorcernos entre todo lo que hay en nuestro interior.
La verdad es que cualquier persona puede identificar algún momento de su vida en la que su conducta con respecto a sus pensamientos fuese la rumiación.

A menudo, cuando los pensamientos nos asaltan y nos avasallan nuestra conducta más habitual es la de «centrifugar», lo que los psicólogos llamamos rumiar, obsesividad, mortificación, inquietud, taciturnidad, tener pensamientos circulares. Lo cierto es que esa es la conducta que nos han enseñado para gestionar nuestros pensamientos, pero no es demasiado adecuada porque no parece tener demasiados buenos resultados. En el lenguaje común rumiar muchas veces implica sopesar o reflexionar, lo que parece una buena forma de tener en cuenta aquello que nos preocupa. Para los psicólogos no es así.
La rumiación se refiere a la clase de pensamiento en la que uno se enfrasca en un pensamiento negativo, repetitivo, prolongado e inútil. Cuando no se piensa en el problema concreto o en las posibles soluciones existentes a nuestro alcance que podrían solucionarlo. Esta forma improductiva de rumiación no sirve de ayuda. Los pensamientos no paran de dar vueltas en nuestra cabeza, no resuelven nada y terminan haciéndonos sentir peor.
Podemos rumiar sobre muchas cosas: emociones negativas; problemas corrientes; acontecimientos estresantes del pasado; desastres futuros…los psicólogos identifican diversas clases de rumiación en las que los temas son diferentes, aunque el estilo de pensamiento siempre es el mismo en cada caso.

Las distintas clases de rumiación existentes son:
1- Rumiación sobre la tristeza y la depresión
– Pensamiento improductivo y repetitivo sobre los sentimientos de tristeza, melancolía y rechazo.
– Mortificarte por lo agotado y apático que te sientes y la causa de que te sientas mal.
– Ponerte nervioso por la terrible situación que sobrevendrá si sigues sintiéndote tan mal.
– Obsesionarte con preguntas sin una respuesta clara, como: “¿Qué he hecho para merecer esto?” o “¿Qué es lo que me pasa?”
2- Rumiación sobre la ira
– Darle vueltas a lo enfadado/a que estás y a la situación o acontecimiento que ha provocado tu enfado.
– Reproducir una y otra vez el incidente en tu cabeza.
– Obsesionarte por lo injusto de la situación y el mal comportamiento de los demás.
– Fantasear con la venganza.
– Tener repetidas discusiones mentales con personas.
3- Rumiación sobre desastres futuros
– Inquietarte por las desgracias que podrían ocurrisrte a ti o a tus seres queridos: enfermedades, accidentes, pérdida del trabajo, fracaso escolar, problemas económicos o de pareja u otras cosas.
– Preguntarte: “Y si…?” e imaginarte escenarios desastrosos a continuación (“Y si me despiden?”)
4- Rumiación sobre problemas actuales o acontecimientos pretéritos
– No parar de repetirte que el problema o suceso estresante fue completamente por tu culpa (aunque no lo fuera).
– Darle vueltas a la idea de que siempre te pasan este tipo de cosas, que eso va a arruinar tu vida y que no puedes afrontarlo.
5- Rumiación sobre las relaciones sociales
– Inquietarte u obsesionarte por tu conducta con los demás, no vayas a decir lo que no debes o parecer tonto u ofender a alguien.
– Reproducir la conversación o interacción en tu cabeza.
– Imaginar sin parar lo que deberías haber dicho o hecho.
– Ponerte nervioso/a por lo que los demás piensen de ti.

La rumiación es una trampa psicológica en la que podemos caer debido a los beneficios inmediatos y a la ilusión de que debería ser útil. Pero el precio es alto. Aunque sea muy perjudicial la ejercitamos. Existen diversos motivos para ello:

  • Creemos erróneamente que rumiar debería ayudarnos. Parece como si en realidad la rumiación nos invita a la resolución de problemas, pero no es así, empeora los estados de ánimo negativos, mina nuestra motivación para actuar de manera constructiva, aumenta la probabilidad de que hagamos cosas de las que luego nos arrepintamos, afecta a nuestra resolución de problemas y mantiene nuestro cuerpo en un malsano estado de tensión.
  • La rumiación proporciona una protección temporal frente a las emociones dolorosas. Cuando alguien ha hecho algo que hiere nuestros sentimientos, rumiar sobre lo mal que se ha comportado esa persona nos hace sentir furiosos, aunque la furia sea desagradable, nos distrae del dolor de nuestros sentimientos heridos.
  • La rumiación nos distrae de la conducta constructiva, aunque difícil. Imagina que eres responsable en parte del episodio en el que tus sentimientos fueron heridos. Quizá la otra parte no sea totalmente culpable. Para arreglar la relación, tal vez fuera necesario sacar el tema y hablar con la otra persona para disculparse o para cambiar de comportamiento. Esto puede resultar embarazoso y doloroso. Mientras permanezcas absorto en la rumiación, no tienes que afrontar la necesidad de hacer algo difícil.

Tenemos que escuchar a nuestra mente, sin duda, y muchas veces tendremos que detenernos a reflexionar y a ordenar nuestros pensamientos, pero es bueno no caer en la angustiosa e improductiva rumiación porque de ella sólo salimos más cansados, más liados aún que antes de empezar y con mayor sentimiento de malestar.
Si algo nos preocupa es bueno preguntarse cuál es el problema, si hoy existe, si hay algo más que nosotros podamos hacer y si es o no nuestro. Una vez identificado el problema ya podremos empezar a contemplar soluciones.

 

A. Baer. Ruth.(2014) Mindfulness para la felicidad. (pp.56-62) Barcelona. Ediciones Urano. 

¿Qué es fracasar?

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Últimamente no paro de escuchar la palabra «Fracaso» a la hora de referirse a rupturas de pareja.
En sí odio la palabra fracaso, sí, la odio, no me gusta nada. Denota negatividad por todas partes, es como muy indefinida, amplia, lo abarca todo y da a entender que hemos perdido lo miremos por donde lo miremos.
¿Qué quieren decir las palabras fracaso, fracasar o fracasado?
¿No es un auténtico disparate pensar que hemos fracasado si algo cambia con el tiempo?
Cuando las cosas cambian y hemos de tomar decisiones que no entraban en nuestros planes tiempo atrás, ¿entonces es que hemos fracasado?
¿No es una auténtica locura lamentarnos y culparnos porque algo no ha salido como habíamos planeado?
No me gustan nada estos términos, diría que podrían eliminarlos del diccionario y más aún «deberíamos», (sabiendo que eso es irracional total), eliminarlos de nuestra mente a la hora de referirnos a nosotros mismos y a nuestra vida, sobre todo a la hora de referirnos a nuestras relaciones importantes.


Terminar una relación no es un fracaso, en todo caso lo sería el continuar en una relación insana, improductiva y carente de posibilidad de evolución. (Eso si contemplase la palabra en sí, que no lo hago). En mi opinión es sano aceptar que las expectativas ahí juegan un importante papel. Que yo tuviese en mente estar con alguien eternamente no implica que eso fuese un buen planteamiento, hay que aceptar que una cosa es que lo deseemos hoy y otra que podamos llegar a cumplirlo a lo largo del tiempo, y que cumplirlo sea una buena decisión para nuestro bienestar o para el de las personas que nos rodean. Que yo quisiese cumplir con ese deseo antes no implica que tenga que cumplirlo al precio que sea.
Se dicen frases como: «El fracaso no es una opción», “El hombre no está hecho para la derrota. Un hombre puede ser destruido, pero no derrotado”, «No puedes lograr el éxito si te vistes de fracaso»…
Hay 3000 frases que hablan del fracaso y no llego a entender ninguna de ellas.
¿Que las cosas salgan de un modo distinto al deseado tiempo atrás no es una opción? ¿por qué? ¿Tenemos que cumplir con las cosas que antes nos emocionaban aunque hoy ya no lo hagan, aunque hoy nos causen infelicidad? ¿Qué sentido tiene eso? ¿El hombre no está hecho para equivocarse? De verdad que no lo entiendo, ni lo comparto.
La vida implica cambio, siempre van de la mano. Si hoy nuestra realidad nos mueve hacia uno de ellos ¿por qué no deberíamos dejarnos llevar por ello? ¿por qué deberíamos culparnos o culpar a otros? ¿por qué evaluar lo vivido como un fracaso? ¿por que no valorar lo vivido y aceptar que las cosas cambian igual que lo hacemos nosotros? ¿por qué no aceptar que aunque sea duro eso no implica que nosotros hayamos fracasado?

¿Qué nos mantiene en relaciones que «no deberíamos» estar?

By | Autoestima | No Comments

Los tipos de apego que más se observan en la práctica clínica son:

1.La vulnerabilidad al daño y el apego a la seguridad/protección. 

Las  personas que funcionan en base a este apego «necesitan»obtener la cantidad esencial de seguridad/protección que entienden que necesitan para enfrentarse a una realidad que perciben como muy amenazante.  Es de los apegos más resistentes que hay porque la persona lo vive como una cuestión de vida o muerte. Lo que se busca aquí es supervivencia, no amor, ni afecto, ni atención, ni sexo, etc. La persona interpreta el mundo como una amenaza terrible que por si misma no será capaz de gestionar, se siente indefensa y desamparada. Las muestras de protección y de seguridad pueden ser sumamente sutiles e insignificantes pero la sola presencia de la fuente de seguridad es suficiente para la persona para sentirse protegida.

  • Déficit: Baja autoestima. «No soy capaz de valerme por mi mismo/a.
  • Miedo: Al desamparo y la desprotección.
  • Apego: a la fuente de seguridad interpersonal.

2. El miedo al abandono y el apego a la estabilidad/confiabilidad.

Evidentemente la mayoría de las personas esperamos tener una relación estable y fiel, y desearlo no implica apego, pero volverse obsesivo ante la posibilidad de que la relación pueda terminarse sí que lo es. Las personas que viven en base a este apego tienen una hipersensibilidad al rechazo, para que no se produzca, «necesitan» sentir confianza en todo y en todo momento, el hecho de no sentirlo podría implicar la tan temida ruptura. En este caso se buscan compañeros fieles, nos gusten o no, nos hagan felices o no, pero que tengamos la convicción de que no nos dejarán porque no sabrían qué hacer sin nosotros. A menudo, las personas que funcionan en base a este apego han tenido distintas experiencias de infidelidades, rechazos o pérdidas que no han gestionado bien y que por lo tanto no quieren revivir en absoluto.

  • Déficit: Vulnerabilidad a la ruptura afectiva.
  • Miedo: Al abandono.
  • Apego: A las señales de permanencia.

3. La baja autoestima y el apego a las manifestaciones de afecto. 

El objetivo en esta clase de apego es sentirse amado, no tanto la estabilidad o el abandono. La persona tiene una «necesidad» constante de ser amada, lo que le lleva a estar constantemente pendiente de las expresiones de amor que recibimos para evaluar cuánto nos quieren. En función de cuánto interpretamos que nos quieren, definimos cuánto de «queribles» somos. A mi mismo no me quiero y necesito que me quieran para quererme más a mi mismo, si no siento que me quieran entonces es que no valgo, (sentimiento del que evidentemente uno siempre quiere huir).  Cuando una persona se quiere poco, al acercarsele alguien interesado por ella se extrañan y piensan: ¡Uy! algo malo debe tener si se interesa por mi. A partir de ahí empieza el miedo a sufrir, esa persona podría tener algo malo y por lo tanto podría hacerme daño, y yo no quiero sufrir. Esto último nos lleva a otro problema, «necesito amor pero al mismo tiempo me da miedo».

  • Déficit: Baja Autoestima.
  • Miedo: Al desamor.
  • Apego: A las manifestaciones de afecto/deseabilidad.

4. Los problemas de autoconcepto y el apego a la admiración. 

El autoconcepto hace referencia a cuánto nos aceptamos a nosotros mismos, es lo que pensamos de nosotros. En este caso, la carencia no es de amor sino de reconocimiento y adulación. cuando uno no se siente gran cosa, si alguien le hace saber que es lo más fácilmente aparece el apego. La admiración es la antesala del amor, de este modo, nos agradan las personas que nos aumentan el ego, incluso «enganchan». Aquí, da igual si la persona me da o no lo que me gustaría obtener de una relación, lo importante es que me admira y me valora mucho.

  • Déficit: Bajo autoconcepto.
  • Miedo: A la desaprobación/desprecio.
  • Apego: A la admiración/reconocimiento.

5. El apego «normal» al bienestar de toda buena relación. 

En una buena relación pueden darse: sexo, mimos/contemplación, compañerismo/afinidad y/o  tranquilidad, estas formas de bienestar también pueden llevarnos al apego. Existen personas que no dejan ni piensan en dejar la relación por el sexo, otras por los mimos y las caricias, otras por la cantidad de cosas que hace con la pareja, porque no sabría con quién hacer esas actividades que tanto le gustan y otras porque el saber que existe esa persona y que no están solas les produce tranquilidad.

Muy probablemente algunos de vosotros os veis reflejados en alguno de estos apegos, si es así, sería bueno que lo trabajaseis para que vuestra vida y vuestro futuro lo escogieseis vosotros y no él. Cuando tenemos una necesidad, (que no elección consciente) no somos nosotros quiénes elegimos las cosas que nos ocurren, quién elige nuestra vida es nuestro impulso. Hay que vigilar con eso, la vida es y debería ser nuestra, fluyendo, sí, pero con algo de consciencia también, con elección personal real.

 

 

 

Walter Riso, (2015). ¿Amar o depender? cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Planeta/Zenith. 49-65.

¿Qué hace que nos apeguemos?

By | Autoestima | No Comments

El apego es algo de lo que se habla mucho pero que genera múltiples confusiones a la hora de entenderlo. Algo similar a lo que ocurre con el término de bipolaridad, del que también se abusa sin conocer exactamente lo que implica.

Para poder hablar de apego debe existir algo que lo evidencie: evitar el dolor o mantener la satisfacción. Nadie se aferre al sufrimiento por el sufrimiento en sí. Incluso en el caso de los masoquistas, estos mantienen la conducta por el disfrute del sufrimiento,  no por el sufrimiento en sí.

El apego es un vínculo obsesivo con un objeto, idea o persona.

Se basa en cuatro creencias falsas:

  1. Que es permanente,
  2. que nos hará felices,
  3. que nos dará seguridad total
  4. que dará sentido a nuestra vida.

Cuando tenemos un vínculo de apego, no estamos preparados para la pérdida y no aceptamos la separación. Fruto de ese miedo y esa negación de la realidad, la persona invierte prácticamente la totalidad de sus energías en lograr que ese vínculo no se interrumpa, siente y cree firmemente que no podría soportarlo y que sería terrible que eso sucediese, por lo tanto «NECESITA EVITARLO A TODA COSTA».El tema del apego es muy importante porque genera muchísimo malestar en las personas, además de que conlleva consecuencias muy negativas para estas. Les impide disfrutar de las cosas porque viven constantemente centradas en la evitación de miedos futuros y porque además no deciden sus conductas en base a la realidad objetiva, sino a sus miedos, (muy menudo catalogados todos ellos como terribles).

Siempre que los principios del placer y de la seguridad estén en juego, aunque sólo se trate de instantes, las personas pueden apegarse a lo que sea.

Existen diferentes tipos de apegos, y una misma persona puede apegarse a uno, varios o todos ellos.

El sentir esa adicción a lo apegado nos limita, nos invita a estar en lugares en los que en realidad no nos sentimos bien, nos hace creer que no seremos capaces de hacer otra cosa, nos invita a pensar que no seremos capaces de sobreponernos a las situaciones de cambio propias de una ruptura amorosa, aunque en nuestra historia personal podamos recordar otras ocasiones en las que sí que pudimos.

Es obvio que es buenísimo elegir a alguien y desear que las cosas funcionen con esa persona, (o con ese trabajo, o con lo que sea), pero si no es así, es bueno que podamos verlo, aceptarlo y permitir que no sea si no es. El apego hace que no nos demos la oportunidad de vivir lo mejor para nosotros, hace que nos conformemos con cualquier cosa, y ya sabéis qué opino yo de eso de conformarse con cualquier cosa…

 

 

Walter Riso, (2015). ¿Amar o depender? cómo superar el apego afectivo y hacer del amor una experiencia plena y saludable. Planeta/Zenith. 49-65.

El enfado

By | Inteligencia emocional | No Comments
                                                                                                      
Kassinove y Sukhodolsky (1195) definieron la agresividad como un estado emocional subjetivo.
Ese estado emocional subjetivo varía en intensidad, en duración y en frecuenciaAdemás, no todas las personas sienten los mismos cambios fisiológicos ni tienen las mismas respuestas conductuales, no todos reaccionan igual en una situación de enfado.
H.G.Bohn dice: «La agresividad comienza con la locura y acaba con el arrepentimiento«.
La mayoría de las personas que se enfadan no son conscientes de que su agresividad es exagerada, ni de que va más allá de lo considerado como «normal».
Esto es importante, porque las personas que las rodean, a menudo también se enfadan o entristecen creyendo que lo hacen a consciencia y/o con mala intención, creen que podrían hacerlo de otro modo y que aún así les dan igual las consecuencias que sus comportamientos puedan tener en los demás. Esto no suele ser así.
Del mismo modo que las personas que se enfadan no suelen ser conscientes, (al menos no en un primer momento), de la desproporción de su respuesta, tampoco suelen conocer las consecuencias negativas a corto y largo plazo de su agresividad.
En la vida, hay más personas inhábiles que malvadas, con esto quiero decir que a menudo, las personas que responden con enfado lo hacen porque no saben cómo interpretar mejor las situaciones o porque no saben cómo gestionar mejor sus emociones, no conocen otro modo de responder más adecuado y sano para gozar de una buena opinión de sí mismos y/o de buenas relaciones con los demás.
 
¿Que no sepan cómo hacerlo mejor, quiere decir que haya que permitirlo todo? EN ABSOLUTO. 
No quiere decir que tengamos que permitir y disculpar cualquier conducta inadecuada, pero es importante por lo menos para nosotros y para las personas que se enfadan a menudo, que eliminemos la intención negativa en sus actos. No es lo mismo pensar que pretenden hacernos daños que pensar que nos han hecho daño sin querer.
Marco Aurelio decía: Cuanto más dolorosas son las consecuencias de la agresividad que sus causas. ¡Cuánta razón tenía!
A toro pasado, las personas suelen ver que su respuesta era totalmente desproporcionada en ese momento, que no había pasado nada tan grave como para comportarse de ese modo, y mucho menos como para generar sentimientos negativos en personas a las que quieren, o simplemente en personas que se han cruzado con ellas por la vida.
A toro pasado, se dan cuenta de la importancia de la paciencia, de la importancia del parar y pensar, de la importancia del salir de la situación para no llevarla al máximo, de la importancia de la racionalidad en los juicios de las situaciones, de la importancia del amor hacia uno mismo y hacia los demás.
No es fácil a veces no caer en las expectativas y en los juicios subjetivos de las situaciones, lo sé, pero es cierto que si uno siente que se enfada más de la cuenta, o si se lo dicen otras personas, si las consecuencias de esos enfados pueden llegar a implicar la pérdida de relaciones valiosas, recomiendo que la persona acuda a un profesional para que le ayude en la gestión de esas situaciones diarias, ganará en salud y en bienestar y hará ganar a las personas que le rodean. No es fácil, ¡pero se puede!
                                                                                             

Me equivocaría otra vez

By | Aceptación | No Comments

Hace unas semanas tuve una charla con amigas en la que salió el tema de repetir o no, aquellas experiencias de nuestra vida que sin duda nos han marcado y nos hicieron daño.
Se cuestionaba el hecho de si pasado el tiempo, creían o no que lo volverían a vivir.
La respuesta fue unánime: ¡SÍ!


¿Qué implica esa respuesta? ¿No haber aprendido de la vida o haber sanado la experiencia y haber aprendido con el paso del tiempo que aquello, (por mucho que implicase dolor), había valido la pena por distintos motivos?
Aprender de la experiencia no implica pensar que fue una locura haberse dejado llevar en aquel momento.
Por aquel entonces, eramos quiénes eramos, vivíamos lo que vivíamos, sentíamos lo que sentíamos y creíamos que en absoluto era una mala idea dejarse llevar. Por lo tanto, ¿pasado el tiempo, deberíamos enfadarnos con nosotros mismos por no haber sabido decir no o por no haber sabido gestionar de otro modo la situación? ¿Para qué?
Parece más sensato, realista y sano entender y aceptar que en la vida a veces uno se deja llevar por la corriente y que por suerte, casi siempre termina saliendo.
Parece más sano entender que en ese momento en realidad, nos escuchábamos a nosotros mismos y nuestra mente, (equivocada o no), nos invitaba a sentir lo que teníamos en frente.
La verdad es que yo me equivocaría otra vez, hoy no volvería a dejarme llevar ante la misma situación, (o eso quiero pensar y creer), , pero porque hoy ya no soy la misma persona, pero sin duda, sintiendo y pensando lo que sentía en el pasado, estoy segura de que dejarme llevar en aquel momento fue una buena elección.
Las aventuras implican muchas veces que el resultado del viaje no sea el esperado, pero no por ello no merecen la pena, al contrario, gracias a ellas hoy somos los que somos.
Tenemos muchas tareas pendientes en la vida, y una de ellas es la de relacionarnos con amor con nuestro pasado, con la persona que eramos y con nuestras decisiones de entonces.

¿Quieres que se hable bien de ti?

By | Aceptación, Autoestima, Confianza en uno mimso | No Comments

 

Hace mucho que quería poner esta imagen, me encanta, la uso un montón en consulta, me parece ¡taaaaan cierta!
Al final, ni haciéndonos el muerto TODOS hablarían bien de nosotros. Hay quien directamente no sabe hablar bien de los demás, bueno, no es que no sepan, es que algunos no quieren tomarse esa molestia, (si supiesen que sobre todo es bueno para ellos…).
No estamos libres de las críticas, no estamos libres de los comentarios o juicios acerca de nuestra persona o de nuestras conductas, pero

¿Hasta qué punto son importantes esas críticas?
¿Hasta qué punto hemos de adaptarnos a los deseos de las otras personas?
¿Hasta qué punto hemos de medir nuestra libertad por agradar a todos?
¿Hasta qué punto es realista nuestra meta, se puede agradar a todo el mundo?
En consulta vemos que se sufre mucho por esto, y lo peor es que en la mayoría de los casos, la preocupación del «qué dirán» no incluye a personas significativas de nuestra vida, sino todo lo contrario, sobre todo parece como que no nos hemos parado a pensarlo, porque en realidad nos preocupa que opinen mal de nosotros personas que no dan mucho o ningún sentido a nuestra vida. ¿Para qué les damos el poder de decidir por encima de nosotros a ellos?
En el caso de las críticas de las personas significativas, de las que sí que nos importan y sí que dan sentido a nuestra vida, obviamente a todos nos gusta agradar, todos tenemos ese propósito consciente o inconsciente de recibir siempre la aprobación, pero una vez más no es realista el pensar que nuestras decisiones siempre gustarán a todos y que por lo tanto tenemos fórmulas para evitar que se pueda hablar mal de nosotros.
Hay que aceptarlo, darle el valor que tiene y no desviarse de la realidad, al final, la calma uno la logra haciendo lo que desde «sus zapatos», siente que es lo mejor en ese momento y eso eso lo que debe hacer si pretende tener una conciencia tranquila.
No estoy invitando a no pensar en nadie más que en uno, en absoluto, pensar en uno también incluye pensar en las consecuencias de nuestras decisiones para las personas a las que queremos, pero… no es buena idea siempre valorar más los intereses de los otros que los propios.
Al final, ni haciéndote el muerto te vas a librar.
¡Feliz fin de semana!

Yo no doy el primer paso, que lo de él, que lo de ella… y la quietud se hace eterna

By | Solución de problemas | No Comments

Curioso el ser humano… Muchos os veréis reflejados en esta imagen. Muy probablemente habréis vivido situaciones similares, momentos en los que queremos mucho a alguien y en realidad lo que más desearíamos sería acercarnos y arreglar ese problema que nos mantiene alejados y que nos tiene enfadados cuanto antes, pero al mismo tiempo, algunas de nuestras emociones o de nuestros pensamientos nos impiden llevar a cabo ese acercamiento. Al final somos como la pareja de la foto. «Debería» acercarse él…. «Debería» acercarse ella… Y al final, unos por otros la distancia se alarga y el malestar aumenta y se prolonga, en algunos casos llega a durar días, semanas o inclusos meses y/o años, y al final, ¿para qué? ¿Qué obtenemos del orgullo y de la cabezoneria?


Hay parejas, amorosas, de amig@s, de herman@s, de compañer@s de trabajo, etc., que llegan a distanciarse eternamente por negarse a dar un paso hacia delante, por creer que es la otra persona la que «debe» darlo.
Jamás he sido fan del orgullo, entre otras cosas porque me gusta sentirme en paz con mi conducta y porque si alguien me importa de verdad, me importa lo suficiente como para no querer vivir con él/ella situaciones tan incómodas como la de la imagen.
Cuidarse a uno mismo al final también incluye hacer que las relaciones que nos importan mucho funcionen. Si la otra persona es más terca vale la pena dar ese paso, al final el malestar nos lo ahorramos nosotros mismos y además colaboramos en ahorrárselo a esa persona valiosa para nosotros.
Todos tenemos momentos de no acuerdo, faltaría más, pero al final, hablando se entiende la gente, ¿no? Desde luego mirando cada uno hacia un lado difícil encontrar soluciones eficaces a nuestros problemas.
Apartarse un poquito si es que estamos realmente «muy enfadados» para dejar que baje tanta emoción antes de hablar bien, pero una vez reducida, ¡Resuelve!

El «te lo dije» que más duele es cuando te lo dices a ti mismo

By | Aceptación, Autoestima | No Comments

Y muchas veces, por desgracia, es el que más se repite..
Es común y propio de todos los mortales, hacer cosas que a priori sabemos que quizás son algo descabelladas, dejarnos llevar omitiendo parte de la información que ya tenemos, para arriesgarnos en algo que a veces, ni nosotros mismos vemos posible. En parte, el que no arriesga nunca gana, y en muchas ocasiones, lo que en principio puede parecer una locura, termina sucediendo y sin ningún «te lo dije». Es cierto que si lo veías venir, muy probablemente no te escapes después de tu «te lo dije», pero también es cierto, que a toro pasado, todos lo vemos todo muy claro, todos tenemos mucho temple y mucha entereza. Parecemos más sabios y racionales.


Las decisiones tomadas en el pasado, tienen el sentido que tienen cuando las entendemos en base al momento vital que la persona estaba viviendo entonces. No siempre estamos en las mismas condiciones para cuidarnos tan bien o para pensar más racionalmente.
Al final, en la vida hay distintos «te lo dije», los de: «deberías haber hecho» y los de: «no deberías haber hecho». Ya es cuestión personal el decantarse más por una opción o por otra, pero del «te lo dije», parece que hagamos lo que hagamos, no nos escapamos.
Se dice que en si mismos, los «deberías» son creencias irracionales. Siempre «podríamos» muchas cosas, pero lo cierto es, que no siempre las hacemos, no siempre ocurren, no siempre hay una buena forma de responder a las cosas… No quiero hacer una invitación masiva al: «haz lo que sientas esté bien o mal», sin duda no pretendo eso, pero hemos de aceptar que muy probablemente nos equivocaremos en la vida más de una vez y más de dos, quizás tampoco es cuestión de fustigarse después con muchos «te lo dije», quizás con los justos para aprender un poco es más que suficiente.
No somos robots, somos personas, en nuestras vidas es bueno que hayan «te lo dije», señal de que vivimos, señal de que arriesgamos. Sin pasarse, obvio, si las consecuencias son todas terribles, quizás eso no vale la pena dejarlo surgir, pero si para nosotros hay un para qué, si hay un sentido claro de por qué queremos que algo pase o no pase, ¿por qué hacer otra cosa?