Pautas para manejar la impulsividad

By | Inteligencia emocional | No Comments
Nos pasa, muchas veces pensamos y pensamos y al final estamos tan agotados que no pasamos nunca a la acción. En cambio, otras veces no nos detenemos a pensar ni medio minuto, nos dejamos llevar por nuestros impulsos y hacemos o decimos lo primero que se nos pasa por la cabeza.
Evidentemente no todo en la vida es pensar una eternidad para decidirnos, sin duda no lo es, hay cosas que es necesario y/o magnífico hacerlas espontáneamente, es más, esa espontaneidad es algo que nos caracteriza y que nos hace ser especiales, define en parte el quiénes somos. Pero aún así, aunque ser espontáneos puede tener aspectos positivos, muchas otras veces esa impulsividad nos genera situaciones desagradables o complicadas que no nos ayudan a gestionar la relación con nosotros mismos o con las personas que nos rodean.
Hay distintos síntomas que indican que tenemos algún problemilla con el control de nuestros impulsos:
  1. Cuando en general no somos capaces de controlar nuestras conductas y aunque sabemos que algunas de ellas son nocivas para nosotros o para las personas que nos rodean, las repetimos una y otra vez.
  2. Cuando reconocemos que en general no solemos pararnos a pensar antes de actuar, cuando nos reconocemos como unas personas impulsivas que no suelen pensar en las consecuencias de sus actos.
  3. Cuando sabemos que no nos conviene llevar a cabo una acción en concreto porque es dañina para nosotros pero al no hacerlo sentimos un gran malestar que nos empuja a actuar alejados del razonamiento.
  4. Cuando a menudo tenemos sentimientos de culpa, vergüenza o remordimientos después de habernos dejado llevar por nuestros impulsos.
  5. Cuando constantemente cambiamos de actividad, cuando no somos capaces de terminar algo porque ya estamos pensando en la siguiente cosa.
  6. Cuadno tenemos una baja tolerancia al aburrimiento y a la frustración.
  7. Cuando somos incapaces de organizar las cosas y vivimos en un constante «ya veré», sin planificar nada.
  8. Cuando priorizamos más gustar a los demás que sentirnos en calma con nosotros mismos.
Hay algunas pautas que pueden ayudarnos a aumentar nuestro autocontrol:
  1. Aprender a parar y retrasar nuestra respuesta. Parar a pensar y decidir o responder más tarde.
  2. Reflexionar acerca de las consecuencias de nuestros actos y pensar en qué podríamos hacer y cómo.
  3. Detectar los estímulos que nos generan conductas impulsivas y tomar decisiones acerca de cómo necesitamos relacionarnos con ellos.
  4. Tener un teléfono SOS al que llamar cuando nos encontramos presos de la emoción y alejados por completo de la razón.
  5. Desarrollar conductas alternativas y a poder ser incompatibles con nuestra conducta impulsiva. Si por ejemplo es comer podemos ducharnos, pintarnos las uñas, pasear… hacer cosas que sean incompatibles con nuestra conducta impulsiva.
  6. Relajarnos, escoger alguna conducta que nos calme o aprender a respirar y hacerlo para reducir el impulso.
  7. Aumentar nuestro lenguaje interno para tener más mensajes tranquilizadores. Aumentar las autoinstrucciones, (distintos tipos de mensajes que nos ayudan a regularnos, a ser más conscientes de nuestros actos y a decidir mejor). Existen autoinstrucciones de diferentes tipos:
  • Autointerrogación: ¿Qué sería bueno que hiciese?, ¿Puedo hacerlo de otro modo?, Antes de hacer nada voy a pensar, ¿Tendría sentido hacer otra cosa?, ¿Qué he entendido?, ¿Si digo o hago lo que estoy pensando me estaré precipitando? 
  • Análisis de tareas: ¿Ahora en qué debo centrar mi atención?, ¿Cuál es el paso que he dado?, ¿Cuál es el paso siguiente?…
  • Autocomprobación: Repasar los pasos dados para ver si les encontramos la lógica…
  • Autorefuerzo: ¡Ánimo! ¡Lo estás consiguiendo!, ¡Lo estás haciendo bien!…
 
Por último, las personas que intentan hacer cosas para lograr tener autocontrol pero aún así no lo logran quizás sería bueno que se planteasen acudir a un profesional que pudiese facilitarle algunas pautas más personalizadas.

La inseguridad, la cara oculta de la perfección.

By | Autoestima | No Comments

Podemos decir que somos inseguros o que buscamos la perfección, podemos definirlo como queramos, pero al final hablamos de lo mismo. La perfección es una meta que en esta etapa de la vida parece que todos debemos alcanzar, es como si en todo tuviésemos que llegar a la excelencia, ya me dirás qué sin sentido…
El tema está en que esa perfección que nos exigimos o que nos exigen tiene muchas más consecuencias negativas de las que nos creemos. Hay muchas personas que a día de hoy aún piensan que lo mejor es no parar de exigirse, y cuánto más altas sean esas metas mejor, pero no, calma, las personas necesitamos grandes dosis de realismo, y en cuanto a nuestras metas, también, sinceridad ante todo.
No solamente necesitamos tener los pies en la tierra, también necesitamos tener un poco de buen humor, reconocernos alguno de nuestros logros y algo de calma. Las personas perfeccionistas no suelen tener mucho de esto último, son muy exigentes consigo mismas, no se conforman con nada, no son capaces de agradecer porque cuando hay que pararse para dar gracias ya están enfrascados en otra nueva super meta o enfadados porque no están todo lo comprometidos que «deberían estar» en sus tareas. 


Las personas perfeccionistas no son capaces de parar, relajarse, dejarse llevar, equivocarse… (en fin, vivir, porque equivocarse creo que es condición sine qua non de la existencia humana…).

Los perfeccionistas tienen altos niveles de ansiedad porque necesitan tener perfectamente claro que su trabajo es excelente y no pueden parar hasta que así lo sienten, (muchas veces no llegan a sentirlo nunca, por lo tanto aunque hayan dedicado horas y horas a algo, su trabajo parece que no es digno de reconocerse, «no ha valido la pena», «ha sido una estupidez».
Estas personas son muy rígidas en su pensamiento, tienen unas ideas muy claras de cómo deben ser las cosas y de cómo no deben ser, necesitan sentir que lo tienen todo bajo control, (otra gran mentira a la que muchos aspiran en la vida…), y cuando sienten que las cosas se les escapan, su ansiedad y sus obsesiones empiezan a dispararse, con lo que de nuevo sufren de más.
Las personas perfeccionistas constantemente tienen presentes todas aquellas cosas terribles que les podrían pasar, ¿por qué? porque no confían lo suficiente en ellas mismas y/o porque dramatizan en exceso las consecuencias negativas de que algo no sea exactamente como habrían deseado que fuesen.
Voltaire dijo que: «Lo mejor es enemigo de lo bueno”, y es que como sabemos o ya deberíamos saber, la perfección no existe, sin duda está bien hacer las cosas adecuadamente, pero al tratar de hacerlas todas perfectas muchas veces pagamos un precio muy alto, no vivimos ni la mitad de las cosas que desearíamos vivir, no nos reforzamos por nuestros logros, no nos permitimos equivocarnos, tenemos más ansiedad de la necesaria, dudamos de más, somos demasiado exigentes con nosotros mismos…
¿Por qué no puedes confiar ya en ti? 
¿Por qué necesitas que todo sea perfecto?
¿Por qué necesitas tanto la aprobación de los demás? 
¿Por que la excelencia debe ser lo único a lo que aspirar?

Las rupturas….

By | Terapia de pareja | No Comments

Las rupturas de pareja… ¿Cómo empezar este artículo?

Las rupturas duelen, las rupturas forman parte de la vida, las rupturas enseñan,…

Las rupturas son una MIERDA. La verdad es que sólo se me ocurre usar una palabrota para definirlas en una palabra, lo siento, pero los que me conocen saben que a veces enfatizo con ellas, (nadie es perfecto…) ?.

Existen distintas rupturas, no todas comparten el mismo escenario y por lo tanto no todas se viven igual ni generan las mismas consecuencias en las personas. Unas tienen más impacto que otras en nuestros sentimientos, no nos costará lo mismo superar una que otra.

Diferentes contextos de rupturas:

  • Ambas personas sienten, con calma y cariño, que es mejor no seguir con la relación, que ya no encuentran el sentido en mantenerla y que alejados como pareja la vida les irá mejor.
  • Ambas personas se sienten ya muy alejadas como pareja pero sólo de pensar en separarse les dan los siete males. Ya no tienen cosas en común, ya no saben lo que es la pasión si no es por las películas o los libros que puedan tener entre manos, ya no saben si su pareja es su pareja o; su compañero/a de piso, su amigo/a, su primo/a. No piensan en romper, pero en su interior saben que lo que tienen no es lo que esperan de una relación de pareja.
  • La pareja ha dejado de respetarse y de prestarse atención y cuidados, aunque antes lo hicieron, y mucho, se amaban, hoy se sienten incapaces de ver en el otro algo positivo. Cuando sientes que tu pareja saca lo peor de ti pero ahí estás. Ahora siguen por el pasado en común pero el presente les destroza, (como diría mi amiga Ana, malviven de rentas antiguas).
  • Una de las personas está locamente enamorada de la otra, pero ese sentimiento no es recíproco, y se nota día a día, un sin vivir con mucho sufrimiento por ambas partes. “Me encantaría quererte más pero no sé cómo”, vs. “Necesito que me quieras de nuevo más pero no sé cómo hacer para reenamorarte”. Una tortura china.
  • Una de las personas está locamente enamorada de la otra y no tiene ni la más remota idea de que la otra parte no siente en absoluto lo que sentía, no hay muestras en el día a día de ese cambio emocional, no se nota nada raro, así que el enamorado vive en una película, como en el Show de Truman, sin saberlo. Su pareja se muestra atenta, cariñosa, detallista, comprometida, pero guarda muchos secretos que tarde o temprano saldrán a la luz.
  • Una de las personas está encantada en su relación pero de pronto descubre que su pareja tiene un/a amante y/o una doble vida. Bomba nuclear.
  • Una de las personas está feliz en la relación y la otra le está haciendo la muerte lenta sin reconocerlo, cada vez le/la llama menos, le/la visita menos, le/la besa menos, etc. La persona cada vez dice tener menos tiempo para la relación, (curiosamente no hay ningún cambio en su día a día, no hay aumento de horas en el trabajo…, pero ahora no tiene el tiempo que antes sí que tenía). Lo peor de todo es que aunque sabes que te están haciendo la muerte lenta la otra persona no lo reconoce y gira la tortilla, eres tú que te estás rallando. Comienzo de la locura.
  • Una de las personas tiene que cambiar de residencia por trabajo, antes de ese cambio, “todo parecía estar bien” entre ellas. Como dicen la distancia hace el olvido, aprendemos a vivir sin el otro, a no necesitar ya su compañía, su afecto, su opinión, etc. y de pronto, pasa el tiempo, se vuelve a la situación inicial y ¡BOOM! Ya no sabemos por dónde empezar para sentirnos cómodos. Te añoraba, pero ahora sacar tiempo para ti o para tener relaciones se me hace cuesta arriba. Bienvenido a la nueva realidad.
  • Estábamos conociéndonos, todo pintaba bien, y de pronto, hemos empezado a darnos de cruces con la realidad, parecía súper pero tiene unas cosas tan raras y que me gustan tan poco… el príncipe azul era azul de tanto estrujarse para parecer otro que en realidad no es. Cuando ya se ha relajado ha perdido todo su encanto, nos hemos enamorado de un ideal que nos ha vendido y que en realidad nada tiene que ver con la persona con la que estamos. Empieza la duda; “Antes era así, ¿será que pasa por un mal momento?” “¿Será que verdaderamente no es así?” “Si ha sabido gustarme será que puede ser así, y si vuelve a serlo y me arrepiento de terminar la relación?” Empieza la rumiación obsesiva.
  • Hemos tenido una relación buena durante años y de pronto descubrimos que la persona con la que estábamos no es lo que nos había vendido, es un ser terrible que es capaz de lo peor. Nos enteramos de algo muy grave que ha hecho la persona con la que hemos compartido la vida durante años. (Abusos, robos…). De película de terror.
  • Hemos tenido una relación estupenda durante años y de pronto nuestra pareja nos hace saber que en realidad es gay, que lo ha escondido durante años, básicamente hasta que los hijos se independizasen y que ahora se va a vivir la vida con su nueva o antigua, pero escondida, pareja gay. Otra bomba nuclear.
  • Las cosas han empezado a ir “mal”, una de las partes sabe que todas las parejas pasan por ciertos momentos, la otra, decide terminar la relación y lo comunica por mensaje o con una llamada de teléfono, niega la posibilidad de hablarlo cara a cara o de intentar resolverlo.

Así, sin pensarlo demasiado, se me han ocurrido estos escenarios, seguro que hay más pero con estos ya puedo seguir con el propósito de mi post.

Sea por el motivo que sea, la ruptura existe, la vamos a tener que vivir y nos va a doler, sí, nos va a doler nos dejen o dejemos, y nos va a doler en todos los sentidos; físico, emocional y psicológico.

Se ha demostrado que las rupturas sentimentales duelen a nivel físico, no parten corazones en pedazos pero duelen. Se investigó en personas que miraban fotos de sus exparejas y se activaban las zonas del dolor, se liberan hormonas del estrés. Además duelen porque alteran nuestros ritmos habituales de sueño, digestión o alimentación, estamos agotados, como si nos hubiesen dado una paliza, desganados, nuestro sistema inmune se ve afectado. Nos convertimos en adictos, nos falta ese estímulo que aumentaba nuestra dopamina, (hormona relacionada con el enamoramiento, el placer y la satisfacción), nos faltan los besos, las caricias, los abrazos, la risa, la compañía y sobre todo esa “calma” que nos da saber que estamos acompañados en todo momento. En las rupturas nos volvemos obsesivos de todo aquello que hemos compartido con la que ha sido nuestra pareja y con la idea de que ya no compartiremos más cosas con él/ella.

Decía que las rupturas son una mierda por eso, porque sin duda vamos a tener que dedicar un periodo al malestar y son pocos los que encuentran el placer en esos estados transitorios, yo no, desde luego. Evidentemente si una ruptura se ha dado es porque tenía que darse, (aunque ahora no podamos entenderlo), y eso siempre es un regalo de la vida, con el tiempo lo veremos así habrá que tener paciencia, pero hasta entonces, hasta que entendamos que lo que pasó, pasó, tendremos que vivirla, sentirla, llorarla, negarla, odiarla, curarla y superarla. Nos guste o no esa será nuestra tarea y sin duda cuanto antes nos pongamos manos a la obra mejor, son nuestra calma y nuestro bienestar los que están en juego.

Es bueno que sepáis que las rupturas se superan, solemos sobreestimar el tiempo que tardaremos en superarlas, pero al final si seguimos con nuestra vida superamos las rupturas mucho antes de lo que pensábamos en los momentos iniciales. Se pasan, sí, de pronto uno/a despierta y ya no sabe cuántos días hace que ya no añora, ahora solo vive el presente, incluso puede que de nuevo esté empezando a sentir el amor por otra persona.

Las rupturas se superan, pero es importante saber que aunque sigan unas fases de duelo, el proceso no es lineal, TIENE ALTIBAJOS, podemos pasar de una fase a otra y de nuevo a la anterior, podemos arrepentirnos de la decisión, no hay que asustarse. Sobre todo al principio hay muchas contradicciones, y es normal, porque en una ruptura la persona no está con nosotros pero sigue viva, a veces es inevitable pensar en volver con ella y/o no dejarse llevar por los recuerdos o los miedos. La soledad es una realidad, es imposible llenar de un día para otro el hueco de una pareja, hay que aprender a lidiar con ello y al principio es doloroso.

No existe un remedio mágico que aniquile los síntomas de un plumazo, muchos vienen a consulta deseando que tengas la clave, que les haga dejar de añorar y recuperar de nuevo el sueño, el hambre o la alegría, pero no hay ningún remedio instantáneo.

Concluyendo que veo que de este post podría escribir un libro. Las rupturas duelen cuando las estás viviendo, sin duda no es lo mismo dejar a que te dejen, ni es lo mismo terminar bien que mal, ni terminar por decisión conjunta que con un dolor desgarrador, no es lo mismo, es verdad, pero sea cuál sea la situación previa la conclusión es la misma. Nos guste más o menos vivir una ruptura si forma parte de nuestra realidad habrá que vivirla y sin duda hay cosas que nos ayudarán más y otras que nos ayudarán menos. No conviene culparse por todo, ni compadecerse, ni pasar el día indagando en las redes sociales qué hace o dice, ni preguntar a nuestros amigos, ni hablar de ello a todas horas, ni parar nuestra vida, ni dejar de ser optimistas, ni abandonarnos a la suerte.

Las rupturas son desagradables porque duelen, en el momento se pasa mal y no nos gusta pasarlo así, pero con el tiempo, ¿verdad que ya habéis superado todas las que no creíais superar? ¿Verdad que si no hubiesen existido no habríais podido conocer a la que hoy es vuestra pareja? En la vida hay que tener paciencia, hay que darle tiempo al tiempo y hay que ser optimista y agradecido. Lo bueno es poder entender que en el momento lo pasaremos mal, pero con el tiempo esa experiencia habrá valido la pena, porque gracias a ella también somos hoy quienes somos.

 

¿Por qué se quejan las personas? Consecuencias negativas del “mal” hábito de quejarse.

By | Inteligencia emocional, Solución de problemas | No Comments

Hay muchas personas que tienen la tendencia molesta de quejarse por cualquier cosa, personas a las que básicamente las escuchamos para decir algo malo que les ha pasado, algo malo que han visto o sentido, algo que les parece injusto, aquello en lo que justo no hemos acertado… la cuestión es la misma: quejarse por lo que sea.  Pero, ¿por qué se quejan las personas?

Los principales motivos por los que las personas se quejan son los siguientes:

  1. Por insatisfacción. No logran disfrutar de la vida, lo ven casi todo feo, normal tirando a mal, insulso o criticable.
  2. Por intolerancia y/o falta de aceptación de la realidad. No aceptan que en la vida ocurren cosas que no nos agradan, y cuando eso ocurre lo viven muy mal.
  3. Por tener demasiados pensamientos de blanco o negro. Si pasa algo malo, la vida es mala. Si alguien hace algo mal, todo lo hace mal, etc.
  4. Por hábito. Por herencia, por imitación de los modelos familiares, o de la pareja o como aprendizaje posterior, han aprendido a enfocar más en lo negativo y a expresar lo que sienten en cada momento para «sentirse mejor».
  5. Por envidia. Tienden a compararse con los que sienten que ganan, con los que son más guapos, los que tienen mejores relaciones sociales, mejor pareja, mejor trabajo, mejor familia, mejor lo que sea. El resultado: ellos siempre están por debajo, la vida sigue tratándolas mal.
  6. Por egocentrismo y falta de empatía. Yo, yo, yo…. Los demás sí pueden sufrir pero, ¿yo? ¿por qué yo?.
  7. Como mecanismo de manipulación. Al quejarme obtengo atención, y/o logro hacer sentir culpable a otro y salir ganando de la situación.
  8. Por escasez de agradecimiento. Conectan con lo malo, se enfocan en todo lo que no les agrada, pero al mismo tiempo dedican poco tiempo o ninguno a agradecer aquello que les agrada de la vida.

 

Sin duda todas las personas tenemos ciertos deseos, ciertas preferencias o expectativas, las tenemos, sabemos que no siempre nos ayudan y que muchas veces ellas son las causantes de que vivamos algunos líos, pero ahí están.

El problema está en que la vida no siempre coincide con lo que esperamos de ella, y cuando eso ocurre, entonces damos rienda suelta a la queja. Nos quejamos de la conducta de las personas, de nosotros mismos, de las cosas que vivimos que no nos agradan o que nos parecen injustas, nos quejamos de la vida, nos enfadamos y por supuesto lo verbalizamos.

Muchas personas sienten constantemente que la vida no es justa con ellas, ven la vida desde un punto de vista negativo y evidentemente se comportan en base a esas creencias, (la vida no me parece justa y lo digo, me quejo, lo extraño sería que hiciesen otra cosa). Normalmente se quejan con el fin de buscar en los demás la compasión y la validación emocional, quieren (consciente o inconscientemente), que los demás reconozcan que efectivamente, la vida es injusta con ellos.

Las personas que suelen quejarse en exceso tienden a percibir la vida plagada de dificultades, y puede ser cierto en algunos casos, pero también ocurre que en muchos otros, esa percepción es más subjetiva que real. Es cierto que la mayoría de las veces las personas que se quejan no son conscientes de ello, los que lo notan son los que lo viven a diario, que además suelen encontrarse en la difícil situación de que si lo dicen, si manifiestan su desagrado por el continuo quejido entonces la persona «afectada» de nuevo afianza ese sentimiento de incomprensión y de que la vida no es justa para ellos, (no me entienden, y además si me quejo me critican…).

También es verdad que aunque al principio las quejas eran por «motivos justificados», con el tiempo el que descubre en la queja un método de obtener atención lo usa cada vez más por cosas triviales, llegando a destacar el aspecto negativo en casi todo lo que le rodea. Además, también suele darse la coincidencia de que las personas  con «menos suerte» en la vida, muchas veces no se quejan prácticamente, suele ser porque han entendido que el quejarse no les ayuda a resolver el problema sino más bien al contrario, esas personas al final han aprendido que quejarse no está relacionado con el problema en sí, sino más bien con su forma de relacionarse con aquello que les desagrada y con lo que de un modo u otro no les hace sentir bien.

Hay que tener cuidado con las quejas porque conllevan distintos aspectos negativos:

  1. Empeora nuestro estado de ánimo.
  2. Dificulta el buen fluir de nuestras relaciones.
  3. Paralizan. Nos generan sentimiento de indefensión cuando en realidad muchas veces tenemos mucho que poder hacer para que las cosas no sean como son, (aunque sólo sea cambiar nuestra actitud ya tenemos algo que poder hacer).
  4. Desgastan. Nos dejan sin energía.
  5. Nos llevan al problema y no a las soluciones.

Lo cierto es que a parte de un desahogo momentáneo no le veo demasiados aspectos positivos a las quejas, por lo tanto, cuando vayamos a quejarnos, antes de hacerlo quizás sería bueno que nos cuestionásemos para qué lo haremos, si realmente tenemos motivos para quejarnos y/o qué esconde esa queja que muy probablemente sería bueno que trabajásemos, (intolerancia, insatisfacción personal o con la vida, etc).

Tenemos pendiente aún llevar a la vida con mucho más ímpetu el arte del agradecimiento. Si nos centrásemos más en agradecer nos quejaríamos menos. Comprueba a ver si puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo.

 

 

El que siempre busca…

By | Aceptación | No Comments

Frase del maravilloso libro «La biografia del Silencio» de Pablo d’Ors, un clásico y un básico que no debe (a mi entender), faltar en ninguna librería o en ninguna mesita de noche. 

 

Esta semana, dos días consecutivos he hablado de esto con dos pacientes distintas, aunque ambas muy queridas por mi. Realmente es importante saber gestionar esas búsquedas, entenderlas, darles su espacio, permitirlas. (Sin convertirlas en el todo, como siempre con equilibrio).


Cuando nos hacemos conscientes de que en el día a día no cesamos en la búsqueda, podemos deducir que eso es señal de que de momento aún nos falta bastante aceptación de la realidad, no estamos conformes, no nos sentimos cómodos con lo que estamos viviendo, no nos termina de agradar nuestra vida o «X» circunstancia que vivimos.

Si nos falta aceptación puede ser por varias cosas:
1. Aún no sabemos cómo relacionarnos con esa realidad. Quizás nos duele que no sea como nos gustaría, nos da miedo o nos entristece, o no sabemos qué hacer con las emociones que nos dispara y que preferiríamos no tener y/o no vivir para sentirnos mejor.
2. Porque esa realidad en verdad no nos gusta lo suficiente como para aceptarla. Cuando somos conscientes de que no necesariamente tenemos que aprender a vivir en esa realidad porque la vida nos ofrece, (si nosotros lo permitimos) otras opciones. Al descubrir que la realidad no nos agrada podemos dejar de insistir en que esa sea nuestra realidad y abrirnos a vivir otras.
3. No sabemos diferenciar estar bien con conformarse. Tendemos a buscar y buscar el vivir nuevas experiencias, nos cuesta parar y apreciar lo que tenemos sin compararlo con las emociones intensas que podemos tener al descubrir situaciones desconocidas.

Sea por lo que sea, el que busca es porque no está bien con lo que tiene. Si uno se siente en búsqueda constante sería bueno que se plantee qué es lo que busca y por qué. Qué quieren decirle sus ganas de descubrir.

¿Enfadarse con cualquiera y por cualquier cosa? ¿Para qué?

By | Inteligencia emocional | No Comments

Este fin de semana tuve un encontronazo con un taxista, (quede claro que mi opinión de los taxistas es buena, como la de los demás seres humanos). Bien, yo iba conduciendo con mi moto cuando él decidió cambiar de carril hacia el mío sin más, sí, puso el intermitente, pero eso no hace que pudieses cambiar de carril sin valorar al resto de conductores, la velocidad de ellos, que si cambiaba de carril yo concretamente podía tener un accidente con él…
En el semáforo bajó la ventanilla y enfadado me empezó a culpar, «¿No has visto el intermitente? yo voy por delante de ti…. Bien, la cosa es que él estaba en su enfado y yo en mi calma de sábado por la mañana, ni por asomo le iba a permitir alterar mi calma, eso seguro. Al fin y al cabo, no sé ni su nombre, ¿para qué le voy a dar a un desconocido total el poder de alterar mi estado emocional y mi día? ¿Qué sentido tiene eso?
Le contesté automáticamente que lo sentía mucho, (vi claramente que mi intención no era tener un sábado por la mañana de discusión con un desconocido y que esa discusión con él no me iba a llevar a ningún sitio que no fuese la discusión absurda y el enfado, él quería tener la razón). 


Todo y pedirle disculpas me dijo: ¡No! Disculpas no! Es que tienes que fijarte…. Y dije: Perdóneme pero no puedo hacer más que lo que he hecho que es pedirle disculpas. La verdad es que ahí se calmó y me hizo un gesto con la mano en son de paz, el semáforo se puso en verde y yo seguí con mi sábado de relax contenta de mi respuesta y de haber priorizado mi meta por encima de la meta de un desconocido.
¿Para qué enfadarme con él? ¿Para qué alterar mi sábado?
¿Para qué enfadarme en general?
¿Qué es lo que logras después de cargar la culpa a otro?
Pocas veces nos enfadamos en el momento adecuado, con la persona adecuada y en la intensidad adecuada, en general si nos enfadamos a menudo es porque algo tenemos que resolver en nuestro interior que otros por desgracia pagan de más, (y nosotros mismos también, sin duda).
Hay que empezar a trabajar esto del enfado, el cómo gestionarlo y sobre todo es útil empezar por entender que el mayor afectado es uno mismo y que para estar contentos con nosotros mismos deberemos empezar por estar contentos también con lo que hacemos.

Si te dice que te quiere, que te diga para qué.

By | Terapia de pareja | No Comments

Siempre digo que el «para qué» es de las preguntas más importantes de la vida. En el caso de las relaciones también lo es.
En consulta insisto mucho en esto de los para qués en general y en pareja aún más. Por ejemplo, de cara a hacer una terapia de pareja es bueno saber para qué esas personas quieren estar juntas, para qué les vale la pena hacer el esfuerzo que implica trabajar en la relación. 
Esa pregunta tiene que tener una buena respuesta, de no ser así, vemos que quién no encuentra qué decir a día de hoy acerca de sus motivos, no encuentra el sentido de la permanencia de esa relación y muy probablemente su esfuerzo será en vano.


Cuando estamos en un lugar se presupone que es porque así lo elegimos, cuando escogemos compartir la vida con alguien en particular es porque nos reporta bienestar y porque nos suma. Si los motivos por los que estamos al lado de alguien en un determinado lugar no se encuentran, es mucho más probable que se abandone el esfuerzo porque no se encuentra el sentido de llevarlo a cabo.
Es buenísimo saber que nos quieren, pero es vital saber qué es lo que les merece la pena, qué es lo que les aportamos, y qué es lo que pretenden (a día de hoy), que ocurra de nosotros y con nosotros en ese viaje. Es bueno saberlo de los otros y de nosotros mismos. qué buscamos nosotros, qué encontramos ahí, por qué nos merece la pena esa compañía…
Esos motivos son lo que llenan de sentido las cosas. Así que busca tus para qués en general y también puedes pedir que te compartan los suyos.

Por no parecer desagradables se nos va llenando la vida de personas que nos sobran

By | Inteligencia emocional | No Comments

A veces nos pasa, suena un poco brusco, lo sé, pero la realidad es que ocurre más veces de las que nos gustaría.
«Es que me sabe mal», «Es que, ¿cómo voy a decírselo?», «Es que, ¿y si le sienta mal?», «Es que no puedo no ir», «Es que no puedo decir que no», «Es que…»

Es verdad que hay veces que no nos queda más que adaptarnos a personas que no nos gustan demasiado, es verdad que a veces no podemos elegir del todo quién sí y quién no está en nuestro día a día, casos como: el jefe, el/la suegro/a, el/la cuñado/a, el/la mejor amigo/a de la pareja, el/la vecino/a, algún/a compañero/a de trabajo…, de un modo u otro, nos guste más o menos, con estas personas tendremos que aprender a convivir. (Cogido con pinzas esto que acabo de decir, porque si realmente las conductas de esas personas son terribles, no sólo visto por mi sino que es verdaderamente objetivo que su conducta es negativa, entonces quizás no hace falta en absoluto plantearse esa obligatoriedad de convivencia). 


Bien, decía… Hay personas con las que por placer o no, aprenderemos a convivir por nuestra salud mental, pero en cambio hay otras que a día de hoy su presencia en nuestra vida ha perdido todo el sentido posible para nosotros, y que a demás no sólo no nos suman sino que además nos restan totalmente. No importa cuánto de importantes fueron en el pasado, (antes, cuando eramos súper parecidos, antes, cuando no había un abismo entre ella y yo…), la cuestión es que si a día de hoy nada me uno y todo me separa, ¿por qué sigo queriendo mantenerme ahí?, ¿por qué sigo manteniendo ese contacto si cada vez que lo tengo la resaca es mayor? La pregunta del millón evidentemente es: ¿PARA QUÉ?, ¿para qué seguir priorizando a personas que hoy en día no sólo no me aportan sino que además me chupan energía o me la contaminan? ¿Para qué regalar parte de mi escaso tiempo a alguien con quien ya no me aporta compartir?
¿PARA QUÉ?

Evidentemente a nadie nos gusta que nos aparten, del mismo modo que a nadie nos gusta apartar a personas y saber que les haremos sentir mal. Pero entonces, ¿cuál es el plan? ¿las cambiamos para que nos gusten mínimamente? ¿cambiamos nosotros, nos adaptamos a ellas?

Hay que aceptar que en la vida unos te amarán por unas cosas y otros te rechazarán justo por lo mismo, no podemos gustar a todos del mismo modo que no puede gustarnos todo el mundo, y no parece tener demasiado sentido que teniendo en cuenta que la vida es limitada, prioricemos a las personas que hoy no nos aportan y vayamos por la vida como regalando tiempo porque nos sobra, lo cierto es que no vamos muy sobrados ahí, hay que ser consciente de ello.

Lo que nos hace sufrir son nuestras resistencias a la realidad

By | Aceptación | No Comments

Sufrimos cuando no aceptamos las cosas tal y como son. Sufrimos cuando nos negamos a aceptar que aunque algo no nos agrade puede ocurrir. Sufrimos cuando nos empeñamos en centrar toda nuestra atención en rechazar lo que está pasando y en dedcartar el poder entenderlo.
Sufrimos cuando nos decimos que si yo no lo entiendo entonces es que no puede ser verdad.

Sufrimos cuando entendemos que como yo no lo habría hecho así no puedo aceptarlo, cuando nos decimos que como yo lo habría querido de otro modo o lo habría gestionado completamente distinto entonces no lo acepto porque no lo entiendo.
Sufrimos cuando nos decimos y nos creemos que si algo de lo que ha ocurrido en nuestra vida no lo compartimos, entonces no lo podemos aceptar, que necesitamos pensarlo y pensarlo hasta poder llegar a entenderlo, que si no es así no podemos pasar página.
En la vida las cosas no siempre son como nos gustaría que fuesen, ni tampoco las personas, es más muchas veces las cosas que pasan a nuestro alredrdor no encajan en absoluto con nuestro ideal. Pero en cualquiera de los casos, la verdad es que siempre necesitamos lo mismo, aceptar y seguir con nuestro compromiso, seguir cuidando nos, haciendo lo que esté en nuestras manos por mejorar nuestras realidades y las de los que nos rodean y nos dan sentido; necesitamos sentir, vivir, pero en ningún caso pasar el día pensando y rechazando las cosas, culpando a los otros a nosotros mismos y/o viviendo con rencores y enfados.
La vida es vivirla y no de cualquier manera, es aceptarla y surfearla. 

Consecuencias del perfeccionismo

By | Aceptación | No Comments

El perfeccionismo en sí puede ser dos cosas: una trola que jamás alcanzaremos o la realidad que ahora mismo vivimos, de cada uno depende qué se quiere entender por perfección.
En cualquier caso, la mayoría de personas que se definen como perfeccionistas o que tienen problemas para aceptar la realidad como perfecta, son aquellas que generalmente tienen un ideal claro de cómo deberían ser las cosas, (al menos en ese momento), y si la realidad no encaja con esa pureza, entonces necesitan trabajar en ello, o hacer que otros trabajen en ello para que al final todo sea como les gustaría que fuese, o como muchos sienten o se dicen, «como necesitan que sea para poder sentirse bien».


Las consecuencias de ese perfeccionismo no son muy buenas para las personas, normalmente lo sufren más que otra cosa.
El perfeccionismo suele funcionar como un círculo vicioso del que las personas que lo practican no saben cómo salir de él.
El proceso es el siguiente:
1- Insatisfacción con la realidad + deseo de perfección, (esto así no me gusta y por lo tanto «debería» ser de otro modo, ¿qué puedo hacer para que esto cambie?).
2-Miedo al fracaso o a fallar (¿y si no funciona?, ¿Y si no es suficiente? ¿Y si defraudo? ¿Y si se ríen de mi? ¿Y si me juzgan?…).
3- Postergación. Al final las cosas se van dejando para otro momento o incluso no se hacen. (No sé por dónde empezar, ¡qué dificil! y si…, y si… Bueno, mañana lo pienso o mañana empiezo).
4- Culpabilidad y críticas hacia uno mismo o hacia los demás (Debería haber dicho, hecho, reaccionado…).
5- Ansiedad, enfado, tristeza, desánimo. (El que la realidad no coincida con lo que yo querría y el no encontrar el modo para lograrlo genera emoción negativa en uno).
6- Disminuyen nuestros niveles de autoestima. (No nos sentimos tan capaces de lograr nuestras metas).
7- Aumenta nuestro miedo a equivocarnos. (Como no lo resuelva otro problema más que tendré, pero ¿Cómo lo hago?, no sé hacerlo…).
8- Volvemos a culparnos, ahora más duramente.(Si es que… ya debería, pero soy lo peor, no soy capaz, no soy constante, no tengo personalidad…).
1, 2, 3, 4…. En círculo.
Cuando hacemos esto lo que está claro es que perdemos tiempo, nos enfadamos y entristecemos porque somos muchas veces conscientes de que esa perfección no es necesaria, somos poco efectivos y cada vez toleramos menos el malestar, las diferencias y los fallos, tanto los nuestros como los de los otros. No logramos nuestras metas del día a día y por lo tanto aumentan nuestros sentimientos de frustración.
Cuando nos definimos como perfeccionistas normalmente nos marcamos muy a menudo metas inalcanzables, no nos planteamos si podremos o no lograrlas, si son o no realistas, sólo nos las planteamos y luego al ver que no podemos cumplirlas nos afecta y nos sentimos poco capaces.
¿Qué debería verdaderamente cambiar en tu vida para que ya fuese perfecta?
Hay que tener en cuenta que una vida puede ser perfecta teniendo cosas que no nos agradan, del mismo modo que una persona puede ser perfecta teniendo defectos. La ausencia de malestar no es igual a perfección.