Tiempo para reencontrarse con uno mismo

Todos hemos tenido desengaños y pérdidas que nos han provocado tristeza, desgana o desesperanza por la situación en sí, por cómo han ido las cosas y por cómo las hemos vivido y gestionado nosotros mismos.

Hay veces que no nos reconocemos, ¿cómo puede ser que yo actuase así?, ¿cómo puede ser que permitiese eso?, ¿cómo puede ser que todo y que no era feliz insistiera e insistiera?
Los que hemos vivido eso, sabemos que pasado el tiempo, pasadas las emociones propias de lo tóxico, las emociones fuera ya de esas relaciones o de esas épocas vuelven a cambiar, a estabilizarse o a mejorar.

Con el tiempo, si hacemos una buena gestión, de nuevo recuperamos la capacidad de ver las cosas con perspectiva, y a partir de ese momento empezamos a ser conscientes de que la vida, al no cumplir o no hacer posibles nuestros sueños de entonces, nos hizo un favor inmenso.

Qué maravilla cuando uno hace “click” y entiende que no prolongar un viaje a ninguna parte es una brillante idea y una inmensa suerte.
Paciencia, hay que reconocer las emociones, entenderlas, ser conscientes de que no desaparecen de un día para otro, necesitan un tiempo para recuperarse como lo necesitamos nosotros para recuperarnos.

Hay que tener en cuenta que aunque sepamos que volver ahí no es buena idea nos asaltaran las dudas, pero tendremos que ayudarnos volviendo de nuevo a verlo con perspectiva ¿si te lo contase un/a amigo/a que consejo le darías? ahora dátelo a ti mismo y trata de cumplirlo tanto como puedas.

Cuando somos “mentalmente sanos” tenemos la capacidad de borrar lo negativo más o menos pronto, y por lo tanto, tendemos a recordar con mayor facilidad lo bueno, y eso nos vuelve a generar dudas de nuevo. Conectamos con los recuerdos sanos de la experiencia pasada y nos llegamos a cuestionar por qué no estamos aún allí, por qué decidimos alejarnos.

En la consulta de psicología que tengo en Valencia, en estos casos de rupturas de pareja o de amistad, suelo recomendar a los pacientes coger papel y lápiz y escribir todo lo que no les gustaba de la relación, todo aquello con lo que no estaban conformes, todo lo que les hizo decidirse por terminar la relación o cambiar de rumbo, ésto resulta útil, sobre todo para aquellas personas que no tienden a ser orgullosas o rencorosas, las que pronto sueltan lo malo de la experiencia y que por lo tanto corren el riesgo de volver a mantener contacto con esa persona que no les hacía bien.

Todos, en alguna etapa del duelo tenemos momentos de debilidad en los que nos vuelven las emociones negativas con mayor intensidad, momentos en los que nos asaltan las dudas del si habré hecho bien o no, etc. En esos casos, recordar el sentido que para uno tenía esa separación puede sernos de gran ayuda.

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