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El que siempre busca…

By | Aceptación | No Comments

Frase del maravilloso libro “La biografia del Silencio” de Pablo d’Ors, un clásico y un básico que no debe (a mi entender), faltar en ninguna librería o en ninguna mesita de noche. 

 

Esta semana, dos días consecutivos he hablado de esto con dos pacientes distintas, aunque ambas muy queridas por mi. Realmente es importante saber gestionar esas búsquedas, entenderlas, darles su espacio, permitirlas. (Sin convertirlas en el todo, como siempre con equilibrio).


Cuando nos hacemos conscientes de que en el día a día no cesamos en la búsqueda, podemos deducir que eso es señal de que de momento aún nos falta bastante aceptación de la realidad, no estamos conformes, no nos sentimos cómodos con lo que estamos viviendo, no nos termina de agradar nuestra vida o “X” circunstancia que vivimos.

Si nos falta aceptación puede ser por varias cosas:
1. Aún no sabemos cómo relacionarnos con esa realidad. Quizás nos duele que no sea como nos gustaría, nos da miedo o nos entristece, o no sabemos qué hacer con las emociones que nos dispara y que preferiríamos no tener y/o no vivir para sentirnos mejor.
2. Porque esa realidad en verdad no nos gusta lo suficiente como para aceptarla. Cuando somos conscientes de que no necesariamente tenemos que aprender a vivir en esa realidad porque la vida nos ofrece, (si nosotros lo permitimos) otras opciones. Al descubrir que la realidad no nos agrada podemos dejar de insistir en que esa sea nuestra realidad y abrirnos a vivir otras.
3. No sabemos diferenciar estar bien con conformarse. Tendemos a buscar y buscar el vivir nuevas experiencias, nos cuesta parar y apreciar lo que tenemos sin compararlo con las emociones intensas que podemos tener al descubrir situaciones desconocidas.

Sea por lo que sea, el que busca es porque no está bien con lo que tiene. Si uno se siente en búsqueda constante sería bueno que se plantee qué es lo que busca y por qué. Qué quieren decirle sus ganas de descubrir.

Me equivocaría otra vez

By | Aceptación | No Comments

Hace unas semanas tuve una charla con amigas en la que salió el tema de repetir o no, aquellas experiencias de nuestra vida que sin duda nos han marcado y nos hicieron daño.
Se cuestionaba el hecho de si pasado el tiempo, creían o no que lo volverían a vivir.
La respuesta fue unánime: ¡SÍ!


¿Qué implica esa respuesta? ¿No haber aprendido de la vida o haber sanado la experiencia y haber aprendido con el paso del tiempo que aquello, (por mucho que implicase dolor), había valido la pena por distintos motivos?
Aprender de la experiencia no implica pensar que fue una locura haberse dejado llevar en aquel momento.
Por aquel entonces, eramos quiénes eramos, vivíamos lo que vivíamos, sentíamos lo que sentíamos y creíamos que en absoluto era una mala idea dejarse llevar. Por lo tanto, ¿pasado el tiempo, deberíamos enfadarnos con nosotros mismos por no haber sabido decir no o por no haber sabido gestionar de otro modo la situación? ¿Para qué?
Parece más sensato, realista y sano entender y aceptar que en la vida a veces uno se deja llevar por la corriente y que por suerte, casi siempre termina saliendo.
Parece más sano entender que en ese momento en realidad, nos escuchábamos a nosotros mismos y nuestra mente, (equivocada o no), nos invitaba a sentir lo que teníamos en frente.
La verdad es que yo me equivocaría otra vez, hoy no volvería a dejarme llevar ante la misma situación, (o eso quiero pensar y creer), , pero porque hoy ya no soy la misma persona, pero sin duda, sintiendo y pensando lo que sentía en el pasado, estoy segura de que dejarme llevar en aquel momento fue una buena elección.
Las aventuras implican muchas veces que el resultado del viaje no sea el esperado, pero no por ello no merecen la pena, al contrario, gracias a ellas hoy somos los que somos.
Tenemos muchas tareas pendientes en la vida, y una de ellas es la de relacionarnos con amor con nuestro pasado, con la persona que eramos y con nuestras decisiones de entonces.

Soltar y decidir alejarse de las personas que nos restan

By | Aceptar la realidad, Amor, aquí y ahora, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, Relaciones personales | No Comments

Hace unas semanas que en diferentes situaciones y ante gente distinta se plantea el tema de soltar a aquellas personas que no nos dejan ir para adelante o que nos dificultan ese fluir diario. El tema, sobre todo se me ha planteado en aquellos casos en que esas personas, “supuestamente” deberían sí o sí permanecer siempre en nuestras vidas y además hacerlo siempre sumando, ¿Qué casos son esos? Aquellos en los que se trata de familiares o personas que durante mucho tiempo fueron muy significativas en nuestra vida, bien por la relación que mantuvimos con ellas o por el rol que desempeñan, por su posición.

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Sobre todo en los casos de familiares, soltar resulta muy complicado para aquellas personas que se hacen conscientes de que esa compañía no les hace bien en su vida. Todos pensamos que alejarnos de una madre, un padre, unos hermanos, unos tíos o cualquier otro familiar es casi como anti natural, y sí, parece que en principio con esas personas deberíamos no sólo estar manteniendo una buena relación sino además poder mantenerla siempre.

Sí, eso en principio debería ser lo que ocurriese, o al menos eso nos han contado o hecho creer, pero lo cierto es que: “Bienvenido a la vida adulta, las cosas no siempre son como te gustaría que fuesen”, hay personas que por muy padres, madres, hermanos, hijos, tíos, primos, amigos o lo que sea que sean, no son ni buenas personas ni mucho menos buenas compañías. Cuesta soltar aquello que nos dicen que no debemos soltar o aquello que de alguna forma sentimos que está unido a nosotros, pero ¿Quién decide eso en nuestra vida? ¿Quién decide de quién nos rodeamos y con quién queremos dedicar nuestro escaso tiempo en este viaje?

Hace no mucho fui a la boda de una de mis mejores amigas y allí, sólo habían seres queridos, nadie invitado por compromiso, la anterior a la que había ido estaba llena de personas que no sabían qué hacían allí, yo era una de ellas, después de aquel día, decidí que nunca más iré a un evento así al que no quiera ir y no solamente eso, sino que a mis eventos, no vendría nadie que yo no quisiese que viniese de verdad. ¿Por qué digo esto? Porque forma parte de una de las conversaciones que me ha hecho plantearme este artículo, si mañana te casases ¿querrías verdaderamente invitar a todos tus familiares o a todos tus supuestos amigos? Si la respuesta es no, pregúntate por qué no lo harías, qué hace que no sientas ese vínculo, quién es el responsable de que no exista o de que no se mantenga, quién es el responsable de que no cambie, si verdaderamente te importa que ese vínculo exista y qué has hecho tú por hacer que aporte y sume. Si crees que no te nace, que no te suman, que no te aportan nada bueno ¿Deberías invitarles? ¿Por qué?  ¿Para qué?

Hay veces en las que uno trata de mantener un vínculo, muestra interés sano, trata de cuidar y mejorar una relación, se interesa por ella y por hacer que prospere, pero que uno se esfuerce mucho en que eso ocurra no garantiza nada. En ocasiones la otra parte no comparte en ningún caso ese interés contigo y por lo tanto esa relación al final sólo se mantiene por compromiso, porque se da por hecho que así debe ser aunque la realidad es que a ninguno de los dos les proporciona ninguna satisfacción dedicar ese tiempo al otro, cuando en verdad ambos se sentirían más aliviados deshaciéndose de esa carga que implica el mantener de algún modo ese vínculo.

Si somos conscientes de que nuestra vida es finita, que es nuestra y que podemos elegir con quién compartirla ¿por qué malgastamos tiempo con personas que no nos aportan nada y que no muestran ningún interés real por nosotros? ¿Para qué?

Una cosa muy triste en la vida es esperar eternamente esos gestos de amor de quién crees que debería sentirlos por ti y mostrártelos. La realidad es que en ocasiones esa persona no los siente por ti, porque no quiere, porque no tiene interés o porque no sabe, no me importa, al final es lo mismo, tú esperas y esperas y nada cambia ni llega nunca. Esa sensación de no entender por qué no nos quieren más o mejor cuando así “entendemos” que debería ser, esa sensación de estar eternamente a la espera nos posiciona en un lugar nada agradable que nos va minando y entristeciendo, que nos hace víctimas y nos invita a creer que tenemos que resignarnos y aceptar que esa debe ser la relación ¿Quién dice eso? ¿Por qué no podemos elegir decirle: ¡Adiós! No me haces bien, no vas a hacerlo porque ni sabes ni quieres y yo a mí mismo me quiero regalar lo mejor ¿Por qué tenemos que mantener relaciones que nos hacen entristecer porque supuestamente deberían sumarnos? ¿Por qué tenemos que compartir tiempo con personas que no nos quieren y a las que en realidad nosotros tampoco queremos o sí, las queremos, pero a costa de querernos mal a nosotros mismos?

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¿Es difícil soltar? Bueno, la respuesta depende de cada uno, piensa: ¿cuánto de difícil te resulta mantener esa relación y estar siempre a la espera o en discusiones y decepciones constantes? ¿Para ti tiene más sentido soltar la relación y liberarte de esa carga sobrante o mantener la relación aceptando esos pesos? En base a hacia dónde se decline más la respuesta a tu pregunta costará más o menos entender por qué difícil o no, tenemos que tomar una decisión y llevarla a cabo.

Yo lo tengo claro y creerme si digo que sé de lo que hablo, en la vida, en este corto viaje, lo más importante somos uno mismo, nuestra paz y felicidad y poder compartir nuestra vida con esas personas a las que queremos, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Elígete a ti por encima de cualquier “supuesto compromiso”, no le des el poder a nadie de amargar tus días, y mucho menos a alguien a quién en realidad no le importas o no te importa a ti, con el tiempo te lamentarás de ello, no vale la pena.

La vida es nuestra, es vivirla, sentirla, reírla, amarla, compartirla, disfrutarla, aceptarla con lo bueno y lo mano, lo duro y lo fácil, no seamos los encargados de complicarla de más. Quiérete y quiérela, si te cuidas estarás cuidando todo lo que de verdad te importa. Suelta todo aquello que te impide fluir, toma sabias decisiones escuchando tu corazón y no las voces de los “debería”.

Para sanar una herida, hay que dejar de tocarla

By | Amor, Autoestima, Rumiación | No Comments

Para sanar una herida, hay que dejar de tocarla. Así es, ¿no?

Resulta complejo, todos sabemos que cuando algo nos hace daño, dejar de pensar en ello no es tarea fácil.

Somos conscientes de que para poder salir del bucle en el que estamos inmersos, necesitamos incluir otros pensamientos, hacer otras cosas, salir, activarse, sentirnos mejor al fin y al cabo, pero… ¡RESULTA TAN COMPLICADO!

Los pacientes dicen: la teoría me la sé, pero…

Sí, para poder sanar una herida, hay que dejar de tocarla, necesariamente.

Made with Square InstaPic¿Cómo empezamos a hacer eso? Aceptando la realidad, nos guste más o menos, la realidad es que es esa, no es otra. Aceptarla siendo realistas, no negativos, sino realistas, sinceros, ¿te duele? Sí, ¿Pero… es grave? No, ¡Ah!, ¿entonces sólo necesitas tiempo, no?, sí, supongo que si…

Si tenemos la clave para poder curarla, ¿por qué la infectamos? no tiene mucho sentido, ¿no?

Lo hacemos porque no es fácil, lo sé, (los psicólogos también vivimos experiencias que no son de nuestro agrado, ¿creíais que no?, pues sí, no estamos exentos de ellas).

Sabemos que en ocasiones pedimos cosas que resultan complicadas, pero, sabemos porque las pedimos, sabemos que son útiles, sabemos que curan, y nos encanta curar. Esa es nuestra devoción.

Para sentirse bien, uno tiene que tener la percepción y/o la convicción de que se quiere, se cuida, o por lo menos lo intenta, pero si tenemos una herida y la solución para ella, y no la empleamos, ¿creéis que sentimos que nos estamos cuidando bien?, la verdad es que no.

Aceptar una herida, implica muchas cosas, quizás perdonar a otro, o a nosotros mismos, aceptar que nuestros deseos no van a ocurrir, aceptar un final, llorar, enfadarse, despedirse, etc. No es fácil, lo sé, pero… y seguir tocándola, ¿lo es? no.

No podemos escapar de las desgracias, de las tragedias, de las heridas o de las malas experiencias, forman parte de la vida, pero lo cierto, es que las alegrías, el amor, las personas, las aventuras, los sueños, las ilusiones o los planes, también forman parte de la vida. Cuando algo nos duele, no somos conscientes de esas cosas, además es como que no queremos ni verlas, ni creer en ellas, pero están, la vida también las contiene, y aunque tengas una herida, tienes motivos para levantarte, para agradecer, para reilusionarte y para seguir fluyendo.

Toca las heridas que tengas, no las ignores, si no tampoco las estarás curando, dales tiempo, dátelo a ti también, todo pasa, SIEMPRE, pero no solo las toques a ellas, toca también otras cosas, observa otras fuentes, las partes sanas, seguro que las tienes, búscalas.

Si lo que quieres es que tu herida se cure, permíteselo, deja de tocarla y de infectarla, no la hagas más grande, airéala, sal a la calle, pide consejo, o trata de olvidarte de ella algunos momentos. Cambia tu foco de atención, préstaselo a otras cosas.

Mira al futuro con curiosidad, convéncete de que te curarás, de que en la actualidad, hay cosas en tu vida que son más importantes que esa herida, recuérdate que aparecerán de nuevo más aventuras maravillosas, se justo, no sólo observes el dolor, te  mientes cuando haces eso, se menos duro contigo mismo y con tu experiencia.

Necesitamos aprender que la vida no es un mar en calma, en ocasiones aparece el oleaje, y tenemos remos, no han desaparecido, podemos mantenernos a flote hasta que vuelva la calma, podemos y debemos, así que:  ¡adelante!

La mejor mercromina para las heridas del alma, es una autoestima sana, es encontrar el sentido de las experiencias que vivimos, es darse cuenta de que aunque acumulemos muchas, el sentido de la vida sigue siendo vivirla y que nosotros nos garanticemos vivirla bien.

¡Ánimo!

 

 

 

PerdonARTE

By | Autoestima, Perdón | No Comments

Perdonar es un arte, eso es incuestionable, en cierto modo, forma parte de tu esencia, pero también puedes aprender a perfeccionarlo.

No todos saben llevar el perdón a la práctica, porque no todos ven los beneficios que aporta, no todos entienden que es un bien, básicamente, para uno mismo, no todos saben gestionar el rencor ni saben cómo desprenderse de la ira y la venganza que “parece” que es la única que puede salvarnos.

No todos saben que en realidad no es un acto de bondad hacia el otro, sino que es un acto de bondad hacia uno mismo, es un regalo que nos hacemos a nosotros, a nuestro bienestar.

10387304_290728144471245_7603821825526233311_nPerdonar es una maravilla para uno mismo porque:

  • implica cuidarse,
  • es quererse a uno mismo y quererse bien,
  • es desearse lo mejor,
  • es liberarse de orgullos y rencores,
  • es poder seguir tu camino eliminando toxicidad de tu interior,
  • es liberarse de pensamientos negativos y de tormento,
  • es permitirnos poder disfrutar de nuevo de esa/s persona/s,
  • al perdonar, te liberas del dolor, de la rabia y de la negatividad.
  • al perdonar vuelves a recuperar tu vida y tu paz.

Os animo no sólo a perdonar sino también a perdonaros a vosotros mismos.

El ser humano se equivoca constantemente, hay que aceptarlo y dejar de culparnos por ello, ni a nosotros mismos ni a los otros.

La vida pasa, no espera, ¡ayudaros a vivirla bien!

¿Tomas decisiones?

By | Solución de problemas, Toma de decisiones | No Comments

Esta frase, completamente interesante desde mi punto de vista, la he construido con este formato de imagen con toda la intención. Me explico, a menudo acuden a consulta personas que se sienten cansadas, agotadas mentalmente, y suelen decir: “no se ni por dónde empezar”, muchas veces, gran parte del problema radica en que no se da solución a los problemas, y finalmente, la persona se encuentra atrapada en un caos del que no sabe cómo salir, (como el de la imagen).10368221_225864120957648_438974923045812668_n

Para salir del desorden, tanto físico como mental, y de las emociones negativas que ésta inestabilidad implica, la persona debe pararse por un momento, analizar la situación y comenzar a priorizar y solucionar aquello que es realmente importante para lograr poner orden en su vida, parece fácil, lo sé, hacerlo ya es otro tema, pero la realidad es que existen métodos para lograrlo.

Lo adecuado en estos casos, es definir el o los problemas “reales” que hoy existen en su vida, y comenzar la búsqueda de soluciones para después, empezar a aplicar las que se ha valorado como más adecuadas.

Una vez realizado este proceso, la persona poco a poco, irá saliendo de ese caos en el que se encuentra, podrá comenzar a soltar aquello que le pesa, podrá liberarse de cargas innecesarias y ésto le permitirá comenzar de nuevo a fluir, irá poco a poco aumentando su bienestar y le ayudará a conectar de nuevo con el presente, ocupándose de los problemas y no tanto preocupándose por ellos.

Recomendación: “no dejes para mañana lo que puedas solucionar hoy”, no postergues.

¡Cuidado! es importante diferenciar entre hoy y ahora, diferenciar entre un problema individual y un problema que incluye a otro/s, también hay que tener en cuenta la importancia de respetar nuestros tiempos y los de los demás, no decidir impulsivamente, pero tampoco evitar la toma de decisiones.

Después del uno, el dos.

¡Adelante!