psicología

¿Qué hace a una persona inteligente emocionalmente?

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“Allí dónde la vida levanta muros, la inteligencia abre una salida” Marcel Proust.

 

Mucho se habla de la Inteligencia emocional, muchos dicen serlo y juzgan que otros no lo son nada. La verdad es que explicar la Inteligencia emocional en un sólo post es no difícil sino más bien imposible, es un tema que recoge muchísima información, pero… por algo se empieza, otros día seguiré hablando del tema.

Es cierto que no todos tenemos las mismas capacidades de Inteligencia emocional, o por lo menos no todos las tenemos tan desarrolladas.

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Las personas que tienen alta inteligencia emocional aplican constantemente ciertos hábitos en su día a día. Algunos de ellos son:

  • Centrarse en lo positivo: Cuando se sienten mal buscan si tienen un problema, si existe se orientan a la búsqueda de soluciones, se centran en sus capacidades más que en sus limitaciones y se ponen manos a la obra. asumen que su vida es suya y que no todo lo que en ella ocurre es negativo.
  • Pensar y mirar hacia delante: Tienen la capacidad de aprender de sus errores aceptándose como humanos y perdonándose por ello, no viven esos errores como algo que sigue hoy en día y que les marcará de por vida. Viven el presente, no están constantemente rememorando el pasado ni ideando el futuro.
  • Rodearse de personas optimistas: Suelen elegir a conciencia a las personas que les rodean, escogen a personas que les aporten confianza, con las que compartir conversaciones enriquecedoras y no mayoritariamente negativas, pesimistas o enjuiciadoras. comparten su vida con las personas con las que pueden ser ellos mismos, con las que se sienten cómodos para expresar lo que sienten, con aquellas con las que encuentran afinidad en la forma de entender el mundo y las relaciones.
  • Marcar límites: Asumen su responsabilidad para garantizar la calma en sus vidas, saben que de ellos depende, que no viene del exterior sino que uno debe colaborar en que el exterior altere cuanto menos. Por ello, son capaces de respetar sus límites, cuando deciden que algo es bueno para ellos tratan de garantizarlo, independientemente de que a otros les parezca o no bien. Saben decir No y lo dicen cuando es necesario, respetan los compromisos que establecen con ellos mismos y con los otros y se dan tiempo cuando lo necesitan. Son educados y considerados, pero sin permitir que crucen los límites que les vulneren. Antes de hablar o de responder impulsivamente tratan de mantener la calma.
  • Elegir en qué invertir la energía: Tienen sus propias opiniones de ellos mismos, de los otros y del mundo y respetan que los demás puedan tener otras opiniones, no juegan a convencer, a criticar ni a manipular, pero al mismo tiempo tampoco permiten que los demás hagan eso con ellos. Deciden en qué invertir su energía emocional y los enfados, la ira o los conflictos no suelen ser sus elegidos. Prefieren invertir su energía en aquellas situaciones que entienden que les suman.11160580_10152880220733131_8677925156218975576_n
  • Aprender de sus pasos y de los pasos de las personas que les rodean: Están abiertos al conocimiento, al aprendizaje, están abiertos a nuevas ideas, escuchan de forma activa aunque también tienen su propio juicio en el cual confían, van aprendiendo conforme les van sucediendo cosas en la vida.
  • Pensar en qué invertir su tiempo: Analizan qué les gusta en la vida, qué les llena, qué les motiva, se lo preguntan regularmente para decidir en base a su propio autoconocimiento. Saben quiénes son, qué les motiva a ellos verdaderamente y por lo tanto se garantizan formas de vivir felices, divertidas y agradables para ellos. Saben que son ellos los que deben dar sentido a su vida y que sólo podrán hacerlo si antes se preguntan qué les mueve personalmente.

 

 

“Una persona inteligente es la que sabe qué hay que decir en cada momento, pero una persona sabia sabe si hay que decirlo o no”. 

 

¿Cómo hago para dejar de procrastinar?

By | Autoestima, Confianza en uno mimso, Solución de problemas | No Comments

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En el artículo anterior http://queraltcentrosanitario.com/mucho-se-lee-y-se-escucha-de-la-procrastinacion-pero-en-que-consiste/ hablé de qué es la procrastinación y prometí que el siguiente post lo haría de cómo hacerle frente en nuestra vida, lo prometido es deuda así que ¡ahí va!

Como en todo en la vida tenemos muchas opciones y si nuestro problema es la procrastinación, deberemos ir probando las distintas soluciones posibles hasta dar con la nuestra. Como sabemos cada persona es un mundo y lo que a uno le funciona no tiene por qué funcionarle a otro, por suerte, como también sabemos, las soluciones nunca terminan así que si verdaderamente nuestro objetivo es solucionar lo que para nosotros es un problema podremos lograrlo insistiendo en la búsqueda de nuestra opción adecuada.

Para combatir la procrastinación, (la mala, esa que se convierte en una costumbre en nuestra vida) existen distintas soluciones, veamos algunas de ellas:

  1. La primera de las soluciones consiste en escucharnos, identificar el problema, tenerlo claro para a partir de ahí poder situarnos y tener un punto de partida desde el que poder empezar a actuar.
  2. Plantearnos las distintas opciones que tenemos, valorar (realmente) cuál nos conviene más (no cuál nos apetece más, sino cuál nos conviene).
  3. Tomar decisiones. En muchas ocasiones aplazamos tareas de forma inconsciente sólo porque en ningún momento nos hemos parado a pensar en ellas de forma racional y consciente. Date un momento para pensarlo y decídete.
  4. Valorar qué pasos deberemos dar para lograr nuestro objetivo. Cuantos más, mejor. Si tienes pocas opciones tienes más probabilidades de postergar.
  5. Priorizar. Este aspecto es vital en la vida y aunque todos sabemos lo que es muchos nos equivocamos al llevarlo a cabo. Si vas a construir una casa, antes de empezar a elegir los materiales de revestimiento de paredes y suelos deberás ir a por cemento, cables, fontanería, etc. Primero lo que no se ve, luego lo otro.
  6. Ordenar los pasos. Es muy importante ordenarlos, no empezar a construir ninguna casa por el tejado, siempre por la base.
  7.  Darnos plazos. Hay cosas que no podemos dilatar en el tiempo y que tampoco pueden invertirnos demasiado tiempo. En dar un paso no podemos estar 5 días, dar un paso cuesta un segundo, pruébalo, levántate, da un paso hacia delante, ¿Cuánto tiempo te ha costado? pues ese es el tiempo que puedes darte en llevarlo a la práctica.
  8. Visualizarnos llevando a cabo esa tarea y desdramatizar todo mal, puede que no sea lo que más ilusión te haga hacer, pero una cosa es pensar que es malo y otra es pensar que es terrible, mortal, devastador. Calmémonos, llamémos a las cosas por su nombre y veámoslas como debemos verlas, esto no es un trhiller, es la vida, hay épocas mejores y peores.
  9. Convencernos de que con ganas o sin ganas, con miedo o sin miedo, con calor o frío, con llanto o sonrisas, con ilusión o apatía, con facilidades u obstáculos, me da lo mismo, si es bueno para nosotros hay que hacerlo, como tantas otras cosas que hacemos, que hemos hecho y que deberemos hacer, ¿para qué retrasarlo, para que se nos amontonen?
  10. Respirar, gritar, llorar, hablarlo con alguien, ir a un psicólogo, etc. Haz lo que necesites, pero después de eso, empieza.
  11. Marcarnos una meta pequeña, conseguible, REALISTA. Hay que pensar en cosas que puedas lograr.
  12. Elegir entre las distintas tareas una por la que empezar. En este punto sólo se pretende que empieces, no importa si la tarea es o no muy relevante, lo esencial simplemente es elegir una y empezar.
  13. Empezar por lo más sencillo. Da un  primer paso. Recuerda: después del uno el dos, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. A veces queremos resolverlo todo hoy y esa meta hace que en vez de ver un escalón veamos una montaña, ¡Buuuf! ¡qué pereza!  y ya lo tenemos: “mañana empiezo”. No te engañes a ti mism@, quizás es una montaña, pero no hay que subirla toda hoy, piensa en el siguiente paso y dalo. Exígete luchar por ti, por tu bienestar, por darlo todo por alcanzar tus metas, pero no te exijas ser un “superman” ni una “superwoman”, si no tienes poderes, no los tienes, no te los exijas sólo conseguirás frustrarte.
  14. Trabajar sólo 5 minutos y dejarlo para otro momento. Dar el primer paso nos permite vencer la resistencia que tenemos a enfrentarnos al miedo.
  15. Pedir ayuda si la necesitamos. A veces queremos hacerlo todo nosotros solos y por lo visto, dicen que en la vida hay tareas que sólo pueden llevarse a cabo con la colaboración de otros, pero claro, hay que dejarse ayudar y también hacerles saber a los otros que vas a necesitar su apoyo.
  16. Comprometernos con nosotros mismo y con los otros. A veces, cuando tratamos de convencernos o incluso ya nos hemos convencido de que no lo haremos, no hablamos más del tema a ver si con eso se disipa hasta desaparecer por arte de magia o quizás otro se encarga de ello. Dilo y dítelo a ti mismo, comprométete. Parece ser que cuando le decimos a alguien que haremos algo solemos cumplirlo en un porcentaje mayor que si nos lo decimos sólo a nosotros mismos.
  17. Hacerlo público. No solamente decidir que lo harás tú, sino también decirlo a tantas personas como sea necesario por tantos medios como sea posible.
  18. Evitar los distractores. Trata de eliminar de tu alrededor todo aquello que te apetezca más que lo que realmente tienes que hacer. Deja el teléfono lejos, apaga la tele, deja esas tareas que ahora no son urgentes para después.
  19. Usar la regla de los dos minutos. Esta regla nos dice que si hay una acción que podemos hacer en menos de dos minutos en vez de pensarla y planificarla lo mejor será que la hagamos sin más.
  20. Construir rutinas. Si repetimos una tarea a diario al final la instalamos y terminamos haciéndola casi de forma inconsciente. Las rutinas simplifican nuestra vida así que repite hasta que formen parte de ti.
  21. Aprender a decir no. Posponer tus tareas por no saber decir no a otros es algo muy habitual pero a lo que no debemos acostumbrarnos.
  22. Cuidarnos. Más importante que el tiempo del que disponemos para llevar a cabo una tarea lo es la actitud que tenemos frente a ella. También será muy importante nuestra autoestima y nuestra sensación de competencia. Si creemos que no podremos llevar a cabo determinada tarea muy probablemente no la lograremos. Dicen que más importante que “ver para creer” es el “creer para ver”. Si te encuentras desanimado en general, con poca confianza en ti mismo, etc. pide ayuda a un profesional porque de no ser así tienes mayor probabilidad de hacer que la procrastinación se instale en tu vida.
  23. Revisar el tiempo. Tener un cierto control del tiempo que llevamos tanto postergando una tarea como en los pasos que nos llevaran a solucionarla.
  24. Hablarnos bien. Nuestra mente interna, cómo nos contamos las cosas es muy importante. Nuestras palabras pueden invitarnos a que sintamos o no que podemos lograr aquello que nos proponemos, pueden invitarnos o no a que encontremos el sentido que tiene el llevarlo a cabo. Nuestro pepito grillo puede ayudarnos a procrastinar o por el contrario impedirnos que eso ocurra.
  25. Aprender de nosotros mismos. Saber cuáles son nuestros puntos débiles, ante qué cosas hemos de estar alerta para tratar de no desviarnos de la consecución de nuestra meta. Pensar en quiénes somos y en nuestras debilidades, para ponérnoslo más fácil ayudándonos a no caer en la procrastinación o en el bucle del que queremos salir.
  26. Cuidar nuestra salud general. Descansar adecuadamente, comer una dieta variada y con cierto horario, hacer algún tipo de deporte o actividad física regularmente. Nuestra energía, además de depender de nuestra mente también depende de nuestro estado físico y si queremos ocupar bien nuestro tiempo deberemos ocuparnos de aumentarla.
  27. Ser realistas. Aceptar de antemano que a veces lo que uno quiere no se logra ni a la primera ni a la última, trabajar mucho en algo no garantiza necesariamente que el resultado que obtengas sea el que esperas obtener. También hemos de aceptar que a veces en el proceso decidimos abandonar la tarea o la meta porque nos hacemos conscientes de que no la vamos a lograr, que es imposible o que éste no es el momento. Empezar algo no implica tener que terminarlo siempre. Esperar el momento adecuado o decidir abandonar aquello que ya no nos interesa no es procrastinar, es ser responsable con uno mismo.
  28. Divertirnos de algún modo. Si lo que hemos de hacer nos resulta terriblemente pesado, aburrido, complicado o triste busquemos el humor en alguna parte, veamos si hay algo que podamos hacer de forma menos tediosa o tratemos de encontrar el humor después de hacerlo o antes. El humor es un destensor muy potente nos relaja y reduce muchas fuentes de malestar.
  29. Considerar habitualmente nuestras metas.  Cuando la tarea que tenemos pendiente para lograr nuestra meta nos resulta difícil o aburrida pensar en nuestra meta nos ayudará a no caer tan fácilmente en la procrastinación.
  30. Marcarnos unas tareas pequeñas diarias. Si nos exigimos demasiadas tareas es más probable que al percibir tanta carga nos “saturemos” y lo dejemos para otro momento día tras día. De nuevo es muy importante ser realistas y exigirnos aquello que podemos hacer para ir motivándonos paso a paso.
  31. Elegir un premio con el que compensarnos al finalizar las tareas, (que el premio no sea el lograr la meta, nadie dice que sí o sí vayas a lograrla), algo que te guste y que ejerza de motivador de la conducta.

La procrastinación es bastante común en todas las personas, es fácil dejarse llevar por cualquier otro distractor y más en los tiempo que corren en los que estamos rodeados de distractores. Además nos cuesta centrarnos en una actividad durante un período de tiempo, eso es normal, pero si queremos sentirnos bien con nosotros mismos una de las cosas a las que deberemos atender será a nuestra tendencia a procrastinar, este hábito impide que seamos eficaces y productivos y además nos aleja del bienestar que nos proporciona la consecución de nuestras metas y de la paz de sentir que lo que está en nuestras manos lo hemos garantizado.

Si nada cambia, nada va a cambiar

By | Aceptar la realidad, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, Locus de control, Rumiación, Solución de problemas | No Comments

Hacía tiempo que no leía un libro tan pequeño y tan útil como el de “No hay problemas, hay soluciones” de Virgile Stanislas Martin, os lo recomiendo.

Después de leerlo, he seleccionado varias partes y de ellas junto con mis reflexiones haré distintos artículos para el blog, espero que os gusten y os resulten tan útiles e interesantes como a mí.

“Cada uno se crea su propia realidad y luego se pasa el tiempo lamentándose de ella.

¿Te has dado cuenta de que si el bizcocho no sube siempre es culpa del horno?

Si es que somos, todos, víctimas inocentes”

 

En psicología, a esta forma de interpretar un suceso la llamamos locus de control externo, (Rotter, 1966), y hace referencia, a cuando una persona percibe que un evento externo ha ocurrido de forma independiente a su conducta. Este concepto, es importante desde el punto de vista de que si una persona piensa que lo que ocurre a su alrededor no depende de él/ella, es posible que no actúe para cambiarlo. La sensación de paralización y de indefensión que genera el sentir que no podemos controlar un evento, nos inhabilita para alcanzar nuestras metas.
A menudo, buscamos a alguien que nos resuelva el problema, “lo necesitamos”, ¿por qué no sube el bizcocho?, pero lo cierto es que el bizcocho ya no va a subir, nadie podrá hacerlo subir, nos quedará sólo aceptar la realidad del mejor modo posible y seguir buscando nuevas soluciones, o simplemente seguir, aceptando que hoy, no hay de merienda bizcocho a no ser que vayamos a comprar uno o hagamos de nuevo otro.
Cambiar la visión, salir del por qué, es lo que Virgile Stanislas llama crecer, o disolver el problema, a veces sólo nos queda esa opción para resolverlo, (el bizcocho, si no ha subido ya, no subirá, qué le vamos a hacer).

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Virgile Stanislas hace uso de muchas metáforas maravillosas, hace un momento nombraba la del bizcocho, también hace un buen uso cuando compara el fuego de una chimenea, con la manera en que las personas interpretamos los problemas y les buscamos soluciones. Explica que las personas solemos caer en dos errores lógicos a la hora de resolver problemas:
1. Saber quién ha encendido el fuego y cómo lo ha hecho no nos ayudará a apagarlo.
2. Si el fuego continúa ardiendo, a veces durante años después de haberse encendido, es porque alguien le va echando leña, y esa persona… eres tú.
La conclusión de estos errores es que si nada cambia, nada va a cambiar: si sigues echando leña al fuego, el fuego no se va a apagar.
Cuando la realidad empieza a no gustarnos, lo primero que solemos hacer es preguntarnos por qué, usamos el primer error lógico.

Este tema suelo hablarlo en mi consulta de psicología, me sigue resultando curioso, pero es enormemente cierto, lo hacemos. Una de las frases más repetidas en los despachos de psicólogos es: ¿por qué?, no lo entiendo.

Cuando algo nos hace sentir mal, algo no nos ha gustado, o algo no ha salido como deseábamos o esperábamos solemos buscar la causa del problema, pensamos que así lo entenderemos mejor y eso nos ayudará a encontrar la solución. Virgile Stanislas explica como la escuela ha influido en ese aprendizaje, en esa manera de hacer que todos tenemos, en matemáticas o en física nos enseñaron que al entender el problema lo resolvíamos, pero amig@s, la vida no es ni física ni matemáticas, no responde a leyes exactas, no siempre sigue el mismo patrón.
Cuando un problema sólo depende de nosotros mismos, (hacer régimen o deporte por ejemplo), cuando sólo nos necesitamos a nosotros mismos para buscar una solución el tema no es tan complicado, ahora bien, cuando hablamos de problemas humanos, de problemas relacionales el tema ya se complica. Nos relacionamos con otras personas, y eso hace que un problema pueda tener repercusiones en otros, o que necesitemos de la aportación de otros para resolverlo.
Virgile Stanislas nos dice que en esos casos, hay que pasar de la lógica analítica y causal a la lógica sistémica e interactiva, o lo que es lo mismo, de nada sirve ir hasta el origen del problema, (quién encendió el fuego y cómo lo hizo), lo importante es preguntarse quién lo mantiene encendido ahora (quién sigue echando leña al fuego) y cómo resolver el tema (cómo apagarlo).2307879
Hace una distinción entre problemas complejos y complicados. Complejos quiere decir compuesto por múltiples elementos, y complicados de difícil resolución.
Virgile Stanislas, nos invita a imaginarnos a una persona que está en mitad de un río, con el agua por las rodillas, y comenta que de nada le va a servir ponerse a reflexionar sobre si el agua sube, si se está hundiendo o si el cauce aumenta. Lo urgente es llegar a la otra orilla, recular no le va a servir de nada. Con este ejemplo nos lleva a otra metáfora: los problemas son como transiciones que nos llevan de una orilla a otra (salvo que el miedo o las dudas nos inmovilicen).
El primer error lógico, (saber quién ha encendido el fuego y cómo lo ha hecho no nos ayudará a apagarlo), nos provoca una parálisis mental: cuanto más intento comprender un problema, menos consigo resolverlo.
La segunda respuesta que solemos tener cuando detectamos un problema es la de buscar un culpable, así no tenemos que responsabilizarnos de nuestra vida, mejor hacemos responsable a otro de los errores, (volviendo al locus de control externo). Aquí entra en juego el etiquetado de la víctima: “¡Yo no he sido!, ¡ha sido él!”, y problema resuelto, que otro se encargue, de este modo, nuestro ego queda bastante intacto, ahora bien, nuestro aprendizaje… limitado. Hay personas que por medio de responsabilizar (o más bien culpar) a otros de sus problemas no los resuelven, (lo/a dejaría, pero… por mis hijos/as, cambiaría de trabajo, pero por mi madre/padre/compañeros de trabajo, etc.), no olvidemos que nuestra vida es nuestra, y si nuestros problemas son humanos, sí o sí tendremos una parte de responsabilidad y una parte por lo tanto en la que poder ejercer cambios.
De nuevo, Virgile Stanislas nos regala otra metáfora para referirse al segundo error lógico, en este caso se trata de la metáfora de la flecha de Buda:
Un hombre es herido por una flecha envenenada. Sus amigos y parientes lo llevan a un cirujano pero el hombre dice: “no dejaré que me quiten la flecha hasta que no sepa quién me ha herido, cuál es su casta, cuál es su nombre, quién es su familia, cuánto mide, de dónde es, con qué clase de arco me ha disparado, qué cuerda y qué pluma usa y de qué manera está hecha la flecha”.
No diremos cómo terminó el hombre… bueno sí, sin respuesta a todas sus preguntas y sin vida, quitar la flecha y curar la herida era la mejor y más útil solución, pero él quiso priorizar otras soluciones
Este segundo error crea un nuevo problema: Cuanto más acuso a los demás, menos acepto la responsabilidad actual de cambiar.

La profecía autocumplida o efecto pigmalión

By | Autoestima, Confianza en uno mimso, Efecto pigmalión, Profecía autocumplida, Seguridad en uno mismo | No Comments

Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón. (Henry Ford).

 

Aprovechando que estos días muchas personas hablan del efecto pigmalión por un anuncio de la televisión, hoy, hablaremos de ello.

¿En qué consiste en realidad este efecto?

Cuando hablamos en psicología, sociología o pedagogía de efecto pigmalión o profecía autocumplida, estamos haciendo referencia a las expectativas, a los prejuicios, a la confianza en uno mismo y en los otros, y al éxito a la hora de lograr aquello que nos proponemos o que es importante para nosotros.

Este efecto, tiene su origen en un mito griego, un escultor llamado Pigmalión, se enamoró de Galatea, una de sus creaciones. La admiración era tan fuerte que empezó a tratar a la escultura como si de una mujer real se tratase. Como podéis imaginar, al final, la escultura cobró vida durante un sueño de Pigmalión. Afrodita, al ver el amor que Pigmalión sentía por Galatea, la convirtió en mujer de carne y hueso.

De este modo, Pigmalión, no sólo logró lo que deseaba, sino que superó las expectativas que tenía en la estatua, quería tanto que representase a la mujer perfecta, que finalmente, la creó.

 

Lo haré bien porque mi profesor, padre, madre, amigo/a, jefe/a, psicólogo/a, cree que puedo hacerlo. 

Lo haré bien porque creo que puedo hacerlo.

A estas alturas, el ser humano  ya sabe que la confianza en sí mismo, sobre todo, la tiene que buscar en su interior, pero si bien es cierto, esa confianza en nosotros, también está formada por la imagen que los otros tienen de nosotros.

Muchas veces, cuando no nos sentimos bien, si nadie nos mira, nos dejamos llevar, nos hundimos, podemos no salir de casa en un fin de semana entero, y ni siquiera pasar por la ducha, pero, ¿somos capaces de hacerlo si otro nos mira?, en general no, o por lo menos no nos sentiremos tan cómodos, pensaríamos: ¿qué va a pensar de mi?

En muchos casos, los psicólogos recomendamos hacer públicas nuestras decisiones como dejar de fumar, ponerse a dieta, hacer deporte, etc., porque al decirlo a otros, ponemos en juego el que los demás puedan variar la imagen que tienen de nosotros, y eso ya nos condiciona más.

Al ser humano, le gusta agradar, le gusta que le reconozcan sus méritos, y por lo tanto, lo que piensen de él, influirá en sus acciones.

Además, aunque sin duda alguna la fuerza esté en nosotros, a veces no la encontramos, y si otro la ve, y puede hacer que la veamos, nos ayudará enormemente.

El efecto pigmalión por lo tanto, habla de cómo lo que otro pueda pensar de ti, puede influir en tu rendimiento.

Como imagino que ya debéis estar pensando, existen distintos tipos de efecto pigmalión, hay personas con capacidad para ser un pigmalión positivo, y otras para serlo en negativo.

Cuando hablamos de efecto pigmalión positivo, nos referimos a la capacidad que tiene una persona, de generar en otra, un aumento de la autoestima y de la confianza en él mismo, garantizando o fomentando que ésta, pueda llegar a llevar a cabo la tarea que se ha propuesto con éxito. Estas personas ven más allá, son capaces de ver capacidades en ti que tú ni siquiera has visto, pueden incluso hacerte creer que realmente la tienes, por lo tanto, te tratan como si ya las posees y depositan en ti una confianza que provoca lo que se llama la profecía autocumplida, si yo creo que tú eres capaz de lograr una meta, y te motivo, creo en ti y te lo hago saber, al final, tú podrás lograrlo, haré que saques todo tu potencial, y por lo tanto habré logrado que mi expectativa en ti se cumpla.

En cambio, el efecto pigmalión negativo, se refiere a la persona que contribuye en fomentar en el otro una bajada de autoestima y de confianza en él mismo para poder lograr un objetivo concreto. Es más, uno puede impactar tanto en el otro que éste, ni siquiera llegue a plantearse que esa tarea pueda desempeñarla con éxito. 

Cuando esperas cosas buenas de las personas les muestras esa confianza en ellos, y por lo tanto al final, con mayor probabilidad te responden de forma positiva.

Este fenómeno es muy importante debido a que tiene repercusiones en muchos ámbitos, podemos verlo en el educativo, el laboral, el social, el familiar o el de la pareja. Alumnos que abandonan el carnet de conducir o un deporte por un mal profesor, brillantes empleados que abandonan su puesto de trabajo por un mal jefe, hijos que no se creen capaces de lograr ciertas cosas porque así se lo hacen sentir sus padres, parejas que terminan la relación porque se convencen de que el otro no puede ofrecerle lo que busca o porque terminan sintiéndose poco válidos por los constantes ataques y reproches.

¡Cuidado! Todos nos posicionamos en ambos lados en algún momento o ante determinadas personas, la clave está en trabajar nuestros prejuicios, éstos serán los que nos condicionen el trato hacia el otro y los responsables de convertirnos en pigmaliones positivos o negativos.

Tenemos que trabajar nuestro foco atencional, ampliarlo, ver a las personas en conjunto, aprendiendo a mirar en ellas no solamente sus fallos, sino también sus aciertos, así, podemos colaborar en que el otro crezca.

Ser pigmalión positivo es genial, pero seamos realistas, no lo seamos si la meta es inalcanzable, recordemos que el objetivo es fomentar la autoestima y lograr la meta, pero valoremos previamente si se puede o no lograr antes de incitar a los otros a desempeñarla.

RECORDAR QUE NUESTRO LENGUAJE INTERNO PUEDE SER NUESTRO MEJOR PIGMALIÓN POSITIVO O NEGATIVO, NO NOS OLVIDEMOS DE ÉL.

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Abre las ventanas, que salga el miedo

By | ansiedad, miedo | No Comments

El ser humano tiene y construye miedos constantemente, desde pequeños nos enseñan que ésto o aquello da miedo, que ésto o aquello lo debes evitar, que es peligroso. Nos enseñan a evitar lo que puede dar miedo, y de mayores, ese aprendizaje nos acompaña en nuestro día a día.

Como hemos dicho, evitar sería nuestra primera respuesta, la innato, lo que se ha aprendido, lo que se nos ha transmitido, lo que se ha hecho para para garantizar la supervivencia de la especie desde tiempo remotos.

El problema, está en que en la actualidad las personas tienden a evitar muchas situaciones que etiquetan como peligrosas, cuando realmente éstas no lo son. En un primer momento esa evitación les calma, pero a largo plazo, el no enfrentarnos a nuestros miedos, sólo contribuye a que éstos aumenten, a que cada vez nos sintamos más asfixiados, como si estuviésemos cada vez más encerrarnos en una habitación sin ventanas, sin aire.

El miedo cada vez que lo evitamos aumenta, y cuanto más miedo tenemos, más incapaces nos sentimos de ponerle solución.

Cuando uno convive con un problema que no logra solucionar y que cada vez le encierra más en sí mismo, empieza a notar afectado su estado de ánimo, cada vez  se siente más triste, ahogado, indefenso.

En esos casos, los psicólogos recomendamos acudir a un especialista de la psicología, para que nos ayude a saber cómo empezar a enfrentarnos y cómo aprender a desmentir nuestras creencias irracionales de miedo.

El miedo es natural, pero hemos de reaprender a ser realistas, a darle a cada situación la gravedad o normalidad que tiene. Hemos de ser nosotros los que elijamos, no por miedo sino por gusto, lo que queremos o no hacer en la vida.

La vida es nuestra, ayudémonos a vivirla bien y enfrentémonos a lo que nos impide vivirla a nuestro antojo.

¡Ánimo, se puede!

 

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¿Por qué nuestra pareja no tiene una bola de cristal para leernos la mente?

By | Amor, comunicación, pareja, Solución de problemas | No Comments

Casi en el 100% de las terapias de pareja que se tratan en consulta desde la psicología, vemos que en algún momento los miembros de la pareja incluyen entre sus quejas algún comentario que hace referencia a ese poder de adivinar que le atribuimos al otro.

Las parejas nos hablan a los psicólogos de problemas de los que se englobarían dentro del hecho de pensar que nuestra pareja, por la cantidad de tiempo que nos conoce, tiene que poder leernos la mente.

Es bastante común ver como en pareja, damos por sentado que él o ella, que nos conoce a la perfección, tiene capacidades suficientes como para adivinar cosas como: lo que realmente necesitamos, lo que esperamos de él/ella, lo que queremos que pase, cómo debería comportarse el otro en determinadas situaciones, qué estoy pensando, cómo me siento, qué deseo escuchar, etc. Nuestra pareja parece que tiene la bola de cristal, puede conectar con nuestra mente al instante que quiera, y satisfacer nuestras necesidades en cada momento, y ésto puede hacerlo sin que nosotros le comuniquemos lo que nos está pasando.

10290668_268193253391401_7978371864630714771_n¿Dónde está el problema ahí?, hasta el momento, aún no se me ha presentado ninguna pareja en la que uno de los dos fuera adivino, quizás un día la tengo, quién sabe, sería alucinante, pero de momento, incluso si pienso en todas las personas que conozco a nivel personal, ninguna tiene ese poder, ¿y vosotros, conocéis a alguna?, si la respuesta es no, ¿por qué pensamos que nuestra pareja es una excepción?

¿Y si aceptamos que ni nosotros ni nuestra pareja somos adivinos?, ¿y si aceptamos que de momento si tenemos una bola de cristal, muy probablemente sólo sirve como pisapapeles o como decoración? ¿Y si comenzamos a aceptar que si queremos que el otro sepa algo quizás es bueno hacérselo llegar, comunicárselo?.

Bien, aceptado, nosotros no somos adivinos, ni nuestras parejas, ni nuestros amigos, ni nuestros familiares, por lo tanto, si tengo una necesidad que requiere de la intervención del otro, ¿por qué no la comunicamos?, ¿por qué no decirle al otro qué es lo que nos pasa, o cómo nos sentimos?. 

Si en algo insisto siempre, tanto en terapia como en mi vida personal, es en que nos debemos comunicar, pero comunicar no es simplemente hablar, es hablar con un fin, y tratar de lograr que ese fin se cumpla, contemplar qué queremos decir, cómo lo vamos a decir, cuándo, por qué vía de comunicación, etc. Comunicar tiene que tener un objetivo claro o varios, no es un simple hablar por hablar. 

En pareja, la comunicación puede tener el fin de expresar emociones positivas o negativas, de resolver un problema, de pedir ayuda, de cambiar algo, etc., sea cuál sea el fin que pretendemos, en todos los casos será necesario que nos expresemos con libertad y calma. 

Si el fin de la comunicación es solucionar un problema, propón soluciones, si comenzamos a hablar con nuestra pareja pensando en que realmente, como es adivino, si no hace lo que debería hacer entonces es porque realmente le da igual, en vez de porque no lo sabe, o porque no nos entiende, de nuevo estaremos lejos de alcanzar nuestro objetivo inicial.

Así que, ¡comuniquémonos!, pero recordar cuál es vuestro objetivo y adaptar el lenguaje y el tono, tener en cuenta la situación en la que se produce esa comunicación, cuantas más cosas sean favorables, mejor.