Amor

Saber ser feliz con lo que tienes: eso es la riqueza

By | sentido de vida | No Comments

Aprender a valorar lo que da sentido a nuestra vida, aquellas pequeñas pero a la vez inmensas cosas por las que nuestra vida tiene sentido, aquellas que hacen que nuestro día a día valga la pena y que sin duda, sin ellas no sería lo mismo. Agradecer, centrarnos en lo que funciona, aprender a decir gracias por lo menos el doble de veces de las que hacemos una crítica.
Hacer balance no sólo de lo que nos gustaría obtener, sino también de lo que ya disponemos.
Disfrutar todo lo que hoy nos da la vida. Detenernos por un instante para ser conscientes de lo afortunados que somos.
Ser optimistas y contribuir a que nuestra vida funcione.
Sentirnos en calma con lo que hoy nos rodea, sin que ello implique que renunciemos a tener propósitos. Tenerlos, pero que uno de ellos también sea agradecer.

Enamórate de ti, de la vida y luego de quién tú quieras

By | Autoestima | No Comments

Lo sabemos, sabemos que para empezar algo con buen pie, primero debemos amarnos a nosotros mismos, reenamorarnos, reencontrarnos y redescubrirnos.
Sabemos que primero uno debe sanarse a si mismo, estar en calma con quién es y con la vida.
Una vez que uno ya camina con un paso más firme, está en mejores condiciones para crear un proyecto común con otra persona. Lo sabemos, pero la realidad es que todo y nuestro enorme conocimiento, a menudo las relaciones empiezan sin que alguno de sus miembros se sienta en equilibrio. Al principio, debido a la emoción inicial, parece que seremos invencibles, que todos los miedos que antes teníamos han desaparecido, que somos otros, que ya no hay sombras, que todo es luz. Y sí, puede ser que alguien nuevo de pronto te enseñe a relativizar, a amar, a amarte, a perdonarte y/o a encontrar tu equilibrio, puede ser, sin duda, pero también puede ser que más adelante tus miedos vuelvan a aflorar, porque a veces, con el tiempo, cuando el éxtasis y la luz del momento inicial van disminuyendo, las sombras vuelven a encontrar recovecos por dónde mostrarse.


No pretendo con este post ser una fúnebre, en absoluto, pero es cierto que los psicólogos vemos más de lo que nos gustaría a personas que necesitaban un apoyo en un momento dado, que no se lo dieron y que un amor de pronto les hizo pensar que ya no lo necesitaban aunque luego vieron que sí. A veces, la consecuencia de ese autoengaño es que ese amor no funcione. O bien cargamos en la otra persona demasiado peso convirtiéndole en nuestro bastón y encargándole de nuestras debilidades, o bien le proyectamos todos nuestros miedos y nuestras inseguridades y también a la relación.
Es evidente que el amor surge cuando surge, y hay que ser muy valiente o cobarde, (cada uno pensará una cosa), para renunciar a él cuando llega porque no estamos en “nuestro mejor momento”, sólo quiero decir con esto, que si sientes que el amor aparece antes de que te sientas en equilibrio, no te engañes, sigue trabajando en él, sigue aprendiendo, sigue empoderándote, sigue descubriendo quién eres y quién quieres ser. Si te gusta lo que de pronto aparece en tu vida, valóralo, y para ello, sigue ocupándote de ti.

La profecía autocumplida o efecto pigmalión

By | Autoestima, Confianza en uno mimso, Efecto pigmalión, Profecía autocumplida, Seguridad en uno mismo | No Comments

Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón. (Henry Ford).

 

Aprovechando que estos días muchas personas hablan del efecto pigmalión por un anuncio de la televisión, hoy, hablaremos de ello.

¿En qué consiste en realidad este efecto?

Cuando hablamos en psicología, sociología o pedagogía de efecto pigmalión o profecía autocumplida, estamos haciendo referencia a las expectativas, a los prejuicios, a la confianza en uno mismo y en los otros, y al éxito a la hora de lograr aquello que nos proponemos o que es importante para nosotros.

Este efecto, tiene su origen en un mito griego, un escultor llamado Pigmalión, se enamoró de Galatea, una de sus creaciones. La admiración era tan fuerte que empezó a tratar a la escultura como si de una mujer real se tratase. Como podéis imaginar, al final, la escultura cobró vida durante un sueño de Pigmalión. Afrodita, al ver el amor que Pigmalión sentía por Galatea, la convirtió en mujer de carne y hueso.

De este modo, Pigmalión, no sólo logró lo que deseaba, sino que superó las expectativas que tenía en la estatua, quería tanto que representase a la mujer perfecta, que finalmente, la creó.

 

Lo haré bien porque mi profesor, padre, madre, amigo/a, jefe/a, psicólogo/a, cree que puedo hacerlo. 

Lo haré bien porque creo que puedo hacerlo.

A estas alturas, el ser humano  ya sabe que la confianza en sí mismo, sobre todo, la tiene que buscar en su interior, pero si bien es cierto, esa confianza en nosotros, también está formada por la imagen que los otros tienen de nosotros.

Muchas veces, cuando no nos sentimos bien, si nadie nos mira, nos dejamos llevar, nos hundimos, podemos no salir de casa en un fin de semana entero, y ni siquiera pasar por la ducha, pero, ¿somos capaces de hacerlo si otro nos mira?, en general no, o por lo menos no nos sentiremos tan cómodos, pensaríamos: ¿qué va a pensar de mi?

En muchos casos, los psicólogos recomendamos hacer públicas nuestras decisiones como dejar de fumar, ponerse a dieta, hacer deporte, etc., porque al decirlo a otros, ponemos en juego el que los demás puedan variar la imagen que tienen de nosotros, y eso ya nos condiciona más.

Al ser humano, le gusta agradar, le gusta que le reconozcan sus méritos, y por lo tanto, lo que piensen de él, influirá en sus acciones.

Además, aunque sin duda alguna la fuerza esté en nosotros, a veces no la encontramos, y si otro la ve, y puede hacer que la veamos, nos ayudará enormemente.

El efecto pigmalión por lo tanto, habla de cómo lo que otro pueda pensar de ti, puede influir en tu rendimiento.

Como imagino que ya debéis estar pensando, existen distintos tipos de efecto pigmalión, hay personas con capacidad para ser un pigmalión positivo, y otras para serlo en negativo.

Cuando hablamos de efecto pigmalión positivo, nos referimos a la capacidad que tiene una persona, de generar en otra, un aumento de la autoestima y de la confianza en él mismo, garantizando o fomentando que ésta, pueda llegar a llevar a cabo la tarea que se ha propuesto con éxito. Estas personas ven más allá, son capaces de ver capacidades en ti que tú ni siquiera has visto, pueden incluso hacerte creer que realmente la tienes, por lo tanto, te tratan como si ya las posees y depositan en ti una confianza que provoca lo que se llama la profecía autocumplida, si yo creo que tú eres capaz de lograr una meta, y te motivo, creo en ti y te lo hago saber, al final, tú podrás lograrlo, haré que saques todo tu potencial, y por lo tanto habré logrado que mi expectativa en ti se cumpla.

En cambio, el efecto pigmalión negativo, se refiere a la persona que contribuye en fomentar en el otro una bajada de autoestima y de confianza en él mismo para poder lograr un objetivo concreto. Es más, uno puede impactar tanto en el otro que éste, ni siquiera llegue a plantearse que esa tarea pueda desempeñarla con éxito. 

Cuando esperas cosas buenas de las personas les muestras esa confianza en ellos, y por lo tanto al final, con mayor probabilidad te responden de forma positiva.

Este fenómeno es muy importante debido a que tiene repercusiones en muchos ámbitos, podemos verlo en el educativo, el laboral, el social, el familiar o el de la pareja. Alumnos que abandonan el carnet de conducir o un deporte por un mal profesor, brillantes empleados que abandonan su puesto de trabajo por un mal jefe, hijos que no se creen capaces de lograr ciertas cosas porque así se lo hacen sentir sus padres, parejas que terminan la relación porque se convencen de que el otro no puede ofrecerle lo que busca o porque terminan sintiéndose poco válidos por los constantes ataques y reproches.

¡Cuidado! Todos nos posicionamos en ambos lados en algún momento o ante determinadas personas, la clave está en trabajar nuestros prejuicios, éstos serán los que nos condicionen el trato hacia el otro y los responsables de convertirnos en pigmaliones positivos o negativos.

Tenemos que trabajar nuestro foco atencional, ampliarlo, ver a las personas en conjunto, aprendiendo a mirar en ellas no solamente sus fallos, sino también sus aciertos, así, podemos colaborar en que el otro crezca.

Ser pigmalión positivo es genial, pero seamos realistas, no lo seamos si la meta es inalcanzable, recordemos que el objetivo es fomentar la autoestima y lograr la meta, pero valoremos previamente si se puede o no lograr antes de incitar a los otros a desempeñarla.

RECORDAR QUE NUESTRO LENGUAJE INTERNO PUEDE SER NUESTRO MEJOR PIGMALIÓN POSITIVO O NEGATIVO, NO NOS OLVIDEMOS DE ÉL.

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O aportas o te apartas

By | Amor, Cuidarse a uno mismo, pareja, Relaciones personales, Terapia de pareja | No Comments

Este mensaje, dicho de otro modo, ya lo he comentado en otros momentos, y es que no puedo estar más de acuerdo.
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Las relaciones, sean como sean, de amistad, de pareja, de familia o de trabajo, se mantienen, entre otras cosas, por un intercambio de reforzador. Tú me das-yo te doy, tú recibes-yo recibo.

Las relaciones, no pueden sostenerse en el tiempo siendo sólo una de las partes la que entrega, porque al final, todos necesitamos afecto, atención, escucha activa, un bastón que nos sujete cuando nos sentimos débiles, alguien que nos ayude a buscar soluciones cuando nosotros no las vemos, etc.

No es cuestión de dar EXACTAMENTE LO MISMO, pero sí debe haber un sentimiento de equidad, de no ser el único interesado porque la relación funcione, de no ser el único que se implica y que da para que se progrese.

Nadie nos obliga a estar dónde no queremos estar, si no quieres aportar, apártate.

Y nadie nos obliga a estar con alguien que no nos aporta, por lo tanto, si sientes que no te dan lo que crees que mereces, plantea cuáles son tus carencias y busca soluciones conjuntas con la otra parte para cada uno de los problemas.

Una vez planteadas las soluciones, empezar a ponerlas en práctica, tener en cuenta si realmente esas soluciones pueden aplicarse, sino, buscar otras, pequeños pasos que vayan generando cambios, pero sal, cambia, no te quedes dónde no te sientas bien.

Si eso no ocurre, si la otra parte no está dispuesta a dar, apártate.

En la vida uno debe cuidarse a sí mismo, SIEMPRE, y ese cuidarse pasa por no conformarse con cualquier cosa e implicarse en el logro del bienestar propio.

¿Estás en una relación de pareja? ¡Bienvenido al esfuerzo eterno!

El amor, entendido de cualquier modo, en pareja, amistad, etc., no se mantiene solo, hay que cuidarlo, hay que regarlo, hay que mimarlo, atenderlo y sobre todo hay que prestarle atención, en ocasiones, en la consulta de psicología, los psicólogos vemos que en realidad, el problema no está en que no haya amor en la pareja, sino que el problema reside en que no lo observan, no son capaces de apreciarlo, de valorarlo, de sentirlo, de conectar con él.

¿El amor ya no te sale solo?, ¿ya no te nacen esas acciones que antes te salían de forma espontánea?, ¿y?, me pregunto yo, no importa eso, lo que importa es que si has decidido estar en un lugar con alguien a quién aprecias, debes entender que las ganas hay que sacarlas de dónde sea, porque si has decidido estar ahí, debes ser consciente de tus responsabilidades para que esa relación sea buena, sana y placentera.

El enamoramiento no es eterno, va desvaneciéndose (por suerte), y aparece otro tipo de amor, uno más sano y real, en el que ves a la persona en su conjunto, con todas sus caras, si después de esa etapa inicial sientes que esa persona no es para ti, vete, (te despides previamente, y te vas), pero si sigues pensando que muchas de sus virtudes te fascinan, no las olvides, míralas de vez en cuando y hazle saber a tu pareja cuanto te gustan.

¿Quién ha dicho que en la vida como en el amor sea todo fácil?

Aún así, ¿quién dice que no valga la pena vivir todo este potaje de emociones y sentimientos?

¿Te gusta que te den afecto y atención?, pues es fácil, al otro también le gusta, cuida lo que tienes, dale su valor, no te lamentes luego de lo que deberías haber cuidado y no cuidaste.