Si te da miedo, entonces no te queda más remedio que hacerlo

Muchas veces tememos, nos da miedo tomar decisiones importantes.
Nos cuesta decidir cuando estamos ante una situación en la que vemos que hagamos lo que hagamos perderemos cosas valiosas para nosotros.
Hay muchas situaciones en la vida en las que nos ocurre esto, no nos sentimos bien, sabemos que hemos de tomar una decisión para salir de ese estado, pero…. ¿y si me equivoco? ¿y si me arrepiento? ¿y si sufro? ¿y si no lo supero?… Empezamos a pensar en todo lo malo que nos ocurrirá o que podremos perder y el miedo nos paraliza, como conclusión no movemos ficha y seguimos en un lugar en el que no nos sentimos bien con nosotros ni con nuestra vida. 


Es evidente que cuando nos cuesta tomar una decisión es porque algo perderemos, si solo fueran ganancias no habría problema, ni miedo, pero hay que ir un poco más allá de las pérdidas inmediatas, necesitamos no solo centrarnos en lo que nos pasará justo después de tomar la decisión, sino también en el largo plazo, centrarnos en los cambios que experimentaremos pasado un tiempo desde la decisión tomada. En lo que ganaremos a la larga.
El cambio forma parte de la vida, es más, la vida es un cambio constante, podemos renunciar a experimentar algunos de estos cambios pero el precio a pagar es alto, renunciamos a deseos, a metas, a vivencias, a mejoras, renunciamos a vivir.
Si le temes a algo que sientes que precisas hacer plantéate cuántas cosas te estarás permitiendo una vez lo lleves a cabo, piensa en personas que hayan pasado por una situación similar y en cómo arriesgar les ha cambiado sus vidas. Piensa que en el pasado has tenido miedos a los que te has enfrentado y como al final pasaron simplemente a formar parte de tus vivencias. Todo pasa, todo cambia y todo llega, la serenidad vuelve siempre si nos la permitimos, pero el precio a pagar para obtenerla casi siempre implica arriesgar y vivir momentos de crisis, concédete la oportunidad de lograr tu calma, confía en ti y en el tiempo.

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