En 2015 acabé la carrera de Psicología y decidí continuar mi formación cursando un Máster en Psicología General Sanitaria y después otro en Psicología Clínica. Tengo experiencia en el campo de la discapacidad, del autismo y de la enfermedad mental grave sin embargo, mis intereses y sueños me han llevado a la psicología clínica.

Mi proyecto de final de máster, un programa de prevención de la sintomatología depresiva en niños tras un episodio de separación de los progenitores me permitió profundizar en dos de las áreas que más me interesan, la pareja y la infancia.

No recuerdo una época de mi vida en la que no soñara con ser psicóloga. Me recuerdo a mi misma de bien pequeña imaginándome sentada en una silla y escuchando las historias y anécdotas de quienes me visitaran, mientras apuntaba con mi boli verde todos los detalles. Con el tiempo me di cuenta que ser psicóloga iba más allá de una curiosidad superficial, que era una curiosidad completa por el ser humano y una profesión preciosa con la que poder ayudar a la gente, generar destrezas y habilidades para mejorar, o ayudarles a reconducir sus vidas.

La psicología me viene en la sangre. Mi padre también lo es, aunque cada uno hemos elegido caminos separados, el hacia el mundo de la discapacidad y yo, sobre todo, hacia la terapia de pareja, de autoestima de familia e infantil, que es lo que me apasiona. Pero siempre es bonito tener alguien en casa con quién poder hablar de cuanto nos gusta la psicología.

Cuando mis pacientes vienen a consulta me gusta que se sientan tranquilos, cómodos y libres de juicios para exponerme sus temores o sus preocupaciones ya que, por experiencia, sé que no es sencillo.

Cada persona es diferente y por ello cada terapia que realizo la adapto a ella. Pero siempre con una característica común: las sonrisas. Ya que creo que es el ánimo y la aprobación inicial que todos necesitamos.

Un psicólogo es como un entrenador personal de esos que tanto se han puesto de moda últimamente, pero no dedicándose al ejercicio físico, dedicándose al ejercicio emocional, ayudando a potenciar habilidades que no tenemos desarrolladas y sacándolas a flote.