¿Huir? ¿Para qué? ¡Enfréntate!

No podemos huir de lo inevitable porque termina volviendo a plantarse frente a nosotros.
No cabe duda de que cuando tenemos algo que resolver, por mucho que tratemos de ignorarlo, de pensar en otra cosa, de distraernos haciendo otra cosa o lo que sea, al final esa preocupación vuelve a nosotros, es nuestra vida, es nuestro bienestar lo que está en juego y escapar de ello es perjudicarnos a nosotros mismos en muchos más ámbitos.
Cuando algo nos inquieta tenemos la responsabilidad de ocuparnos de ello, ponernos manos a la obra y coger el toro por los cuernos. ¿Si no qué?
Hay situaciones que se resuelven por sí solas, que sólo precisan de tiempo y en las que no podemos o no tenemos que hacer nada más que esperar, por ejemplo si nos cortan el pelo y no nos gusta como nos queda dejamos pasar el tiempo y el problema se resuelve, pero en general, la mayoría de los problemas que nos afectan requieren de nuestra atención y colaboración. 


La respuesta de huida o de evitación es típica ante una situación de incertidumbre o miedo, pero si nos dejamos llevar por ella nuestro problema no hará nada más que aumentar, mantenerse en el tiempo y/o generar nuevos problemas.
Cuanto más tiempo dejes pasar, más fuerza cogerá el problema, tus rumiaciones acerca de todo lo malo que podría pasar van siendo cada vez más realistas, no sólo parecen un simple pensamiento sino que cada vez las crees más ciertas.
Es evidente que para resolver problemas cuánta más energía y actitud tengamos menores dificultades encontraremos para empezar a ocuparnos, pero claro, todos los que habéis rumiado o rumiáis de vez en cuando sabréis lo agotador que resulta el pensar en bucle una y otra vez, así que evidentemente, cuánto más tiempo pasa sin que empecemos a actuar con nuestro problema y más rumiamos más agotados estamos y menor actitud para enfrentarnos a él.
Hay que tener en cuenta que en nuestra mente los problemas siempre parecen peores que en la realidad, piensa en todos aquellos problemas a los que te has enfrentado y en cómo de gigantes te parecían entonces y cuánto lo eran en realidad.
No te enfoques sólo en el miedo, es más enfócate básicamente en lo que obtendrás una vez resuelvas ese problema. 

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