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¿Por qué se quejan las personas? Consecuencias negativas del “mal” hábito de quejarse.

By | Inteligencia emocional, Solución de problemas | No Comments

Hay muchas personas que tienen la tendencia molesta de quejarse por cualquier cosa, personas a las que básicamente las escuchamos para decir algo malo que les ha pasado, algo malo que han visto o sentido, algo que les parece injusto, aquello en lo que justo no hemos acertado… la cuestión es la misma: quejarse por lo que sea.  Pero, ¿por qué se quejan las personas?

Los principales motivos por los que las personas se quejan son los siguientes:

  1. Por insatisfacción. No logran disfrutar de la vida, lo ven casi todo feo, normal tirando a mal, insulso o criticable.
  2. Por intolerancia y/o falta de aceptación de la realidad. No aceptan que en la vida ocurren cosas que no nos agradan, y cuando eso ocurre lo viven muy mal.
  3. Por tener demasiados pensamientos de blanco o negro. Si pasa algo malo, la vida es mala. Si alguien hace algo mal, todo lo hace mal, etc.
  4. Por hábito. Por herencia, por imitación de los modelos familiares, o de la pareja o como aprendizaje posterior, han aprendido a enfocar más en lo negativo y a expresar lo que sienten en cada momento para “sentirse mejor”.
  5. Por envidia. Tienden a compararse con los que sienten que ganan, con los que son más guapos, los que tienen mejores relaciones sociales, mejor pareja, mejor trabajo, mejor familia, mejor lo que sea. El resultado: ellos siempre están por debajo, la vida sigue tratándolas mal.
  6. Por egocentrismo y falta de empatía. Yo, yo, yo…. Los demás sí pueden sufrir pero, ¿yo? ¿por qué yo?.
  7. Como mecanismo de manipulación. Al quejarme obtengo atención, y/o logro hacer sentir culpable a otro y salir ganando de la situación.
  8. Por escasez de agradecimiento. Conectan con lo malo, se enfocan en todo lo que no les agrada, pero al mismo tiempo dedican poco tiempo o ninguno a agradecer aquello que les agrada de la vida.

 

Sin duda todas las personas tenemos ciertos deseos, ciertas preferencias o expectativas, las tenemos, sabemos que no siempre nos ayudan y que muchas veces ellas son las causantes de que vivamos algunos líos, pero ahí están.

El problema está en que la vida no siempre coincide con lo que esperamos de ella, y cuando eso ocurre, entonces damos rienda suelta a la queja. Nos quejamos de la conducta de las personas, de nosotros mismos, de las cosas que vivimos que no nos agradan o que nos parecen injustas, nos quejamos de la vida, nos enfadamos y por supuesto lo verbalizamos.

Muchas personas sienten constantemente que la vida no es justa con ellas, ven la vida desde un punto de vista negativo y evidentemente se comportan en base a esas creencias, (la vida no me parece justa y lo digo, me quejo, lo extraño sería que hiciesen otra cosa). Normalmente se quejan con el fin de buscar en los demás la compasión y la validación emocional, quieren (consciente o inconscientemente), que los demás reconozcan que efectivamente, la vida es injusta con ellos.

Las personas que suelen quejarse en exceso tienden a percibir la vida plagada de dificultades, y puede ser cierto en algunos casos, pero también ocurre que en muchos otros, esa percepción es más subjetiva que real. Es cierto que la mayoría de las veces las personas que se quejan no son conscientes de ello, los que lo notan son los que lo viven a diario, que además suelen encontrarse en la difícil situación de que si lo dicen, si manifiestan su desagrado por el continuo quejido entonces la persona “afectada” de nuevo afianza ese sentimiento de incomprensión y de que la vida no es justa para ellos, (no me entienden, y además si me quejo me critican…).

También es verdad que aunque al principio las quejas eran por “motivos justificados”, con el tiempo el que descubre en la queja un método de obtener atención lo usa cada vez más por cosas triviales, llegando a destacar el aspecto negativo en casi todo lo que le rodea. Además, también suele darse la coincidencia de que las personas  con “menos suerte” en la vida, muchas veces no se quejan prácticamente, suele ser porque han entendido que el quejarse no les ayuda a resolver el problema sino más bien al contrario, esas personas al final han aprendido que quejarse no está relacionado con el problema en sí, sino más bien con su forma de relacionarse con aquello que les desagrada y con lo que de un modo u otro no les hace sentir bien.

Hay que tener cuidado con las quejas porque conllevan distintos aspectos negativos:

  1. Empeora nuestro estado de ánimo.
  2. Dificulta el buen fluir de nuestras relaciones.
  3. Paralizan. Nos generan sentimiento de indefensión cuando en realidad muchas veces tenemos mucho que poder hacer para que las cosas no sean como son, (aunque sólo sea cambiar nuestra actitud ya tenemos algo que poder hacer).
  4. Desgastan. Nos dejan sin energía.
  5. Nos llevan al problema y no a las soluciones.

Lo cierto es que a parte de un desahogo momentáneo no le veo demasiados aspectos positivos a las quejas, por lo tanto, cuando vayamos a quejarnos, antes de hacerlo quizás sería bueno que nos cuestionásemos para qué lo haremos, si realmente tenemos motivos para quejarnos y/o qué esconde esa queja que muy probablemente sería bueno que trabajásemos, (intolerancia, insatisfacción personal o con la vida, etc).

Tenemos pendiente aún llevar a la vida con mucho más ímpetu el arte del agradecimiento. Si nos centrásemos más en agradecer nos quejaríamos menos. Comprueba a ver si puedes hacer las dos cosas al mismo tiempo.

 

 

Yo no doy el primer paso, que lo de él, que lo de ella… y la quietud se hace eterna

By | Solución de problemas | No Comments

Curioso el ser humano… Muchos os veréis reflejados en esta imagen. Muy probablemente habréis vivido situaciones similares, momentos en los que queremos mucho a alguien y en realidad lo que más desearíamos sería acercarnos y arreglar ese problema que nos mantiene alejados y que nos tiene enfadados cuanto antes, pero al mismo tiempo, algunas de nuestras emociones o de nuestros pensamientos nos impiden llevar a cabo ese acercamiento. Al final somos como la pareja de la foto. “Debería” acercarse él…. “Debería” acercarse ella… Y al final, unos por otros la distancia se alarga y el malestar aumenta y se prolonga, en algunos casos llega a durar días, semanas o inclusos meses y/o años, y al final, ¿para qué? ¿Qué obtenemos del orgullo y de la cabezoneria?


Hay parejas, amorosas, de amig@s, de herman@s, de compañer@s de trabajo, etc., que llegan a distanciarse eternamente por negarse a dar un paso hacia delante, por creer que es la otra persona la que “debe” darlo.
Jamás he sido fan del orgullo, entre otras cosas porque me gusta sentirme en paz con mi conducta y porque si alguien me importa de verdad, me importa lo suficiente como para no querer vivir con él/ella situaciones tan incómodas como la de la imagen.
Cuidarse a uno mismo al final también incluye hacer que las relaciones que nos importan mucho funcionen. Si la otra persona es más terca vale la pena dar ese paso, al final el malestar nos lo ahorramos nosotros mismos y además colaboramos en ahorrárselo a esa persona valiosa para nosotros.
Todos tenemos momentos de no acuerdo, faltaría más, pero al final, hablando se entiende la gente, ¿no? Desde luego mirando cada uno hacia un lado difícil encontrar soluciones eficaces a nuestros problemas.
Apartarse un poquito si es que estamos realmente “muy enfadados” para dejar que baje tanta emoción antes de hablar bien, pero una vez reducida, ¡Resuelve!

¿Cómo hago para dejar de procrastinar?

By | Autoestima, Confianza en uno mimso, Solución de problemas | No Comments

procrastinar

En el artículo anterior http://queraltcentrosanitario.com/mucho-se-lee-y-se-escucha-de-la-procrastinacion-pero-en-que-consiste/ hablé de qué es la procrastinación y prometí que el siguiente post lo haría de cómo hacerle frente en nuestra vida, lo prometido es deuda así que ¡ahí va!

Como en todo en la vida tenemos muchas opciones y si nuestro problema es la procrastinación, deberemos ir probando las distintas soluciones posibles hasta dar con la nuestra. Como sabemos cada persona es un mundo y lo que a uno le funciona no tiene por qué funcionarle a otro, por suerte, como también sabemos, las soluciones nunca terminan así que si verdaderamente nuestro objetivo es solucionar lo que para nosotros es un problema podremos lograrlo insistiendo en la búsqueda de nuestra opción adecuada.

Para combatir la procrastinación, (la mala, esa que se convierte en una costumbre en nuestra vida) existen distintas soluciones, veamos algunas de ellas:

  1. La primera de las soluciones consiste en escucharnos, identificar el problema, tenerlo claro para a partir de ahí poder situarnos y tener un punto de partida desde el que poder empezar a actuar.
  2. Plantearnos las distintas opciones que tenemos, valorar (realmente) cuál nos conviene más (no cuál nos apetece más, sino cuál nos conviene).
  3. Tomar decisiones. En muchas ocasiones aplazamos tareas de forma inconsciente sólo porque en ningún momento nos hemos parado a pensar en ellas de forma racional y consciente. Date un momento para pensarlo y decídete.
  4. Valorar qué pasos deberemos dar para lograr nuestro objetivo. Cuantos más, mejor. Si tienes pocas opciones tienes más probabilidades de postergar.
  5. Priorizar. Este aspecto es vital en la vida y aunque todos sabemos lo que es muchos nos equivocamos al llevarlo a cabo. Si vas a construir una casa, antes de empezar a elegir los materiales de revestimiento de paredes y suelos deberás ir a por cemento, cables, fontanería, etc. Primero lo que no se ve, luego lo otro.
  6. Ordenar los pasos. Es muy importante ordenarlos, no empezar a construir ninguna casa por el tejado, siempre por la base.
  7.  Darnos plazos. Hay cosas que no podemos dilatar en el tiempo y que tampoco pueden invertirnos demasiado tiempo. En dar un paso no podemos estar 5 días, dar un paso cuesta un segundo, pruébalo, levántate, da un paso hacia delante, ¿Cuánto tiempo te ha costado? pues ese es el tiempo que puedes darte en llevarlo a la práctica.
  8. Visualizarnos llevando a cabo esa tarea y desdramatizar todo mal, puede que no sea lo que más ilusión te haga hacer, pero una cosa es pensar que es malo y otra es pensar que es terrible, mortal, devastador. Calmémonos, llamémos a las cosas por su nombre y veámoslas como debemos verlas, esto no es un trhiller, es la vida, hay épocas mejores y peores.
  9. Convencernos de que con ganas o sin ganas, con miedo o sin miedo, con calor o frío, con llanto o sonrisas, con ilusión o apatía, con facilidades u obstáculos, me da lo mismo, si es bueno para nosotros hay que hacerlo, como tantas otras cosas que hacemos, que hemos hecho y que deberemos hacer, ¿para qué retrasarlo, para que se nos amontonen?
  10. Respirar, gritar, llorar, hablarlo con alguien, ir a un psicólogo, etc. Haz lo que necesites, pero después de eso, empieza.
  11. Marcarnos una meta pequeña, conseguible, REALISTA. Hay que pensar en cosas que puedas lograr.
  12. Elegir entre las distintas tareas una por la que empezar. En este punto sólo se pretende que empieces, no importa si la tarea es o no muy relevante, lo esencial simplemente es elegir una y empezar.
  13. Empezar por lo más sencillo. Da un  primer paso. Recuerda: después del uno el dos, “caminante no hay camino, se hace camino al andar”. A veces queremos resolverlo todo hoy y esa meta hace que en vez de ver un escalón veamos una montaña, ¡Buuuf! ¡qué pereza!  y ya lo tenemos: “mañana empiezo”. No te engañes a ti mism@, quizás es una montaña, pero no hay que subirla toda hoy, piensa en el siguiente paso y dalo. Exígete luchar por ti, por tu bienestar, por darlo todo por alcanzar tus metas, pero no te exijas ser un “superman” ni una “superwoman”, si no tienes poderes, no los tienes, no te los exijas sólo conseguirás frustrarte.
  14. Trabajar sólo 5 minutos y dejarlo para otro momento. Dar el primer paso nos permite vencer la resistencia que tenemos a enfrentarnos al miedo.
  15. Pedir ayuda si la necesitamos. A veces queremos hacerlo todo nosotros solos y por lo visto, dicen que en la vida hay tareas que sólo pueden llevarse a cabo con la colaboración de otros, pero claro, hay que dejarse ayudar y también hacerles saber a los otros que vas a necesitar su apoyo.
  16. Comprometernos con nosotros mismo y con los otros. A veces, cuando tratamos de convencernos o incluso ya nos hemos convencido de que no lo haremos, no hablamos más del tema a ver si con eso se disipa hasta desaparecer por arte de magia o quizás otro se encarga de ello. Dilo y dítelo a ti mismo, comprométete. Parece ser que cuando le decimos a alguien que haremos algo solemos cumplirlo en un porcentaje mayor que si nos lo decimos sólo a nosotros mismos.
  17. Hacerlo público. No solamente decidir que lo harás tú, sino también decirlo a tantas personas como sea necesario por tantos medios como sea posible.
  18. Evitar los distractores. Trata de eliminar de tu alrededor todo aquello que te apetezca más que lo que realmente tienes que hacer. Deja el teléfono lejos, apaga la tele, deja esas tareas que ahora no son urgentes para después.
  19. Usar la regla de los dos minutos. Esta regla nos dice que si hay una acción que podemos hacer en menos de dos minutos en vez de pensarla y planificarla lo mejor será que la hagamos sin más.
  20. Construir rutinas. Si repetimos una tarea a diario al final la instalamos y terminamos haciéndola casi de forma inconsciente. Las rutinas simplifican nuestra vida así que repite hasta que formen parte de ti.
  21. Aprender a decir no. Posponer tus tareas por no saber decir no a otros es algo muy habitual pero a lo que no debemos acostumbrarnos.
  22. Cuidarnos. Más importante que el tiempo del que disponemos para llevar a cabo una tarea lo es la actitud que tenemos frente a ella. También será muy importante nuestra autoestima y nuestra sensación de competencia. Si creemos que no podremos llevar a cabo determinada tarea muy probablemente no la lograremos. Dicen que más importante que “ver para creer” es el “creer para ver”. Si te encuentras desanimado en general, con poca confianza en ti mismo, etc. pide ayuda a un profesional porque de no ser así tienes mayor probabilidad de hacer que la procrastinación se instale en tu vida.
  23. Revisar el tiempo. Tener un cierto control del tiempo que llevamos tanto postergando una tarea como en los pasos que nos llevaran a solucionarla.
  24. Hablarnos bien. Nuestra mente interna, cómo nos contamos las cosas es muy importante. Nuestras palabras pueden invitarnos a que sintamos o no que podemos lograr aquello que nos proponemos, pueden invitarnos o no a que encontremos el sentido que tiene el llevarlo a cabo. Nuestro pepito grillo puede ayudarnos a procrastinar o por el contrario impedirnos que eso ocurra.
  25. Aprender de nosotros mismos. Saber cuáles son nuestros puntos débiles, ante qué cosas hemos de estar alerta para tratar de no desviarnos de la consecución de nuestra meta. Pensar en quiénes somos y en nuestras debilidades, para ponérnoslo más fácil ayudándonos a no caer en la procrastinación o en el bucle del que queremos salir.
  26. Cuidar nuestra salud general. Descansar adecuadamente, comer una dieta variada y con cierto horario, hacer algún tipo de deporte o actividad física regularmente. Nuestra energía, además de depender de nuestra mente también depende de nuestro estado físico y si queremos ocupar bien nuestro tiempo deberemos ocuparnos de aumentarla.
  27. Ser realistas. Aceptar de antemano que a veces lo que uno quiere no se logra ni a la primera ni a la última, trabajar mucho en algo no garantiza necesariamente que el resultado que obtengas sea el que esperas obtener. También hemos de aceptar que a veces en el proceso decidimos abandonar la tarea o la meta porque nos hacemos conscientes de que no la vamos a lograr, que es imposible o que éste no es el momento. Empezar algo no implica tener que terminarlo siempre. Esperar el momento adecuado o decidir abandonar aquello que ya no nos interesa no es procrastinar, es ser responsable con uno mismo.
  28. Divertirnos de algún modo. Si lo que hemos de hacer nos resulta terriblemente pesado, aburrido, complicado o triste busquemos el humor en alguna parte, veamos si hay algo que podamos hacer de forma menos tediosa o tratemos de encontrar el humor después de hacerlo o antes. El humor es un destensor muy potente nos relaja y reduce muchas fuentes de malestar.
  29. Considerar habitualmente nuestras metas.  Cuando la tarea que tenemos pendiente para lograr nuestra meta nos resulta difícil o aburrida pensar en nuestra meta nos ayudará a no caer tan fácilmente en la procrastinación.
  30. Marcarnos unas tareas pequeñas diarias. Si nos exigimos demasiadas tareas es más probable que al percibir tanta carga nos “saturemos” y lo dejemos para otro momento día tras día. De nuevo es muy importante ser realistas y exigirnos aquello que podemos hacer para ir motivándonos paso a paso.
  31. Elegir un premio con el que compensarnos al finalizar las tareas, (que el premio no sea el lograr la meta, nadie dice que sí o sí vayas a lograrla), algo que te guste y que ejerza de motivador de la conducta.

La procrastinación es bastante común en todas las personas, es fácil dejarse llevar por cualquier otro distractor y más en los tiempo que corren en los que estamos rodeados de distractores. Además nos cuesta centrarnos en una actividad durante un período de tiempo, eso es normal, pero si queremos sentirnos bien con nosotros mismos una de las cosas a las que deberemos atender será a nuestra tendencia a procrastinar, este hábito impide que seamos eficaces y productivos y además nos aleja del bienestar que nos proporciona la consecución de nuestras metas y de la paz de sentir que lo que está en nuestras manos lo hemos garantizado.

Cómo construimos problemas

By | Solución de problemas | No Comments

Sigo con Virgile Stanislas y su libro “No hay problemas, hay soluciones”, en este caso voy a hablar de cómo construimos problemas o cómo los interpretamos las personas.

Lo cierto es que como ella dice, los problemas no son como gotas de lluvia (o como el granizo) que nos caen encima, los problemas requieren de nuestra participación en su creación, desarrollo y consolidación. A menudo, sólo cuando el problema nos resulta insoportable hacemos algo con él, eso suele verse bastante en consulta, las personas acuden más porque un problema ha estallado o está a punto de estallar que porque empiezan a detectar un problema y les gustaría que no estallase. A esa manera común de responder los psicólogos le llamamos reactividad, que consiste en dejarse llevar sin contemplar las consecuencias de nuestras elecciones y responder y buscar soluciones sólo cuando ya tenemos el problema encima, ésta forma de reaccionar nada tiene que ver con la proactividad, en la cual las personas, para que las situaciones no deriven en problemas, se anticipan y tratan de lograr que las situaciones que se les plantean terminen bien, o lo mejor posible, (si veo venir un problema, trato de evitar que aparezca).
El problema de responder de forma reactiva, es que como bien todos sabemos, cuando nos ha estallado un problema, (o varios), nuestra comprensión de éstos se ve enormemente perjudicada, es como si tratásemos de pensar con migraña, o como si quisiéramos encontrar una aguja con unas gafas sucias y empañadas, no estamos en la mejor de las condiciones para garantizar la solución. Ahora bien, como el problema sigue estando ahí, y nosotros seguimos necesitando una solución para él, nos apresuramos a buscar soluciones, (ya, urgente, la que sea, “lo necesito”), y a menudo suelen ser ineficaces.
Al no resultarnos útiles, al ver que el problema no se resuelve y al sentir cada vez mayor malestar, nuestra reacción suele ser la de aplicar las mismas soluciones elegidas pero esta vez con mayor insistencia, o bien nos rendimos dejando paso a la indefensión y de nuevo al papel de víctima, (por favor, que alguien venga a resolverme esto).

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Suele pasar, (todo y que pueda resultar muy sorprendente), que lo que no se nos pasa por la cabeza es plantearnos otras soluciones, o bien cuestionarnos si realmente hemos comprendido el problema y por lo tanto cuáles podrían ser las soluciones adecuadas.
Lo cierto es, que a veces, una de las cosas más difíciles es comprender bien el problema, y todo y la complejidad que puede implicar esa comprensión, resulta necesaria para poder actuar de forma adecuada. A veces vemos problemas donde no los hay, o creemos que el problema es uno cuando en realidad es otro, y esos detalles marcarán la diferencia.
La comprensión del problema en ocasiones resulta compleja porque entrama muchos factores, otras personas, sentimientos, pensamientos, cansancio y nuestros propios “mapas mentales”.
En cuanto a los mapas mentales, muy importantes en este punto, los nuestros, los vamos construyendo desde la infancia, y el problema es, que como en los mapas de carreteras, a veces habrá que actualizarlos para que nos resulten útiles, si no los vamos revisando y actualizando, no nos conducen por el buen camino. Cada uno tiene sus propios mapas, (que por suerte pueden ir cambiando en función de nuestras experiencias), de ellos percibimos y entendemos el mundo, las relaciones y nuestra propia historia.
Así, construimos una representación de lo que percibimos de la realidad en base a nuestras creencias, valores, esquemas cognitivos y el sentido que le damos a la vida, a través de nuestras experiencias. Como bien dice Alfred Korzybski: “el mapa no es el territorio”, nuestra representación interna del mundo es distinta de la realidad.
En el primer post que escribí de referencia al libro de Virgile Stanislas decía que buscar la causa del problema no nos ayudaba a resolverlo, rumiar como todos sabemos, no es bueno, no nos ayuda ni a sentirnos mejor ni a movilizarnos, pero darnos un momento para plantearnos si realmente existe o no un problema, o bien si lo hemos construido nosotros mismos por la influencia de nuestros mapas, sí que resulta interesante y útil.

La estrategia del avestruz ante los problemas

By | Rumiación, Solución de problemas | No Comments

Siguiendo con las reflexiones del libro de “No hay problemas, hay soluciones de Virgile Stanislas, en cuanto las personas detectamos un problema o una situación desagradable, otra de las repuestas comunes que las personas solemos emplear frente a los problemas es adoptar la estrategia del avestruz, lo que quiere decir:

– Comportarse como si el problema no existiese,
– como si no pasara nada grave,
– como si no hubiese solución,
– como si el problema fuese una nimiedad,
– como si nadie pudiese ayudarnos.

A veces, respondemos así tratando de protegernos, todo lo que nos ayude a no cuestionar nuestra rígida estructura mental parece que nos alivia, pero (siempre hay un pero), evitar es un mecanismo de defensa que no nos resulta nada útil cuando la realidad es que estamos frente a un problema que necesita de nuestra colaboración e implicación, aunque en un primer momento hacer como si no pasara nada nos proporcione sensación de calma, a largo plazo sólo hará que aumentar nuestro malestar y agravar o aumentar nuestros problemas. Como no, Virgile Stanislas usa una buena metáfora para explicar lo absurdo de este comportamiento: “Esta actitud es como la de un niño que cierra la boca en el dentista para que éste no le haga daño. Mientras tenga la boca cerrada, el dentista no podrá curarlo”.Made with Square InstaPic
Virgile explica que en la actualidad hay una mala comprensión de la “ley de atracción”, obviamente si ante un problema pensamos en soluciones nos irá mejor, ahora bien, que no se quede sólo en búsqueda de soluciones, después será necesario que actuemos, que nos movilicemos y hagamos por lograr esas soluciones.
Este error que también solemos usar, está basado en un “pensamiento mágico”: Cuanto más espero a que se arreglen las cosas solas, más largo se hace el problema (y a veces aumenta). Tiene que ver con el dicho común de que el tiempo lo arregla todo, pero lo cierto es que eso no es así, el tiempo es necesario en muchos casos para poder solucionar un problema, una situación concreta como un duelo, una pérdida de empleo, etc., pero el tiempo por sí solo no resuelve nada, somos nosotros y nuestra forma de emplearlo lo que favorecerán o no las soluciones.

 

Si nada cambia, nada va a cambiar

By | Aceptar la realidad, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, Locus de control, Rumiación, Solución de problemas | No Comments

Hacía tiempo que no leía un libro tan pequeño y tan útil como el de “No hay problemas, hay soluciones” de Virgile Stanislas Martin, os lo recomiendo.

Después de leerlo, he seleccionado varias partes y de ellas junto con mis reflexiones haré distintos artículos para el blog, espero que os gusten y os resulten tan útiles e interesantes como a mí.

“Cada uno se crea su propia realidad y luego se pasa el tiempo lamentándose de ella.

¿Te has dado cuenta de que si el bizcocho no sube siempre es culpa del horno?

Si es que somos, todos, víctimas inocentes”

 

En psicología, a esta forma de interpretar un suceso la llamamos locus de control externo, (Rotter, 1966), y hace referencia, a cuando una persona percibe que un evento externo ha ocurrido de forma independiente a su conducta. Este concepto, es importante desde el punto de vista de que si una persona piensa que lo que ocurre a su alrededor no depende de él/ella, es posible que no actúe para cambiarlo. La sensación de paralización y de indefensión que genera el sentir que no podemos controlar un evento, nos inhabilita para alcanzar nuestras metas.
A menudo, buscamos a alguien que nos resuelva el problema, “lo necesitamos”, ¿por qué no sube el bizcocho?, pero lo cierto es que el bizcocho ya no va a subir, nadie podrá hacerlo subir, nos quedará sólo aceptar la realidad del mejor modo posible y seguir buscando nuevas soluciones, o simplemente seguir, aceptando que hoy, no hay de merienda bizcocho a no ser que vayamos a comprar uno o hagamos de nuevo otro.
Cambiar la visión, salir del por qué, es lo que Virgile Stanislas llama crecer, o disolver el problema, a veces sólo nos queda esa opción para resolverlo, (el bizcocho, si no ha subido ya, no subirá, qué le vamos a hacer).

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Virgile Stanislas hace uso de muchas metáforas maravillosas, hace un momento nombraba la del bizcocho, también hace un buen uso cuando compara el fuego de una chimenea, con la manera en que las personas interpretamos los problemas y les buscamos soluciones. Explica que las personas solemos caer en dos errores lógicos a la hora de resolver problemas:
1. Saber quién ha encendido el fuego y cómo lo ha hecho no nos ayudará a apagarlo.
2. Si el fuego continúa ardiendo, a veces durante años después de haberse encendido, es porque alguien le va echando leña, y esa persona… eres tú.
La conclusión de estos errores es que si nada cambia, nada va a cambiar: si sigues echando leña al fuego, el fuego no se va a apagar.
Cuando la realidad empieza a no gustarnos, lo primero que solemos hacer es preguntarnos por qué, usamos el primer error lógico.

Este tema suelo hablarlo en mi consulta de psicología, me sigue resultando curioso, pero es enormemente cierto, lo hacemos. Una de las frases más repetidas en los despachos de psicólogos es: ¿por qué?, no lo entiendo.

Cuando algo nos hace sentir mal, algo no nos ha gustado, o algo no ha salido como deseábamos o esperábamos solemos buscar la causa del problema, pensamos que así lo entenderemos mejor y eso nos ayudará a encontrar la solución. Virgile Stanislas explica como la escuela ha influido en ese aprendizaje, en esa manera de hacer que todos tenemos, en matemáticas o en física nos enseñaron que al entender el problema lo resolvíamos, pero amig@s, la vida no es ni física ni matemáticas, no responde a leyes exactas, no siempre sigue el mismo patrón.
Cuando un problema sólo depende de nosotros mismos, (hacer régimen o deporte por ejemplo), cuando sólo nos necesitamos a nosotros mismos para buscar una solución el tema no es tan complicado, ahora bien, cuando hablamos de problemas humanos, de problemas relacionales el tema ya se complica. Nos relacionamos con otras personas, y eso hace que un problema pueda tener repercusiones en otros, o que necesitemos de la aportación de otros para resolverlo.
Virgile Stanislas nos dice que en esos casos, hay que pasar de la lógica analítica y causal a la lógica sistémica e interactiva, o lo que es lo mismo, de nada sirve ir hasta el origen del problema, (quién encendió el fuego y cómo lo hizo), lo importante es preguntarse quién lo mantiene encendido ahora (quién sigue echando leña al fuego) y cómo resolver el tema (cómo apagarlo).2307879
Hace una distinción entre problemas complejos y complicados. Complejos quiere decir compuesto por múltiples elementos, y complicados de difícil resolución.
Virgile Stanislas, nos invita a imaginarnos a una persona que está en mitad de un río, con el agua por las rodillas, y comenta que de nada le va a servir ponerse a reflexionar sobre si el agua sube, si se está hundiendo o si el cauce aumenta. Lo urgente es llegar a la otra orilla, recular no le va a servir de nada. Con este ejemplo nos lleva a otra metáfora: los problemas son como transiciones que nos llevan de una orilla a otra (salvo que el miedo o las dudas nos inmovilicen).
El primer error lógico, (saber quién ha encendido el fuego y cómo lo ha hecho no nos ayudará a apagarlo), nos provoca una parálisis mental: cuanto más intento comprender un problema, menos consigo resolverlo.
La segunda respuesta que solemos tener cuando detectamos un problema es la de buscar un culpable, así no tenemos que responsabilizarnos de nuestra vida, mejor hacemos responsable a otro de los errores, (volviendo al locus de control externo). Aquí entra en juego el etiquetado de la víctima: “¡Yo no he sido!, ¡ha sido él!”, y problema resuelto, que otro se encargue, de este modo, nuestro ego queda bastante intacto, ahora bien, nuestro aprendizaje… limitado. Hay personas que por medio de responsabilizar (o más bien culpar) a otros de sus problemas no los resuelven, (lo/a dejaría, pero… por mis hijos/as, cambiaría de trabajo, pero por mi madre/padre/compañeros de trabajo, etc.), no olvidemos que nuestra vida es nuestra, y si nuestros problemas son humanos, sí o sí tendremos una parte de responsabilidad y una parte por lo tanto en la que poder ejercer cambios.
De nuevo, Virgile Stanislas nos regala otra metáfora para referirse al segundo error lógico, en este caso se trata de la metáfora de la flecha de Buda:
Un hombre es herido por una flecha envenenada. Sus amigos y parientes lo llevan a un cirujano pero el hombre dice: “no dejaré que me quiten la flecha hasta que no sepa quién me ha herido, cuál es su casta, cuál es su nombre, quién es su familia, cuánto mide, de dónde es, con qué clase de arco me ha disparado, qué cuerda y qué pluma usa y de qué manera está hecha la flecha”.
No diremos cómo terminó el hombre… bueno sí, sin respuesta a todas sus preguntas y sin vida, quitar la flecha y curar la herida era la mejor y más útil solución, pero él quiso priorizar otras soluciones
Este segundo error crea un nuevo problema: Cuanto más acuso a los demás, menos acepto la responsabilidad actual de cambiar.

¿Por qué nuestra pareja no tiene una bola de cristal para leernos la mente?

By | Amor, comunicación, pareja, Solución de problemas | No Comments

Casi en el 100% de las terapias de pareja que se tratan en consulta desde la psicología, vemos que en algún momento los miembros de la pareja incluyen entre sus quejas algún comentario que hace referencia a ese poder de adivinar que le atribuimos al otro.

Las parejas nos hablan a los psicólogos de problemas de los que se englobarían dentro del hecho de pensar que nuestra pareja, por la cantidad de tiempo que nos conoce, tiene que poder leernos la mente.

Es bastante común ver como en pareja, damos por sentado que él o ella, que nos conoce a la perfección, tiene capacidades suficientes como para adivinar cosas como: lo que realmente necesitamos, lo que esperamos de él/ella, lo que queremos que pase, cómo debería comportarse el otro en determinadas situaciones, qué estoy pensando, cómo me siento, qué deseo escuchar, etc. Nuestra pareja parece que tiene la bola de cristal, puede conectar con nuestra mente al instante que quiera, y satisfacer nuestras necesidades en cada momento, y ésto puede hacerlo sin que nosotros le comuniquemos lo que nos está pasando.

10290668_268193253391401_7978371864630714771_n¿Dónde está el problema ahí?, hasta el momento, aún no se me ha presentado ninguna pareja en la que uno de los dos fuera adivino, quizás un día la tengo, quién sabe, sería alucinante, pero de momento, incluso si pienso en todas las personas que conozco a nivel personal, ninguna tiene ese poder, ¿y vosotros, conocéis a alguna?, si la respuesta es no, ¿por qué pensamos que nuestra pareja es una excepción?

¿Y si aceptamos que ni nosotros ni nuestra pareja somos adivinos?, ¿y si aceptamos que de momento si tenemos una bola de cristal, muy probablemente sólo sirve como pisapapeles o como decoración? ¿Y si comenzamos a aceptar que si queremos que el otro sepa algo quizás es bueno hacérselo llegar, comunicárselo?.

Bien, aceptado, nosotros no somos adivinos, ni nuestras parejas, ni nuestros amigos, ni nuestros familiares, por lo tanto, si tengo una necesidad que requiere de la intervención del otro, ¿por qué no la comunicamos?, ¿por qué no decirle al otro qué es lo que nos pasa, o cómo nos sentimos?. 

Si en algo insisto siempre, tanto en terapia como en mi vida personal, es en que nos debemos comunicar, pero comunicar no es simplemente hablar, es hablar con un fin, y tratar de lograr que ese fin se cumpla, contemplar qué queremos decir, cómo lo vamos a decir, cuándo, por qué vía de comunicación, etc. Comunicar tiene que tener un objetivo claro o varios, no es un simple hablar por hablar. 

En pareja, la comunicación puede tener el fin de expresar emociones positivas o negativas, de resolver un problema, de pedir ayuda, de cambiar algo, etc., sea cuál sea el fin que pretendemos, en todos los casos será necesario que nos expresemos con libertad y calma. 

Si el fin de la comunicación es solucionar un problema, propón soluciones, si comenzamos a hablar con nuestra pareja pensando en que realmente, como es adivino, si no hace lo que debería hacer entonces es porque realmente le da igual, en vez de porque no lo sabe, o porque no nos entiende, de nuevo estaremos lejos de alcanzar nuestro objetivo inicial.

Así que, ¡comuniquémonos!, pero recordar cuál es vuestro objetivo y adaptar el lenguaje y el tono, tener en cuenta la situación en la que se produce esa comunicación, cuantas más cosas sean favorables, mejor.

¿Realmente no hay, o nosotros no lo vemos?

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10460104_233064293570964_1802679747752483453_nAlgo muy común en las parejas, son las quejas de lo que el otro podría darnos, pero parece que no nos da.

Muchas veces, en realidad el otro da mucho, o lo daría encantado, pero somos nosotros mismos los que no dejamos que dé, o no llegamos a apreciar que realmente sí que está dando pero que somos nosotros que no lo vemos.

Muchas veces esto nos ocurre porque pasamos poco tiempo en el presente, en lo que realmente está pasando, y nos centramos en cómo deberían ser las cosas, en nuestras expectativas.

¿Vemos “todo” lo que nos aporta nuestra pareja o nos centramos tanto en lo que no nos aporta que lo bueno no se aprecia?

En ocasiones, en consulta las parejas se dan cuenta de que su mente, se dirige tanto hacia aquello que esperan que ocurra y no ocurre, que el resto de las cosas no las ven, no las aprecian y eso hace que su sensación de frustración o de tristeza aumente.

Cuando yo actúo bien y tú no lo aprecias, cuando yo no obtengo ningún refuerzo por mi conducta adecuada, lo que se termina consiguiendo es que la probabilidad de que esa acción se repita sin duda sea menor.

Así que valora, ¿realmente no hay nada bueno en mi relación de pareja, o soy yo que no lo veo?, recuerda que “no hay mayor ciego que el que no quiere ver”. Valora que tu pareja es mucho más que aquello que tú anhelas, que no sólo es lo que no da, sino también, y mucho más importante, lo que sí que da.
Céntrate en lo bueno y tendrás más bueno.
Da más bueno y tendrás más bueno.
Escucha mejor y te sentirás mejor.
Mira lo bueno y verás más y mejor.

Espera paciente y sé paciente. No podemos pretender cambios de hoy a mañana que se puedan mantener por completo en el tiempo, acéptalo.

Cuesta lo mismo mirar hacia un lado que hacia el otro, pero las consecuencias no son las mismas en absoluto, ni para nosotros, ni para nuestra pareja ni para la relación.
En nuestras manos está, y en nuestros ojos, y en nuestra mente, y en nuestro tono, y en nuestras palabras…

Yo empiezo ya mismo a declinarme por no mirar sólo lo que no hay, es más voy a tratar de centrarme solamente en lo que sí que es real, en lo que sí que puedo ver y sentir, ¿y tú?, ¿te animas, empiezas?.

¿Tomas decisiones?

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Esta frase, completamente interesante desde mi punto de vista, la he construido con este formato de imagen con toda la intención. Me explico, a menudo acuden a consulta personas que se sienten cansadas, agotadas mentalmente, y suelen decir: “no se ni por dónde empezar”, muchas veces, gran parte del problema radica en que no se da solución a los problemas, y finalmente, la persona se encuentra atrapada en un caos del que no sabe cómo salir, (como el de la imagen).10368221_225864120957648_438974923045812668_n

Para salir del desorden, tanto físico como mental, y de las emociones negativas que ésta inestabilidad implica, la persona debe pararse por un momento, analizar la situación y comenzar a priorizar y solucionar aquello que es realmente importante para lograr poner orden en su vida, parece fácil, lo sé, hacerlo ya es otro tema, pero la realidad es que existen métodos para lograrlo.

Lo adecuado en estos casos, es definir el o los problemas “reales” que hoy existen en su vida, y comenzar la búsqueda de soluciones para después, empezar a aplicar las que se ha valorado como más adecuadas.

Una vez realizado este proceso, la persona poco a poco, irá saliendo de ese caos en el que se encuentra, podrá comenzar a soltar aquello que le pesa, podrá liberarse de cargas innecesarias y ésto le permitirá comenzar de nuevo a fluir, irá poco a poco aumentando su bienestar y le ayudará a conectar de nuevo con el presente, ocupándose de los problemas y no tanto preocupándose por ellos.

Recomendación: “no dejes para mañana lo que puedas solucionar hoy”, no postergues.

¡Cuidado! es importante diferenciar entre hoy y ahora, diferenciar entre un problema individual y un problema que incluye a otro/s, también hay que tener en cuenta la importancia de respetar nuestros tiempos y los de los demás, no decidir impulsivamente, pero tampoco evitar la toma de decisiones.

Después del uno, el dos.

¡Adelante!