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No te conviertas en quien te hirió

By | Cuidarse a uno mismo, pareja, Relaciones personales, Seguridad en uno mismo | 2 Comments

Muchas veces los pacientes plantean en consulta cuestiones como: “Quizá debería aprender a ser menos entregad@, menos generos@, menos confiad@, etc.” ¿De veras? ¿Realmente la solución para evitar situaciones de malestar con otras personas pasa por dejar de ser uno mismo justamente en aquellas cosas que uno valora como valiosas?

Mi humilde opinión es que no, en absoluto.

2016-05-27-22-26-22

 

No es fácil coincidir con alguien que comparta tu manera de crear, de entender y de mantener una relación, del tipo que sea. No lo es, pero en ningún caso por ello debemos perder la esperanza, ni tan solo llegar a pensar que el problema está justo en lo que nosotros sabemos cualidades propias.

Mantenemos distintas relaciones personales en nuestra vida, y éstas, dejan huellas en nosotros, unas las recordamos con mucho cariño y otras con menos, pero todas generan cambios en el quiénes somos, todas nos invitan a reflexionar acerca de nosotros mismos y acerca de qué es aquello que buscamos y/o pretendemos encontrar cuando dedicamos parte de nuestro tiempo a otras personas.

Esas reflexiones que nos hacemos durante o después de que alguien genere cambios en nosotros, a veces son más acertadas y a veces menos, en ocasiones ocurre lo que decía en el inicio de este post, nuestra forma de ser, con sus virtudes ha hecho que nuestra implicación en esa relación sea importante y si se da el caso de que la otra persona decide poner fin a ese vínculo, sufrimos, a raíz de eso, muchos se plantean que el problema está en ellos, que quizá deberían aprender a ser más “malos”, más “fríos”, más “máquinas”, y no, lo cierto es que cada valora unas cualidades y por lo tanto las potencia en sí mismo, pero no todas las personas valoramos las mismas cosas por igual ni tampoco actuamos del mismo modo.

He planteado la situación de que alguien reflexione si debería cambiar, pero también ocurre esto mismo simplemente por compartir tiempo con alguien distinto y copiar inconscientemente sus pautas de conducta, a veces terminamos respondiendo de las misma forma que criticamos. Es por ello que es bueno de vez en cuando hacer un poquito de introspección, escucharse a uno mismo y valorar si se está o no contento con quiénes somos, si no es así, ya sabéis, a ponerse las pilas se ha dicho.

En el primer instante en el que empezamos una relación hemos de saber que puede que las cosas no salgan como nos gustaría ni como habíamos pensado, puede que tomen la dirección totalmente opuesta a nuestros deseos, ésto, implica que quizás podemos “sufrir”, es una de las consecuencias inevitables de los vínculos con otras personas. Pero si alguien responde de un modo que tú detestas, que no compartes, que te ha hecho “sufrir” y que no le desearías a nadie, no tiene ningún sentido que valores aprender a parecerte a esa persona. Entiende y acepta que el ser humano es sorprendente, para bien y para mal, aprende bien y lo que valores en ti, refuérzalo pero jamás lo elimines.

La profecía autocumplida o efecto pigmalión

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Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón. (Henry Ford).

 

Aprovechando que estos días muchas personas hablan del efecto pigmalión por un anuncio de la televisión, hoy, hablaremos de ello.

¿En qué consiste en realidad este efecto?

Cuando hablamos en psicología, sociología o pedagogía de efecto pigmalión o profecía autocumplida, estamos haciendo referencia a las expectativas, a los prejuicios, a la confianza en uno mismo y en los otros, y al éxito a la hora de lograr aquello que nos proponemos o que es importante para nosotros.

Este efecto, tiene su origen en un mito griego, un escultor llamado Pigmalión, se enamoró de Galatea, una de sus creaciones. La admiración era tan fuerte que empezó a tratar a la escultura como si de una mujer real se tratase. Como podéis imaginar, al final, la escultura cobró vida durante un sueño de Pigmalión. Afrodita, al ver el amor que Pigmalión sentía por Galatea, la convirtió en mujer de carne y hueso.

De este modo, Pigmalión, no sólo logró lo que deseaba, sino que superó las expectativas que tenía en la estatua, quería tanto que representase a la mujer perfecta, que finalmente, la creó.

 

Lo haré bien porque mi profesor, padre, madre, amigo/a, jefe/a, psicólogo/a, cree que puedo hacerlo. 

Lo haré bien porque creo que puedo hacerlo.

A estas alturas, el ser humano  ya sabe que la confianza en sí mismo, sobre todo, la tiene que buscar en su interior, pero si bien es cierto, esa confianza en nosotros, también está formada por la imagen que los otros tienen de nosotros.

Muchas veces, cuando no nos sentimos bien, si nadie nos mira, nos dejamos llevar, nos hundimos, podemos no salir de casa en un fin de semana entero, y ni siquiera pasar por la ducha, pero, ¿somos capaces de hacerlo si otro nos mira?, en general no, o por lo menos no nos sentiremos tan cómodos, pensaríamos: ¿qué va a pensar de mi?

En muchos casos, los psicólogos recomendamos hacer públicas nuestras decisiones como dejar de fumar, ponerse a dieta, hacer deporte, etc., porque al decirlo a otros, ponemos en juego el que los demás puedan variar la imagen que tienen de nosotros, y eso ya nos condiciona más.

Al ser humano, le gusta agradar, le gusta que le reconozcan sus méritos, y por lo tanto, lo que piensen de él, influirá en sus acciones.

Además, aunque sin duda alguna la fuerza esté en nosotros, a veces no la encontramos, y si otro la ve, y puede hacer que la veamos, nos ayudará enormemente.

El efecto pigmalión por lo tanto, habla de cómo lo que otro pueda pensar de ti, puede influir en tu rendimiento.

Como imagino que ya debéis estar pensando, existen distintos tipos de efecto pigmalión, hay personas con capacidad para ser un pigmalión positivo, y otras para serlo en negativo.

Cuando hablamos de efecto pigmalión positivo, nos referimos a la capacidad que tiene una persona, de generar en otra, un aumento de la autoestima y de la confianza en él mismo, garantizando o fomentando que ésta, pueda llegar a llevar a cabo la tarea que se ha propuesto con éxito. Estas personas ven más allá, son capaces de ver capacidades en ti que tú ni siquiera has visto, pueden incluso hacerte creer que realmente la tienes, por lo tanto, te tratan como si ya las posees y depositan en ti una confianza que provoca lo que se llama la profecía autocumplida, si yo creo que tú eres capaz de lograr una meta, y te motivo, creo en ti y te lo hago saber, al final, tú podrás lograrlo, haré que saques todo tu potencial, y por lo tanto habré logrado que mi expectativa en ti se cumpla.

En cambio, el efecto pigmalión negativo, se refiere a la persona que contribuye en fomentar en el otro una bajada de autoestima y de confianza en él mismo para poder lograr un objetivo concreto. Es más, uno puede impactar tanto en el otro que éste, ni siquiera llegue a plantearse que esa tarea pueda desempeñarla con éxito. 

Cuando esperas cosas buenas de las personas les muestras esa confianza en ellos, y por lo tanto al final, con mayor probabilidad te responden de forma positiva.

Este fenómeno es muy importante debido a que tiene repercusiones en muchos ámbitos, podemos verlo en el educativo, el laboral, el social, el familiar o el de la pareja. Alumnos que abandonan el carnet de conducir o un deporte por un mal profesor, brillantes empleados que abandonan su puesto de trabajo por un mal jefe, hijos que no se creen capaces de lograr ciertas cosas porque así se lo hacen sentir sus padres, parejas que terminan la relación porque se convencen de que el otro no puede ofrecerle lo que busca o porque terminan sintiéndose poco válidos por los constantes ataques y reproches.

¡Cuidado! Todos nos posicionamos en ambos lados en algún momento o ante determinadas personas, la clave está en trabajar nuestros prejuicios, éstos serán los que nos condicionen el trato hacia el otro y los responsables de convertirnos en pigmaliones positivos o negativos.

Tenemos que trabajar nuestro foco atencional, ampliarlo, ver a las personas en conjunto, aprendiendo a mirar en ellas no solamente sus fallos, sino también sus aciertos, así, podemos colaborar en que el otro crezca.

Ser pigmalión positivo es genial, pero seamos realistas, no lo seamos si la meta es inalcanzable, recordemos que el objetivo es fomentar la autoestima y lograr la meta, pero valoremos previamente si se puede o no lograr antes de incitar a los otros a desempeñarla.

RECORDAR QUE NUESTRO LENGUAJE INTERNO PUEDE SER NUESTRO MEJOR PIGMALIÓN POSITIVO O NEGATIVO, NO NOS OLVIDEMOS DE ÉL.

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Reaprender a caminar

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En ocasiones, para disfrutar de nuestro día a día y valorarlo, lo que realmente necesitamos no es cambiar de rumbo y buscar otros caminos, quizá, lo que más nos puede ayudar es reaprender a caminar, desarrollar nuestras potencialidades, y reducir nuestras debilidades para enfrentarnos a las piedras y disfrutar de los regalos de la vida.

Ese reaprender a caminar, puede que consista en aprender a valorar, a ver, a expresar, a solucionar, a dar y recibir.
¿Cuáles son tus debilidades?

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¿Qué cosas concretas podrías hacer para solucionarlas?
¿Cuáles son tus potencialidades?
¿Qué podrías hacer para sacar mejores resultados de ellas?
Con este planteamiento me despido de vosotros este fin de semana, ¡Sacarle jugo!
¡Buen fin de semana, disfrutarlo!

Implicarnos en nuestra vida

By | Autoestima, Seguridad en uno mismo | No Comments

Nuestra vida es nuestra, implicarnos en ella es fundamental, defender nuestra opinión, nuestros deseos, nuestras necesidades y sobre todo nuestras propuestas de cambio, resulta esencial para fluir y para sentirnos bien con nosotros mismos.

Evitar conversar por no discutir, sólo nos llevará a aumentar nuestras emociones negativas, tanto por no exteriorizarlas como por no implicarnos en nuestra felicidad, estaremos colaborando en generar mayores problemas a largo plazo.

No nos olvidemos, ¡a los problemas, soluciones! Y si es importante para ti, no dudes en buscarlas y aplicarlas cuanto antes, el tiempo no todo lo cura, a veces, (casi siempre), es necesario que hagamos cosas en él, aunque a priori puedan parecernos complicadas, no podremos librarnos de llevarlas a la práctica si queremos salir a la superficie y mejorar de nuevo.

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Soltar lo que nos pesa

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Si no sueltas lo que te duele, por mucho que cambies de caminos todos te aportarán lo mismo, tu perspectiva de la vida y tus emociones serán las mismas, o incluso irán a peor.

Huir no es la mejor opción, ni tampoco la que nos garantiza mejorías, en un primer momento puede parecer que es justo lo que necesitamos, que nos salva del sufrimiento, pero lo cierto es que el dolor es inevitable, en muchas situaciones de la vida no podremos evitar sufrir, es un hecho incuestionable que en la vida, a veces las cosas no son como uno quisiese que fuesen, hay que aprender a gestionar esas emociones que surgen del desacuerdo existente entre lo que desearíamos y lo que realmente es.

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Cuando las cosas no concuerdan con nuestros deseos, es bueno trabajar en la aceptación de lo que es, entender que así me siento porque la situación lo merece. Al mismo tiempo es bueno pensar que necesitamos sanarlo, esa es la opción más realista, hay que enfrentarse al dolor, al miedo o a las inseguridades, aunque nos cueste, aunque nos resulte complicado y doloroso, nos beneficiará a largo plazo aumentando nuestra autoestima y la seguridad en nosotros mismos.

Si caminas con una piedra, no cambies de zapato ni de camino, primero mira qué puedes hacer con ella, si es que realmente puedes hacer algo, si no aporta nada a tu camino tira la piedra, y una vez libre de ella, decide si cambias de camino o de zapato.