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No te conviertas en quien te hirió

By | Cuidarse a uno mismo, pareja, Relaciones personales, Seguridad en uno mismo | 2 Comments

Muchas veces los pacientes plantean en consulta cuestiones como: “Quizá debería aprender a ser menos entregad@, menos generos@, menos confiad@, etc.” ¿De veras? ¿Realmente la solución para evitar situaciones de malestar con otras personas pasa por dejar de ser uno mismo justamente en aquellas cosas que uno valora como valiosas?

Mi humilde opinión es que no, en absoluto.

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No es fácil coincidir con alguien que comparta tu manera de crear, de entender y de mantener una relación, del tipo que sea. No lo es, pero en ningún caso por ello debemos perder la esperanza, ni tan solo llegar a pensar que el problema está justo en lo que nosotros sabemos cualidades propias.

Mantenemos distintas relaciones personales en nuestra vida, y éstas, dejan huellas en nosotros, unas las recordamos con mucho cariño y otras con menos, pero todas generan cambios en el quiénes somos, todas nos invitan a reflexionar acerca de nosotros mismos y acerca de qué es aquello que buscamos y/o pretendemos encontrar cuando dedicamos parte de nuestro tiempo a otras personas.

Esas reflexiones que nos hacemos durante o después de que alguien genere cambios en nosotros, a veces son más acertadas y a veces menos, en ocasiones ocurre lo que decía en el inicio de este post, nuestra forma de ser, con sus virtudes ha hecho que nuestra implicación en esa relación sea importante y si se da el caso de que la otra persona decide poner fin a ese vínculo, sufrimos, a raíz de eso, muchos se plantean que el problema está en ellos, que quizá deberían aprender a ser más “malos”, más “fríos”, más “máquinas”, y no, lo cierto es que cada valora unas cualidades y por lo tanto las potencia en sí mismo, pero no todas las personas valoramos las mismas cosas por igual ni tampoco actuamos del mismo modo.

He planteado la situación de que alguien reflexione si debería cambiar, pero también ocurre esto mismo simplemente por compartir tiempo con alguien distinto y copiar inconscientemente sus pautas de conducta, a veces terminamos respondiendo de las misma forma que criticamos. Es por ello que es bueno de vez en cuando hacer un poquito de introspección, escucharse a uno mismo y valorar si se está o no contento con quiénes somos, si no es así, ya sabéis, a ponerse las pilas se ha dicho.

En el primer instante en el que empezamos una relación hemos de saber que puede que las cosas no salgan como nos gustaría ni como habíamos pensado, puede que tomen la dirección totalmente opuesta a nuestros deseos, ésto, implica que quizás podemos “sufrir”, es una de las consecuencias inevitables de los vínculos con otras personas. Pero si alguien responde de un modo que tú detestas, que no compartes, que te ha hecho “sufrir” y que no le desearías a nadie, no tiene ningún sentido que valores aprender a parecerte a esa persona. Entiende y acepta que el ser humano es sorprendente, para bien y para mal, aprende bien y lo que valores en ti, refuérzalo pero jamás lo elimines.

Si soy lo que tengo y lo que tengo lo pierdo… ¿quién soy?

By | Aceptar la realidad, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, sentido de vida | No Comments
 ¿Somos lo que tenemos?
¿Qué somos en realidad?
Muchos pacientes pierden su sentido de vida, su identidad y la claridad del quiénes son verdaderamente una vez que su realidad ha cambiado, por ejemplo si su relación de pareja se ha roto, si su trabajo ya no es su trabajo, si han abandonado su ciudad o su piso, si alguna de sus amistades ha decidido continuar su camino sin ellos, etc.
Es cierto que los cambios nos hacen replantearnos cosas, suelen provocar eso. También es cierto que si algo no es como quisiéramos que fuese deberemos trabajar el convivir con las emociones negativas que de ello se derivan y también en aceptarlo y relativizarlo, pero ¿qué algo no resulte como nos lo habíamos planeado debe removernos hasta el punto de cuestionarnos quiénes somos sin aquello externo que teníamos?
Muchos se hacen conscientes de que mantenían una relación de dependencia una vez ésta termina y descubren que no saben qué hacer con su tiempo libre y con su vida. Ocurre también que se hacen conscientes de que estaban dedicando su vida al trabajo, a decorar una casa, o a una relación viciada sin saber por qué o para qué, mejor dicho, y esa carencia les devuelve a una realidad en la que tienen que empezar a trabajar y a preguntarse hacia dónde quieren ir y cómo. 
Tenemos que recordar que la autoestima es INTERNA, no puede proporcionárnosla algo externo, esas cosas de fuera de uno, ayudan o no a que el camino sea más o menos fácil, (todos conocemos o sabemos que hay personas que aunque todo a su alrededor sea “favorable” no lo viven así).
Cuidado con las cosas a las que nos apegamos y sobre todo cuidado con el cómo nos apegamos haciendo que nos olvidemos de aspectos valiosos y sobre todo de nosotros mismos.
Seamos lo que somos, seamos todo lo más cercano a lo que nos gustaría ser y abandonemos ese ser lo que tengo, viviremos sin duda mejor, aunque eso no nos libre ni de despidos ni de rupturas ni de finales de contrato de alquiler ni de ninguna otra situación negativa de la vida.
Vivamos lo malo que tengamos que vivir, pero que esas experiencias no nos hagan tambalear en cada ocasión nuestros cimientos. Una cosa es vivir una ruptura con tristeza por ese echar de menos, por ese tener que aceptar que tus planes con esa persona ya no ocurrirán y que tendrás que construir unos nuevos, etc. y otra cosa es que por esa ruptura yo me tenga que cuestionar si valgo o no valgo.
Dediquémos tiempo a saber quiénes somos y quiénes queremos ser y hagamos por que todo aquello ocurra.

¿Le ayudamos o no?

By | Aceptar la realidad, Autoestima, clínica de psicología, Consulta de psicología, Cuidarse a uno mismo, terapia psicológica | No Comments

Cuando un paciente nuevo llega a Queralt siempre se le entrega su primera tarea, una historia personal, un archivo en el que se les pregunta por todas las áreas de su vida y por todos aquellos problemas que les han hecho decidir venir a vernos. La historia personal es una de las tareas más largas de todo el tratamiento. Se les explica que si rellenan esos folios con ganas obtendremos mucha información valiosa de ellos y que por lo tanto todo eso ya no será necesario preguntarlo en sesión. Con ella podremos agilizar el tiempo que compartimos y con esto tratar de ponernos antes manos a la obra para ir buscando soluciones a sus problemas. Además de ser verdad, también se les dice que si lo cumplimentan bien será como si se ahorrasen más de cuatro sesiones. Para algunos de los pacientes esos motivos son suficientes como para tomarse su tiempo en cumplimentarla para traerlo en la siguiente sesión. Otros, en cambio, o no lo traen en varias sesiones o lo traen de forma qeu ambos somos conscientes de que muchas ganas no se le ha puesto.

 

Del mismo modo que en consulta los psicólogos a veces queremos ayudar pero no podemos, en el día a día ésto también nos ocurre a muchos. ¿Cuántos no se han visto queriendo hacer ver a otro que realmente vale mucho, o que sus problemas al final no eran tan graves, o que sus problemas tenían solución, o que valía la pena luchar, etc.?, lo que sea, ¿cuántos no se reconocen intentando ayudar a otros que o bien no quieren o bien aún no están preparados para salir de ese lugar oscuro en el que se encuentran?

La realidad es que en consulta, los pacientes que se implican, lo traen todo hecho, practican lo aprendido y se niegan a seguir colaborando en esa oscuridad que les contagia son lo que mejoran rápido y pronto obtienen el alta.

Suele pasar que los pacientes que no traen esas tareas, no practican, cancelan sesiones de forma recurrente, siempre encuentran motivos para justificar el porqué no lo han hecho o porqué no lo han traído, o porqué no pueden venir, etc., terminan abandonando el tratamiento psicológico y manteniendo y aumentando su problema en el tiempo.

Esas situaciones son “difíciles” para el psicólogo, quiere ayudar, sabe que tiene herramientas para que la vida del paciente mejore, pero sabe que sin su colaboración ese trabajo muy difícilmente tendrá buenos resultados. En los inicios tratas de ser un buen pigmalión positivo (http://queraltcentrosanitario.com/la-profecia-autocumplida-o-efecto-pigmalion/), le refuerzas, le haces saber que crees en él y en que podrá salir de esta, le haces saber que le necesitas, pero todo eso, no siempre surge efecto, no siempre les invita a sacar fuerzas para dar ese primer paso tan importante que abre la posibilidad de cambiar.

Del mismo modo que ocurre en las consultas de psicología pasa en la vida. No podemos ayudar a alguien que no quiere ni cambiar ni que le ayuden. Nos cueste más o menos aceptarlo y/o sobrellevarlo lo tendremos que hacer, hay que respetar los tiempos de cada uno. Si te empeñas en sacarle caerás con él. Si hay que salvar a alguien en la vida, que siempre sea a nosotros mismos.

 

Soltar y decidir alejarse de las personas que nos restan

By | Aceptar la realidad, Amor, aquí y ahora, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, Relaciones personales | No Comments

Hace unas semanas que en diferentes situaciones y ante gente distinta se plantea el tema de soltar a aquellas personas que no nos dejan ir para adelante o que nos dificultan ese fluir diario. El tema, sobre todo se me ha planteado en aquellos casos en que esas personas, “supuestamente” deberían sí o sí permanecer siempre en nuestras vidas y además hacerlo siempre sumando, ¿Qué casos son esos? Aquellos en los que se trata de familiares o personas que durante mucho tiempo fueron muy significativas en nuestra vida, bien por la relación que mantuvimos con ellas o por el rol que desempeñan, por su posición.

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Sobre todo en los casos de familiares, soltar resulta muy complicado para aquellas personas que se hacen conscientes de que esa compañía no les hace bien en su vida. Todos pensamos que alejarnos de una madre, un padre, unos hermanos, unos tíos o cualquier otro familiar es casi como anti natural, y sí, parece que en principio con esas personas deberíamos no sólo estar manteniendo una buena relación sino además poder mantenerla siempre.

Sí, eso en principio debería ser lo que ocurriese, o al menos eso nos han contado o hecho creer, pero lo cierto es que: “Bienvenido a la vida adulta, las cosas no siempre son como te gustaría que fuesen”, hay personas que por muy padres, madres, hermanos, hijos, tíos, primos, amigos o lo que sea que sean, no son ni buenas personas ni mucho menos buenas compañías. Cuesta soltar aquello que nos dicen que no debemos soltar o aquello que de alguna forma sentimos que está unido a nosotros, pero ¿Quién decide eso en nuestra vida? ¿Quién decide de quién nos rodeamos y con quién queremos dedicar nuestro escaso tiempo en este viaje?

Hace no mucho fui a la boda de una de mis mejores amigas y allí, sólo habían seres queridos, nadie invitado por compromiso, la anterior a la que había ido estaba llena de personas que no sabían qué hacían allí, yo era una de ellas, después de aquel día, decidí que nunca más iré a un evento así al que no quiera ir y no solamente eso, sino que a mis eventos, no vendría nadie que yo no quisiese que viniese de verdad. ¿Por qué digo esto? Porque forma parte de una de las conversaciones que me ha hecho plantearme este artículo, si mañana te casases ¿querrías verdaderamente invitar a todos tus familiares o a todos tus supuestos amigos? Si la respuesta es no, pregúntate por qué no lo harías, qué hace que no sientas ese vínculo, quién es el responsable de que no exista o de que no se mantenga, quién es el responsable de que no cambie, si verdaderamente te importa que ese vínculo exista y qué has hecho tú por hacer que aporte y sume. Si crees que no te nace, que no te suman, que no te aportan nada bueno ¿Deberías invitarles? ¿Por qué?  ¿Para qué?

Hay veces en las que uno trata de mantener un vínculo, muestra interés sano, trata de cuidar y mejorar una relación, se interesa por ella y por hacer que prospere, pero que uno se esfuerce mucho en que eso ocurra no garantiza nada. En ocasiones la otra parte no comparte en ningún caso ese interés contigo y por lo tanto esa relación al final sólo se mantiene por compromiso, porque se da por hecho que así debe ser aunque la realidad es que a ninguno de los dos les proporciona ninguna satisfacción dedicar ese tiempo al otro, cuando en verdad ambos se sentirían más aliviados deshaciéndose de esa carga que implica el mantener de algún modo ese vínculo.

Si somos conscientes de que nuestra vida es finita, que es nuestra y que podemos elegir con quién compartirla ¿por qué malgastamos tiempo con personas que no nos aportan nada y que no muestran ningún interés real por nosotros? ¿Para qué?

Una cosa muy triste en la vida es esperar eternamente esos gestos de amor de quién crees que debería sentirlos por ti y mostrártelos. La realidad es que en ocasiones esa persona no los siente por ti, porque no quiere, porque no tiene interés o porque no sabe, no me importa, al final es lo mismo, tú esperas y esperas y nada cambia ni llega nunca. Esa sensación de no entender por qué no nos quieren más o mejor cuando así “entendemos” que debería ser, esa sensación de estar eternamente a la espera nos posiciona en un lugar nada agradable que nos va minando y entristeciendo, que nos hace víctimas y nos invita a creer que tenemos que resignarnos y aceptar que esa debe ser la relación ¿Quién dice eso? ¿Por qué no podemos elegir decirle: ¡Adiós! No me haces bien, no vas a hacerlo porque ni sabes ni quieres y yo a mí mismo me quiero regalar lo mejor ¿Por qué tenemos que mantener relaciones que nos hacen entristecer porque supuestamente deberían sumarnos? ¿Por qué tenemos que compartir tiempo con personas que no nos quieren y a las que en realidad nosotros tampoco queremos o sí, las queremos, pero a costa de querernos mal a nosotros mismos?

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¿Es difícil soltar? Bueno, la respuesta depende de cada uno, piensa: ¿cuánto de difícil te resulta mantener esa relación y estar siempre a la espera o en discusiones y decepciones constantes? ¿Para ti tiene más sentido soltar la relación y liberarte de esa carga sobrante o mantener la relación aceptando esos pesos? En base a hacia dónde se decline más la respuesta a tu pregunta costará más o menos entender por qué difícil o no, tenemos que tomar una decisión y llevarla a cabo.

Yo lo tengo claro y creerme si digo que sé de lo que hablo, en la vida, en este corto viaje, lo más importante somos uno mismo, nuestra paz y felicidad y poder compartir nuestra vida con esas personas a las que queremos, en cualquier lugar y en cualquier circunstancia. Elígete a ti por encima de cualquier “supuesto compromiso”, no le des el poder a nadie de amargar tus días, y mucho menos a alguien a quién en realidad no le importas o no te importa a ti, con el tiempo te lamentarás de ello, no vale la pena.

La vida es nuestra, es vivirla, sentirla, reírla, amarla, compartirla, disfrutarla, aceptarla con lo bueno y lo mano, lo duro y lo fácil, no seamos los encargados de complicarla de más. Quiérete y quiérela, si te cuidas estarás cuidando todo lo que de verdad te importa. Suelta todo aquello que te impide fluir, toma sabias decisiones escuchando tu corazón y no las voces de los “debería”.

Somos nuestro propio libro

By | aquí y ahora, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, sentido de vida, Toma de decisiones | No Comments
La realidad es que cada uno puede hacer de su vida su propio libro ¡qué suerte!
Una vez ya has aprendido muchos de los requisitos para poder crearlo sin la ayuda de alguien que te guíe, (cuando eres adulto), ya estás en condiciones de poder empezar a desarrollarlo. Primero deberás pensar una temática y luego ya empezarás a imaginar y a dejarte llevar.
Lo irás creando y meterás en la historia a todos los personajes que te interesan, casi siempre hay malos en las historias y también situaciones poco agradables, no todo serán rosas sin espinas, pero también hay buenos y situaciones memorables. No todo será malo ¿no? piensa que eres tú el que lo construye. 
Lo bueno de ser el protagonista de una historia es que puedes decidirlo todo, puedes hacer tantos cambios como te parezca, incluso si de pronto sientes que estás como anclado y que esa historia ya no te apasiona, puedes decidir terminarla y empezar otra. ¡Qué maravilla oye! ¡Qué fortuna!
Empiezas un libro, incluyes tantos personajes como quieres, tantas historias y aventuras como quieres, compartes con cada personaje tanto tiempo como deseas, escoges dónde estar más o menos tiempo y en base a lo que te dice tanto tu cuerpo como tu mente, actúas.
Si de pronto alguien ya no te hace sentir bien y estar en su compañía te genera demasiados quebraderos de cabeza, lo sacas, ¿quién más que tú decide si sigue o no en tu historia? lo mismo ocurre con las situaciones, si puedes hacer algo por salir de aquellas que no te aportan mucho ¿por qué no hacerlo? ¿qué te lo impide?
Como en la vida, las historias que te han gustado vivir puedes reescribirlas, subrayarlas y rememorarlas, puedes revivirlas con otros personajes y ver cómo las vives con ellos, puede que te descubran aspectos de la situación que en otro momento pasaste por alto, eso te permitirá añadir páginas a tu libro.
Como decía, las historias que no que no te gustan puedes eliminarlas, eso no quiere decir que lo vivido como negativo ya no forme parte de tu historia, en absoluto, forma parte de tu pasado y de quién eres tú, son una parte de tu historia pero puedes arrancarlas de tu presente y hacer que no estén en tu futuro, como protagonista puedes elegir si seguir viviéndolas o no, puedes escoger si tienen presencia en todos los capítulos o si forman parte de aquellos que ya has leído.
¿Quién ha dicho que cuando lees un libro que ves que no te gusta tengas que leerlo hasta al final? Si ves que no te despierta nada bueno puedes dejarlo y coger otro, lo mismo que ocurre con tu vida, si sientes que una historia no es para ti puedes abandonarla, cada nuevo día puede ser una página en blanco que te da la oportunidad de volver a empezar, de vivir otras cosas, con otras personas y puede que reinen otras sensaciones y emociones, la vida, en gran parte es lo que uno quiere que sea, con quién uno quiere vivirla y del modo que le parece que debe hacerse.
Escribe un buen libro, selecciona bien a los personajes, construye buenas historias, haz que el protagonista viva intensamente todas las aventuras que quieras que viva, haz de tu vida tu best seller favorito, ¿por qué no? no suena muy descabellado ¿no? al fin y al cabo, o lo haces ahora o ya no lo podrás hacer, la vida no espera a nadie, a ti tampoco.
¡Adelante! empieza hoy mismo a escribirla y si no te gusta como es el protagonista, enséñale a convertirse poco a poco en alguien distinto, se puede cambiar, sí, sin duda, sobre todo si para ti tiene sentido hacerlo. Sólo tú decides si tu libro ya está escrito o si por el contrario aún tiene mucho que ofrecerte.

Personas con el sí automático

By | aquí y ahora, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, sentido de vida | No Comments

Hay personas con las que da gusto compartir la vida, por diversos motivos, pero esas personas que siempre están dispuestas a apuntarse a cualquier plan y a colaborar para que éste sea mucho más divertido o agradable son realmente un auténtico tesoro.

Mi gran amiga Ana Hervás a éstas personas las llama “personas con el sí automático”, a ella le encanta ser de esas y muchas veces lo es, además no hablemos de lo que le puede gustar rodearse de éstas en su día a día.

En mi caso a esas personas las etiqueto como “personas por las que la vida vale la pena”, y es que al final, ¿qué es la vida si no las personas y los recuerdos que con ellas tenemos o nos quedan por crear?

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Es cierto que todos tenemos miles de responsabilidades, poco tiempo libre en general, urgencias en el trabajo, con los niños, etc., pero lo cierto es que nada es más urgente en esta vida que nuestro bienestar, absolutamente nada.

Sí, hay veces en las que uno no sabe de dónde sacar tiempo, pero lo hay, “el tiempo está en función de nuestras prioridades”, y la vida son esos pequeños momentos en los que te regalas y regalas a las personas a las que quieres instantes especiales.

La vida es compartir, hacer, crear, vivir, sentir y para que eso ocurra hay que poder decir: ¡sí!.

No se trata de no parar ni un segundo, de no tener tiempo ni para respirar, todo lo contrario, escoger un momento para nosotros mismos también es necesario para nuestra calma.

Consiste en hacer cosas por nosotros, lo que también incluye hacer cosas con esas personas especiales que dan sentido a nuestra vida, sólo cuando contamos además de con nosotros, con ellas, nos estamos escuchando realmente.

La vida es el día a día, son las responsabilidades, pero también son las actividades placenteras que hacemos sólo por el placer de incluirlas en nuestra experiencia de vida.

El bienestar personal se logra actuando en muchos aspectos: trabajando nuestra autoestima, nuestras relaciones sociales, nuestro sentido de vida, nuestro sueño y alimentación, nuestra vocación, nuestra rutina, etc. Un aspecto importante del equilibrio lo encontramos realizando actividades agradables y logrando estar en ellas una vez las estamos viviendo. A veces ocurre que uno programa actividades agradables, pero una vez se encuentra en ellas no está presente, las contamina con todo lo que tiene pendiente, con pensamientos del estilo de: debería estar en otro lugar que realmente quería estar, debería estar haciendo otras cosas en vez de esto, etc… Si estás en un lugar placentero pero no sientes ese beneficio, entonces es que algo no está yendo bien, o bien no estás en el presente o bien ese presente en realidad no lo has escogido tú pero te has dejado llevar sin escucharte a ti para decidir si querías o no estar allí.

Las personas necesitamos tanto ser como rodearnos de otras personas que tengan el sí automático, la vitalidad, el optimismo, la ilusión, la magia y la diversión. Necesitamos evadirnos de nuestras tareas y ser conscientes de que aunque formen parte de la vida, la vida es mucho más que eso.

 

Si nada cambia, nada va a cambiar

By | Aceptar la realidad, Autoestima, Cuidarse a uno mismo, Locus de control, Rumiación, Solución de problemas | No Comments

Hacía tiempo que no leía un libro tan pequeño y tan útil como el de “No hay problemas, hay soluciones” de Virgile Stanislas Martin, os lo recomiendo.

Después de leerlo, he seleccionado varias partes y de ellas junto con mis reflexiones haré distintos artículos para el blog, espero que os gusten y os resulten tan útiles e interesantes como a mí.

“Cada uno se crea su propia realidad y luego se pasa el tiempo lamentándose de ella.

¿Te has dado cuenta de que si el bizcocho no sube siempre es culpa del horno?

Si es que somos, todos, víctimas inocentes”

 

En psicología, a esta forma de interpretar un suceso la llamamos locus de control externo, (Rotter, 1966), y hace referencia, a cuando una persona percibe que un evento externo ha ocurrido de forma independiente a su conducta. Este concepto, es importante desde el punto de vista de que si una persona piensa que lo que ocurre a su alrededor no depende de él/ella, es posible que no actúe para cambiarlo. La sensación de paralización y de indefensión que genera el sentir que no podemos controlar un evento, nos inhabilita para alcanzar nuestras metas.
A menudo, buscamos a alguien que nos resuelva el problema, “lo necesitamos”, ¿por qué no sube el bizcocho?, pero lo cierto es que el bizcocho ya no va a subir, nadie podrá hacerlo subir, nos quedará sólo aceptar la realidad del mejor modo posible y seguir buscando nuevas soluciones, o simplemente seguir, aceptando que hoy, no hay de merienda bizcocho a no ser que vayamos a comprar uno o hagamos de nuevo otro.
Cambiar la visión, salir del por qué, es lo que Virgile Stanislas llama crecer, o disolver el problema, a veces sólo nos queda esa opción para resolverlo, (el bizcocho, si no ha subido ya, no subirá, qué le vamos a hacer).

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Virgile Stanislas hace uso de muchas metáforas maravillosas, hace un momento nombraba la del bizcocho, también hace un buen uso cuando compara el fuego de una chimenea, con la manera en que las personas interpretamos los problemas y les buscamos soluciones. Explica que las personas solemos caer en dos errores lógicos a la hora de resolver problemas:
1. Saber quién ha encendido el fuego y cómo lo ha hecho no nos ayudará a apagarlo.
2. Si el fuego continúa ardiendo, a veces durante años después de haberse encendido, es porque alguien le va echando leña, y esa persona… eres tú.
La conclusión de estos errores es que si nada cambia, nada va a cambiar: si sigues echando leña al fuego, el fuego no se va a apagar.
Cuando la realidad empieza a no gustarnos, lo primero que solemos hacer es preguntarnos por qué, usamos el primer error lógico.

Este tema suelo hablarlo en mi consulta de psicología, me sigue resultando curioso, pero es enormemente cierto, lo hacemos. Una de las frases más repetidas en los despachos de psicólogos es: ¿por qué?, no lo entiendo.

Cuando algo nos hace sentir mal, algo no nos ha gustado, o algo no ha salido como deseábamos o esperábamos solemos buscar la causa del problema, pensamos que así lo entenderemos mejor y eso nos ayudará a encontrar la solución. Virgile Stanislas explica como la escuela ha influido en ese aprendizaje, en esa manera de hacer que todos tenemos, en matemáticas o en física nos enseñaron que al entender el problema lo resolvíamos, pero amig@s, la vida no es ni física ni matemáticas, no responde a leyes exactas, no siempre sigue el mismo patrón.
Cuando un problema sólo depende de nosotros mismos, (hacer régimen o deporte por ejemplo), cuando sólo nos necesitamos a nosotros mismos para buscar una solución el tema no es tan complicado, ahora bien, cuando hablamos de problemas humanos, de problemas relacionales el tema ya se complica. Nos relacionamos con otras personas, y eso hace que un problema pueda tener repercusiones en otros, o que necesitemos de la aportación de otros para resolverlo.
Virgile Stanislas nos dice que en esos casos, hay que pasar de la lógica analítica y causal a la lógica sistémica e interactiva, o lo que es lo mismo, de nada sirve ir hasta el origen del problema, (quién encendió el fuego y cómo lo hizo), lo importante es preguntarse quién lo mantiene encendido ahora (quién sigue echando leña al fuego) y cómo resolver el tema (cómo apagarlo).2307879
Hace una distinción entre problemas complejos y complicados. Complejos quiere decir compuesto por múltiples elementos, y complicados de difícil resolución.
Virgile Stanislas, nos invita a imaginarnos a una persona que está en mitad de un río, con el agua por las rodillas, y comenta que de nada le va a servir ponerse a reflexionar sobre si el agua sube, si se está hundiendo o si el cauce aumenta. Lo urgente es llegar a la otra orilla, recular no le va a servir de nada. Con este ejemplo nos lleva a otra metáfora: los problemas son como transiciones que nos llevan de una orilla a otra (salvo que el miedo o las dudas nos inmovilicen).
El primer error lógico, (saber quién ha encendido el fuego y cómo lo ha hecho no nos ayudará a apagarlo), nos provoca una parálisis mental: cuanto más intento comprender un problema, menos consigo resolverlo.
La segunda respuesta que solemos tener cuando detectamos un problema es la de buscar un culpable, así no tenemos que responsabilizarnos de nuestra vida, mejor hacemos responsable a otro de los errores, (volviendo al locus de control externo). Aquí entra en juego el etiquetado de la víctima: “¡Yo no he sido!, ¡ha sido él!”, y problema resuelto, que otro se encargue, de este modo, nuestro ego queda bastante intacto, ahora bien, nuestro aprendizaje… limitado. Hay personas que por medio de responsabilizar (o más bien culpar) a otros de sus problemas no los resuelven, (lo/a dejaría, pero… por mis hijos/as, cambiaría de trabajo, pero por mi madre/padre/compañeros de trabajo, etc.), no olvidemos que nuestra vida es nuestra, y si nuestros problemas son humanos, sí o sí tendremos una parte de responsabilidad y una parte por lo tanto en la que poder ejercer cambios.
De nuevo, Virgile Stanislas nos regala otra metáfora para referirse al segundo error lógico, en este caso se trata de la metáfora de la flecha de Buda:
Un hombre es herido por una flecha envenenada. Sus amigos y parientes lo llevan a un cirujano pero el hombre dice: “no dejaré que me quiten la flecha hasta que no sepa quién me ha herido, cuál es su casta, cuál es su nombre, quién es su familia, cuánto mide, de dónde es, con qué clase de arco me ha disparado, qué cuerda y qué pluma usa y de qué manera está hecha la flecha”.
No diremos cómo terminó el hombre… bueno sí, sin respuesta a todas sus preguntas y sin vida, quitar la flecha y curar la herida era la mejor y más útil solución, pero él quiso priorizar otras soluciones
Este segundo error crea un nuevo problema: Cuanto más acuso a los demás, menos acepto la responsabilidad actual de cambiar.

Menos es más

By | Autoestima, Confianza en uno mimso, Cuidarse a uno mismo, terapia psicológica | No Comments

Menos es más, mis pacientes en la consulta de psicología saben que siempre insisto con “después del uno, el dos”, “poco a poco”.

Creo en ello, y es porque soy consciente de que en ocasiones no vemos camino, o creemos que en estos mome10659389_277273985816661_1442560409755659292_nntos no tenemos fuerzas para recorrerlo y llegar a nuestra meta, pero sin duda, parados seguro que no conseguiremos ni ver caminos, ni coger fuerzas para alcanzar lo que nos propongamos.

Así que como suelo decir en la consulta, las fuerzas no caen del cielo, tenemos que ser conscientes de que a lo largo de nuestro día, hacemos miles de cosas con ganas o sin ellas, sólo porque sabemos que hacerlas será bueno para nosotros.

Madrugamos, normalmente no por gusto, y menos en invierno, pero lo hacemos porque debemos ir a trabajar, o llevar a los niños al colegio, etc. Limpiamos la casa, normalmente no por gusto, sino porque si no lo hacemos se convertirá en un basurero, y no queremos vivir así. Lavamos la ropa, la tendemos y la recogemos del tendedero, y tampoco lo hacemos por gusto, pero no queremos ir manchados ni oler mal.

Hacemos cientos de cosas a lo largo de nuestra vida con ganas o sin ellas porque somos conscientes de que hacerlas es mejor para nosotros, ¿por qué no forzarnos a hacer cosas por mejorar nosotros aunque no tengamos ganas, sólo porque sabemos que será bueno para nosotros?

Sin prisa pero sin pausa, pensando en el largo plazo pero entendiendo que éste, se construye desde el aquí y ahora.
¡Ánimo chic@s, se puede!

Recordad: caminante no hay camino, se hace camino al andar.

O aportas o te apartas

By | Amor, Cuidarse a uno mismo, pareja, Relaciones personales, Terapia de pareja | No Comments

Este mensaje, dicho de otro modo, ya lo he comentado en otros momentos, y es que no puedo estar más de acuerdo.
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Las relaciones, sean como sean, de amistad, de pareja, de familia o de trabajo, se mantienen, entre otras cosas, por un intercambio de reforzador. Tú me das-yo te doy, tú recibes-yo recibo.

Las relaciones, no pueden sostenerse en el tiempo siendo sólo una de las partes la que entrega, porque al final, todos necesitamos afecto, atención, escucha activa, un bastón que nos sujete cuando nos sentimos débiles, alguien que nos ayude a buscar soluciones cuando nosotros no las vemos, etc.

No es cuestión de dar EXACTAMENTE LO MISMO, pero sí debe haber un sentimiento de equidad, de no ser el único interesado porque la relación funcione, de no ser el único que se implica y que da para que se progrese.

Nadie nos obliga a estar dónde no queremos estar, si no quieres aportar, apártate.

Y nadie nos obliga a estar con alguien que no nos aporta, por lo tanto, si sientes que no te dan lo que crees que mereces, plantea cuáles son tus carencias y busca soluciones conjuntas con la otra parte para cada uno de los problemas.

Una vez planteadas las soluciones, empezar a ponerlas en práctica, tener en cuenta si realmente esas soluciones pueden aplicarse, sino, buscar otras, pequeños pasos que vayan generando cambios, pero sal, cambia, no te quedes dónde no te sientas bien.

Si eso no ocurre, si la otra parte no está dispuesta a dar, apártate.

En la vida uno debe cuidarse a sí mismo, SIEMPRE, y ese cuidarse pasa por no conformarse con cualquier cosa e implicarse en el logro del bienestar propio.

¿Estás en una relación de pareja? ¡Bienvenido al esfuerzo eterno!

El amor, entendido de cualquier modo, en pareja, amistad, etc., no se mantiene solo, hay que cuidarlo, hay que regarlo, hay que mimarlo, atenderlo y sobre todo hay que prestarle atención, en ocasiones, en la consulta de psicología, los psicólogos vemos que en realidad, el problema no está en que no haya amor en la pareja, sino que el problema reside en que no lo observan, no son capaces de apreciarlo, de valorarlo, de sentirlo, de conectar con él.

¿El amor ya no te sale solo?, ¿ya no te nacen esas acciones que antes te salían de forma espontánea?, ¿y?, me pregunto yo, no importa eso, lo que importa es que si has decidido estar en un lugar con alguien a quién aprecias, debes entender que las ganas hay que sacarlas de dónde sea, porque si has decidido estar ahí, debes ser consciente de tus responsabilidades para que esa relación sea buena, sana y placentera.

El enamoramiento no es eterno, va desvaneciéndose (por suerte), y aparece otro tipo de amor, uno más sano y real, en el que ves a la persona en su conjunto, con todas sus caras, si después de esa etapa inicial sientes que esa persona no es para ti, vete, (te despides previamente, y te vas), pero si sigues pensando que muchas de sus virtudes te fascinan, no las olvides, míralas de vez en cuando y hazle saber a tu pareja cuanto te gustan.

¿Quién ha dicho que en la vida como en el amor sea todo fácil?

Aún así, ¿quién dice que no valga la pena vivir todo este potaje de emociones y sentimientos?

¿Te gusta que te den afecto y atención?, pues es fácil, al otro también le gusta, cuida lo que tienes, dale su valor, no te lamentes luego de lo que deberías haber cuidado y no cuidaste.