All posts by Mireia Montaña Queralt

Soltar… Soltar, ¡Soltar!

By | Inteligencia emocional | No Comments

La de veces que veo a personas que no logran avanzar porque están enganchadas en el pasado… La de veces que veo a personas que creen ser algo que no son porque algún día así lo sintieron, porque algún día se comportaron como tal. Personas que se maltratan porque confunden lo que sienten que son con lo que son, personas que se exigen una perfección inalcanzable y que al no lograrla se culpan sin fin.


La de veces que veo a personas que no avanzan porque de algún modo se aferran a personas, lugares, trabajos o amigos que algún día les hicieron felices, aunque a día de hoy ese trato especial sólo sea un vago recuerdo.
Sí, es cierto, nos cuesta soltar, pero ¿y lo complicado que es vivir aferrado a algo que a día de hoy no tiene ningún sentido?
¿Te sujetan o tú no te sueltas? ¿Crees que ese lazo es imposible de cortar o es que te niegas a ser tú quien lo corte? ¿Realmente crees que seguir así es y será mejor que soltarte?
Sí, lo sé, soltar es difícil.
Aceptar la responsabilidad de ser uno quién toma la decisión es difícil.
Lidiar con el miedo a equivocarse es difícil.
Pero seguir viviendo atado a aquello que nos lastima no es lo que se dice fácil… Que las cosas sean más o menos fáciles no implica que no sean necesarias o buenas para nosotros.
Si necesitas un cambio no pienses sólo en el ahora, no pienses sólo en lo que pasará al momento de tomar esa decisión, piensa en el después, piensa en todo lo que cambiará con el tiempo, eso te ayudará a poder soltar, ver más allá del miedo, ver más allá de la tristeza o la inseguridad nos permite avanzar.

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son

By | ansiedad | No Comments

Todos hemos tenido, tenemos y/o tendremos miedos.

Aún no he conocido a nadie impasible completamente ante ciertas situaciones que considera desconocidas o complicadas de abordar.


El miedo forma parte de la vida, forma parte del día a día. Nos lanzan a diario mensajes de cosas en las que deberíamos preocuparnos. Algunos de esos mensajes son poner una alarma en casa por si a caso entran a robar y nos dañan, contratar seguros médicos por si enfermamos, comprar la ropa de tendencia para poder estar a la moda, (no sea que nos rechacen por ello), hacer dieta para coincidir con el canon de belleza, (de nuevo para obtener la aprobación)… Nuestros padres, familiares y amigos cercanos también tienen miedos, y también nos los contagian, “Llámame para decir que has llegado bien”, “no vayas sola”, “vamos al médico no vaya a ser algo grave, (digo cuando sabemos que no lo es), “no insistas no vaya a rechazarte por pesado/a)…

Vivimos de algún modo en la cultura del miedo y las personas caemos en esa trampa. “Necesitamos” mil cosas, nos lo decimos y terminamos creyéndolo. Como llegamos a creer que lo necesitamos empezamos a intentar controlarlo todo, pero hay tantas cosas en la vida que escapan a nuestro control…

 

El miedo existe, y no es que no haya que tener miedo a nada, en absoluto, pero ¿la mayoría de tus miedos son realmente tan graves como tus los vives?
Lo que necesitamos es aprender a ver las cosas como son, a no dejarnos llevar por nuestras emociones, a no creer que las cosas siempre son como las sentimos. Necesitamos aprender que todo lo que pensamos no es cierto, igual que todo lo que nos asusta no tiene porqué ser tan grave, quizás incluso no lo es en absoluto, quizás algún día nos tocará vivirlo y comprobaremos que no es el fin, que no morimos, que también podemos con eso, que somos más valientes de lo que a veces creemos, que podemos con más cosas de las que imaginamos. El miedo siempre te dirá las cosas peor de lo que son. Aprende a decirte la verdad.

¡¡¡¡A volverse locos!!!!

By | Inteligencia emocional | No Comments

Muchos aún siguen diciendo que al psicólogo van los locos y que ese no es su caso. Respetable es…. ¿Será por opiniones?
En mi opinión, (que también es respetable la mía), al psicólogo van las personas que se arriesgan a sentir, las que quieren y dan lo mejor de sí mismas, las que se cuestionan, las que apuestan por ellas, las que tratan de buscar un sentido de vida mejor porque entienden que la vida es demasiado corta como para pasar los días sin pena ni gloria.
Al psicólogo van las personas que se atreven a reconocer que son humanas, que sienten, que se equivocan, que no saben de todo. Vienen las personas que saben que a veces los humanos necesitan ayuda y que entienden que no hay nada malo por reconocerse humanos y por lo tanto, por qué no buscar esa ayuda allá donde puedan dársela.

Las personas que van al psicólogo son las que no tienen miedo de bucear por su interior, o quizás sí que le tienen miedo, pero aún así son valientes como para por lo menos intentar enfrentarse a él. Vienen las personas que se quieren, las que aunque se encuentren mal, apuestan por ellas y no aceptan vivir de cualquier modo. Las que entienden que si cambios nada cambia y que en su vida nadie más que ellos pueden generar las situaciones que precisan para ver resultados distintos.
Al psicólogo van las personas optimistas, sí, porque aunque ahora puedan verlo todo negro azabache confían en que alguien les ayudará de nuevo a ver luz.
¡Que me llamen loca! A mi la verdad es que me da igual lo que me llamen, sé perfectamente quién soy y me acuesto con la conciencia tranquila cada día. Pero vamos, que si los locos somos los que sentimos, vivimos, arriesgamos, amamos, lloramos, echamos de menos, queremos aprender, queremos mejorar, sentimos miedo porque nos arriesgamos a los cambios y nos negamos a estancarnos… entonces yo quiero ser una eterna loca.
Dicen que cada decisión que tomamos es una declaración de cuánto nos valoramos a nosotros mismos, parece que intentar vivir lo mejor posible y trabajar en descubrir quién somos y qué nos mueve es una buena muestra de amor hacia uno mismo. Si eso es de locos, ¡que lo sea!

¿Huir? ¿Para qué? ¡Enfréntate!

By | ansiedad | No Comments

No podemos huir de lo inevitable porque termina volviendo a plantarse frente a nosotros.
No cabe duda de que cuando tenemos algo que resolver, por mucho que tratemos de ignorarlo, de pensar en otra cosa, de distraernos haciendo otra cosa o lo que sea, al final esa preocupación vuelve a nosotros, es nuestra vida, es nuestro bienestar lo que está en juego y escapar de ello es perjudicarnos a nosotros mismos en muchos más ámbitos.
Cuando algo nos inquieta tenemos la responsabilidad de ocuparnos de ello, ponernos manos a la obra y coger el toro por los cuernos. ¿Si no qué?
Hay situaciones que se resuelven por sí solas, que sólo precisan de tiempo y en las que no podemos o no tenemos que hacer nada más que esperar, por ejemplo si nos cortan el pelo y no nos gusta como nos queda dejamos pasar el tiempo y el problema se resuelve, pero en general, la mayoría de los problemas que nos afectan requieren de nuestra atención y colaboración. 


La respuesta de huida o de evitación es típica ante una situación de incertidumbre o miedo, pero si nos dejamos llevar por ella nuestro problema no hará nada más que aumentar, mantenerse en el tiempo y/o generar nuevos problemas.
Cuanto más tiempo dejes pasar, más fuerza cogerá el problema, tus rumiaciones acerca de todo lo malo que podría pasar van siendo cada vez más realistas, no sólo parecen un simple pensamiento sino que cada vez las crees más ciertas.
Es evidente que para resolver problemas cuánta más energía y actitud tengamos menores dificultades encontraremos para empezar a ocuparnos, pero claro, todos los que habéis rumiado o rumiáis de vez en cuando sabréis lo agotador que resulta el pensar en bucle una y otra vez, así que evidentemente, cuánto más tiempo pasa sin que empecemos a actuar con nuestro problema y más rumiamos más agotados estamos y menor actitud para enfrentarnos a él.
Hay que tener en cuenta que en nuestra mente los problemas siempre parecen peores que en la realidad, piensa en todos aquellos problemas a los que te has enfrentado y en cómo de gigantes te parecían entonces y cuánto lo eran en realidad.
No te enfoques sólo en el miedo, es más enfócate básicamente en lo que obtendrás una vez resuelvas ese problema. 

Recuerda los motivos por los que empezaste

By | PAREJA/AMOR/DESAMOR | No Comments

¿Quién no ha desesperado en algún momento y se ha olvidado hasta de por qué está dónde está?
¿Quién no ha tenido algún momento de flaqueza en el que ha sentido perder la energía, la seguridad, la confianza y/o las ganas de seguir esforzándose un poquito más para mantener una relación?
A veces nos cuesta hasta cuidarnos a nosotros mismos, ¿cómo no nos va a costar en ciertas ocasiones sacar energía de dónde no la encontramos para resolver problemas con otra persona?
Ocurre. Según el momento vital que vivamos todo se nos hace más cuesta arriba de lo que quizás supone en realidad. 


En esos momentos más complicados en los que ya no encuentras el para qué esforzarte es cuando más necesitas conectar con los motivos que te llevaron a decidir que esa persona era una buena elección para acompañarte en muchas de tus aventuras.
Ahora quizás sientes enfado, tristeza, desconfianza, decepción, dolor, lo que sea que te aleja verdaderamente de quién es esa persona que comparte contigo la vida. Por un momento aléjate de lo que estás sintiendo ahora y trata de reconciliarte contigo, con tus elecciones de vida y con la otra persona.
Piensa en quién es en realidad. ¿Qué te gustó de él/ella? ¿Qué tenía y tiene que le/la hacían tan especial?
Seguro que ha cometido errores, seguro que ha dicho alguna palabra que no fuese demasiado acertada, seguro que podría haber hecho y dicho más, seguro, pero ¿y tú? ¿Crees que tú no podrías haber actuado de otro modo en algunas ocasiones? Muchas veces en las relaciones nos centramos en discutir con el fin de ganar y hacer perder a la otra persona.

Hay que entender que ganar siempre implica comprender, respetar y desear lo mejor. El amor en realidad no puede contener culpas.

Aléjate por un momento de lo que “debería haber dicho o hecho” y conecta con quién es y cómo ha tratado “dentro de sus posibilidades” de hacerte feliz.
Date la oportunidad de pensar en alguien pensando en el conjunto que representa y no sólo en las cosas que te han herido.

Y todo pasa…

By | Aceptación | No Comments

Todo pasa, todo.
Sabemos que al principio vivimos las cosas mucho peor de lo que son, las sentimos así y confundimos lo que sentimos con la realidad, pero al final la experiencia nos enseña que las emociones van cambiando con el paso del tiempo, y que con ese cambio, nuestra percepción de la realidad también va cogiendo otras formas.
En los momentos en los que peor nos encontramos es cuando más tenemos que tener en cuenta esto, si queremos seguir sintiéndonos ancla aunque haya mucha marea, necesitaremos por lo menos ver algo de claridad, puede que no la sintamos ahora, pero por lo menos que podamos creer en que con el tiempo, como tantas otras veces o en tantas otras situaciones, iremos sintiendo otras emociones y por lo tanto veremos que aquello que parecía tan terrible, en realidad no lo era tanto.

Puede que haya alguna que otra tormenta a tu alrededor, pero no dejes que esta te arrastre y lo enfangue todo diciéndote que en esta ocasión será peor.

Seguro que si colaboras y sigues en la medida de lo posible con tu día a día, poco a poco descubrirás que sólo era una experiencia más, verás que como las otras, ésta también termina enseñándote que puedes con esto y con más. 

Confía, se te cierra una puerta y se te abren muchas ventanas.

No dudes que la vida siempre te hace favores, aunque al principio no puedas entenderlo así. 

Eso no es amor

By | Autoestima, pareja, PAREJA/AMOR/DESAMOR | No Comments
Muchas veces confundimos el amor con cosas que nada tienen que ver con ese maravilloso sentimiento.
Es difícil en realidad definir el amor, hay mucha controversia con el tema de su definición. Es un estado, una emoción, un sentimiento, una filosofía de vida, una práctica. No importa, no voy a entrar en ese debate hoy. Lo que está claro es que debe acercarnos más a la paz que a la negatividad.
Erich Fromm en su libro “El arte de amar” aporta muchas frases que aclaran el tema que pretendo en este post, algunas interesantes son:
“Para desarrollar un amor maduro, sabio y responsable necesitamos trabajar en cuatro dimensiones esenciales: el cuidado, la responsabilidad, el respeto y el conocimiento”.
“El que ama se transforma constantemente. Capta más, observa más, es más productivo, es más él mismo”.
“El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos”.
“El amor es una energía que produce amor”.
Bien, vemos que el amor aporta, nos invita a amar, a responsabilizarnos de nosotros y de la vida, a respetarnos y a respetar, a cuidarnos y conocernos, nos invita a crecer.
¿Todas las veces que has sentido que eso era amor sentías lo que verdaderamente el amor implica?
¿Todas las veces la persona a la que amabas procuraba que tú pudieses amar y amarte bien?
Hay muchas señales para detectar si algo es o no amor, aunque podamos sentir que es la persona de nuestra vida si tiene alguna de estas conductas es probable que no estés ante un buen amor:
– Controla todos tus pasos, dónde estás, con quién, de qué hablas, cuándo hablas y con quién, a quién escribes whatsapp, qué sigues en las redes sociales, qué comentarios escribes o te hacen gracia.
– Le molesta que pases tiempo con tus amigos o familiares.
– No tiene en cuenta tus deseos.
– No cumple con los compromisos que adquiere contigo. Constantemente hay desplantes en el último momento.
– No pide perdón ni acepta su parte de responsabilidad en las cosas
– Planifica tu vida sin preguntarte.
– No se separa de ti para nada.
– Abusa del chantaje emocional.
– Trata de convencerte de qué personas te convienen y cuáles no.
– Trata de imponerte su manera de entender el mundo. No acepta que no tenéis por qué pensar igual en todo. No respeta tu forma de pensar.
– Te menosprecia, da a entender que le/la necesitas, que sin él/ella no serías nada.
– Controla en qué gastas y te pide explicaciones que cada gasto.
– Te critica constantemente. Hace alusión a tu ropa, a tu estética, a los adjetivos que describen tu personalidad.
– Recalca lo negativo, (exista o no en ti). Exagera lo malo que hay en ti (exista o no) y resta atención y valor a lo bueno que te caracteriza.
– Le quita valor a lo que te inquieta. Lo que tú expresas como preocupación es algo que desde su juicio no deberías atender, es absurdo. “Te quejas por todo, por vicio”.
– Es tozudo/a y rencoroso/a. Al final para que haya paz siempre tienes que ir tú y terminar cediendo. Puede pasar días sin hablarte, “castigándote”.
– No le hace ninguna gracia que pases tiempo con personas del sexo opuesto.
– si tiene problemas, de un modo u otro tú siempre habrás influido negativamente en ellos, incluso en su creación.
– Te exige hacer cosas que no quieres hacer, trata de convencerte por todos los medios para que termines cediendo a sus demandas.
– Te compara con otras personas, (y no precisamente para remarcar tus virtudes).
– Cualquier ocasión es buena para echarte en cara (una vez más) tus errores del pasado.
– Haces cosas que no quieres hacer sólo para que no se enfade.
– Cuando tienes un problema no te entiende, no empatiza contigo o incluso se lo toma mal.
– Ya no les explicas a tus amigos y familiares los problemas que tenéis porque en el fondo sabes que te harán tomar decisiones por tu bien o para que no se enfade.
– Te habla más mal que bien la mayor parte de las veces.
– Ya no recuerdas cuánto tiempo pasaste una semana tranquila con esa persona.
Hay cosas que parecen amor pero que no lo son. Muchas, más de las que me gustaría…
Ya sabemos que los sentimientos a veces nos confunden, que nos hacen creer cosas que no son verdad, pero date la oportunidad de añadir objetividad a tu vida. Valora si tu amor es sano o por el contrario sólo tiene un muy buen disfraz.
 
 
 

Vas a salir de esta

By | Solución de problemas | No Comments

A veces nos cuesta verlo, nos cuesta confiar en ello y creerlo. Lo sé, cuando los sentimientos son muy potentes llegan a convencernos de que nuestro caso no será así, de que no podremos, de que no habrá fin.
Pero el fin siempre llega, y con él nuevos comienzos.


Has salido de todas, ésta será una más, sí, ahora duele, ahora cuesta ver más allá del túnel pero hay luz y la encontrarás.
Confía en ti y en todas tus herramientas ¡las tienes!, confía en la vida, confía en el tiempo, confía en el “¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¡Quién sabe!”. Hace tiempo hice un artículo que hablaba de ello, soy una creyente total de que en la vida al final el cambio siempre es una oportunidad, de que en la vida el tiempo siempre nos acaba demostrando que en ese momento quería que aprendiésemos algo. Os adjunto el enlace por si queréis echarle un ojo. http://queraltcentrosanitario.com/mala-suerte-buena-suerte…/
Se dice que una persona no sabe lo fuerte que es hasta que ser fuerte es la única opción que le queda. Lo eres, sin duda seguro que lo eres más de lo que crees. Además, la adversidad tiene el don de despertar talentos en las personas que en la comodidad hubieran permanecido dormidos, así que este momento que ahora estás viviendo no va hacer nada más que presionarte para que saques todo lo que te define pero que quizás aún ni siquiera conoces o que ya tenías olvidado.
Detente un momento, piensa en la adversidad que estás viviendo y en qué puedes hacer para empezar a manejarla. Sé que sientes angustia, bloqueo, miedo, tristeza, apatía, muchas cosas y la mayoría desagradables, pero a menudo, cuando uno se siente así no es capaz de ver más allá de los obstáculos del momento y sí, hay más, y es justo a eso a lo que necesitas agarrarte para poder empezar a cambiar el rumbo de tu situación.
Ahora todo te parece y te cuesta un mundo, también lo sé, pero no caigas en esa trampa, no te dejes llevar sólo `por lo que ahora sientes, intenta mirar un poco más allá, invitarte a hacer cosas por tu propio bienestar, con más o menos ganas necesitas empezar a salir del lugar que te aleja por completo de la calma.
Como siempre recuerda: “Todo pasa, todo llega y todo cambia”, TODO.
¡Ánimo!

Si te da miedo, entonces no te queda más remedio que hacerlo

By | Solución de problemas | 2 Comments

Muchas veces tememos, nos da miedo tomar decisiones importantes.
Nos cuesta decidir cuando estamos ante una situación en la que vemos que hagamos lo que hagamos perderemos cosas valiosas para nosotros.
Hay muchas situaciones en la vida en las que nos ocurre esto, no nos sentimos bien, sabemos que hemos de tomar una decisión para salir de ese estado, pero…. ¿y si me equivoco? ¿y si me arrepiento? ¿y si sufro? ¿y si no lo supero?… Empezamos a pensar en todo lo malo que nos ocurrirá o que podremos perder y el miedo nos paraliza, como conclusión no movemos ficha y seguimos en un lugar en el que no nos sentimos bien con nosotros ni con nuestra vida. 


Es evidente que cuando nos cuesta tomar una decisión es porque algo perderemos, si solo fueran ganancias no habría problema, ni miedo, pero hay que ir un poco más allá de las pérdidas inmediatas, necesitamos no solo centrarnos en lo que nos pasará justo después de tomar la decisión, sino también en el largo plazo, centrarnos en los cambios que experimentaremos pasado un tiempo desde la decisión tomada. En lo que ganaremos a la larga.
El cambio forma parte de la vida, es más, la vida es un cambio constante, podemos renunciar a experimentar algunos de estos cambios pero el precio a pagar es alto, renunciamos a deseos, a metas, a vivencias, a mejoras, renunciamos a vivir.
Si le temes a algo que sientes que precisas hacer plantéate cuántas cosas te estarás permitiendo una vez lo lleves a cabo, piensa en personas que hayan pasado por una situación similar y en cómo arriesgar les ha cambiado sus vidas. Piensa que en el pasado has tenido miedos a los que te has enfrentado y como al final pasaron simplemente a formar parte de tus vivencias. Todo pasa, todo cambia y todo llega, la serenidad vuelve siempre si nos la permitimos, pero el precio a pagar para obtenerla casi siempre implica arriesgar y vivir momentos de crisis, concédete la oportunidad de lograr tu calma, confía en ti y en el tiempo.

Antes de hacer promesas piensa en si realmente deseas cumplirlas

By | Solución de problemas | No Comments

Hay muchas personas que sin pensarlo dicen sí, que sin tener en cuenta lo que eso implicará se comprometen.
Es cierto que las promesas siempre se tienen que entender en función del momento que estamos viviendo, quiero decir, puedo comprometerme a amar a alguien y a compartir mi vida con él/ella, pero es evidente que esa promesa va unida a la realidad que se vive en ese momento, si pasado el tiempo la realidad cambia, hay que poder entender que la persona pueda cambiar de opinión con respecto a la promesa que hace tiempo hizo. Si por ejemplo decido emprender debo comprometerme con todo lo que esa decisión implique, debo colaborar en todo lo que esté en mi mano para hacer que mi propósito tenga sentido, ahora bien, si pasado el tiempo mi deseo no marcha quizás mi promesa de invertir toda mi energía en ese proyecto quizás deje de tener sentido y sea necesario aceptar que a día de hoy quizás es bueno que empiece a invertir mi energía en otro lugar. 


Evidentemente que ahora queramos algo y que nos compense no implica que eso vaya a ser así toda la vida, puede que cambiemos y que con el tiempo también cambien nuestros intereses o la realidad que vivimos ya no sea en absoluto similar a la que nos hizo comprometernos.
En cualquier caso, independientemente de que podamos cambiar de opinión por motivos diversos, también es cierto que para comprometernos con algo o alguien es bueno que primero nos planteemos todo lo que va a implicar esa promesa, que pensemos en si realmente aceptamos todo lo que conlleva y si estamos dispuestos a cuidarlo. A la hora de decir sí, no todo es afirmar en un primer momento, también implica seguir cuidando la realidad para que la promesa pueda seguir teniendo sentido. Dicen que antes de sembrar la semilla debemos pensar en si podremos regar la flor, me encanta esa frase porque desde mi punto de vista es una gran verdad, hay muchas personas que enseguida se animan a plantar semillas pero que no se plantean que para que crezca una flor esa acción inicial requerirá de muchos cuidados y mucha atención por su parte. Muchas personas piensan que con tomar la decisión de plantar la semilla y con plantarla ya es suficiente, y no es así, no lo es en absoluto. Tomar una decisión conlleva comprometerse con esa decisión, responsabilizarse de ella y tratar de garantizar al máximo que progrese. Antes de decir sí hay que plantearse si verdaderamente estamos dispuestos a invertir todo el esfuerzo que precisará hacer que la decisión tomada pueda mantenerse en el tiempo.
No es bueno ni que juguemos con los sentimientos de las personas ni con los nuestros.