Si soy lo que tengo y lo que tengo lo pierdo… ¿quién soy?

 ¿Somos lo que tenemos?
¿Qué somos en realidad?
Muchos pacientes pierden su sentido de vida, su identidad y la claridad del quiénes son verdaderamente una vez que su realidad ha cambiado, por ejemplo si su relación de pareja se ha roto, si su trabajo ya no es su trabajo, si han abandonado su ciudad o su piso, si alguna de sus amistades ha decidido continuar su camino sin ellos, etc.
Es cierto que los cambios nos hacen replantearnos cosas, suelen provocar eso. También es cierto que si algo no es como quisiéramos que fuese deberemos trabajar el convivir con las emociones negativas que de ello se derivan y también en aceptarlo y relativizarlo, pero ¿qué algo no resulte como nos lo habíamos planeado debe removernos hasta el punto de cuestionarnos quiénes somos sin aquello externo que teníamos?
Muchos se hacen conscientes de que mantenían una relación de dependencia una vez ésta termina y descubren que no saben qué hacer con su tiempo libre y con su vida. Ocurre también que se hacen conscientes de que estaban dedicando su vida al trabajo, a decorar una casa, o a una relación viciada sin saber por qué o para qué, mejor dicho, y esa carencia les devuelve a una realidad en la que tienen que empezar a trabajar y a preguntarse hacia dónde quieren ir y cómo. 
Tenemos que recordar que la autoestima es INTERNA, no puede proporcionárnosla algo externo, esas cosas de fuera de uno, ayudan o no a que el camino sea más o menos fácil, (todos conocemos o sabemos que hay personas que aunque todo a su alrededor sea “favorable” no lo viven así).
Cuidado con las cosas a las que nos apegamos y sobre todo cuidado con el cómo nos apegamos haciendo que nos olvidemos de aspectos valiosos y sobre todo de nosotros mismos.
Seamos lo que somos, seamos todo lo más cercano a lo que nos gustaría ser y abandonemos ese ser lo que tengo, viviremos sin duda mejor, aunque eso no nos libre ni de despidos ni de rupturas ni de finales de contrato de alquiler ni de ninguna otra situación negativa de la vida.
Vivamos lo malo que tengamos que vivir, pero que esas experiencias no nos hagan tambalear en cada ocasión nuestros cimientos. Una cosa es vivir una ruptura con tristeza por ese echar de menos, por ese tener que aceptar que tus planes con esa persona ya no ocurrirán y que tendrás que construir unos nuevos, etc. y otra cosa es que por esa ruptura yo me tenga que cuestionar si valgo o no valgo.
Dediquémos tiempo a saber quiénes somos y quiénes queremos ser y hagamos por que todo aquello ocurra.

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